lunes, 26 de abril de 2021

ONCE AÑOS CON EL MAESTRO FEDERICO BRITO FIGUEROA



En ocasión del Centenario del nacimiento del querido Maestro Dr. Federico Brito Figueroa, 1921-2021, nos unimos entusiasmados a la conmemoración de tan importante acontecimiento afectivo e intelectual. En tal sentido accedemos gustosos, como agradecidos discípulos, a la gentil petición que nos hace el académico Dr. Reinaldo Rojas de rendirle merecido homenaje a este extraordinario hombre, que por amor a Venezuela edificó una de las obras historiográficas más sólidas, completas y coherentes que hemos conocido. En el otoño de su vida, desde 1989 hasta su deceso en el año 2000, tuvimos el estupendo privilegio de entablar amistad y sincera conexión conceptual y de métodos con este Maestro integral que nos conecta con la historia científica, el análisis desde la perspectivas marxistas y, en singular y feliz híbrido, con la afamada Escuela de Anales de Marc Bloch y Lucien Febvre.

La crepuscular ciudad de Barquisimeto y sus universidades fueron el escenario propicio donde en poco más de una década, este voluntarioso y tenaz hombre de pensamiento y acción contribuyó a edificar una “comunidad discursiva”, de las más exitosas que se han producido en el interior de la República, alrededor de una Línea de Investigación que llamamos: Historia Social e Institucional de la Educación en la Región Centroccidental de Venezuela. Sabemos que estos hechos del pensamiento requieren de larga y compleja maduración, pero con el impulso y la orientación efectiva del Dr. Federico Brito Figueroa, quien con su enseña: “Trabajar en pequeño, pero pensando en grande” abreviamos el que hubiese sido largo y sinuoso camino.  

 EL INICIO DE UNA RELACIÓN.

En el emblemático año 1989, cuando cae el emblemático Muro de Berlín y se produce en China la masacre de Tiananmen, los sucesos de “el Caracazo” en Venezuela, iniciamos con enormes expectativas intelectuales estudios de posgrado en Enseñanza de la Historia en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico Barquisimeto Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, conducido por el excelente magisterio de dos magníficos historiadores con formación pedagógica ambos: los doctores Reinaldo Rojas y Federico Brito Figueroa. Fue el comienzo de una nueva etapa, fascinante y constructiva, en nuestra formación como “historiadores de oficio”. Reinaldo Rojas tuvo el enorme acierto de invitar al Maestro Federico Brito Figueroa a incorporarse a la comunidad de discurso que se estaba formando alrededor de las posibilidades de conocimiento y de método de la Escuela de Anales de Marc Bloch y Lucien Febvre en las tierras del Estado Lara, Venezuela. Ellos habían creado en 1985 la Fundación Buría para estimular los estudios históricos, y habían editado en 1986 y por primera vez en Venezuela Apología de la historia o el oficio del historiador, obra póstuma de Marc Bloch escrita bajo la ocupación alemana de Francia, poco antes de ser asesinado por la Gestapo en 1944.

Quien escribe había conocido muy de pasada, en las cátedras de Historia Medieval, al historiador francés Marc Bloch en la ilustre Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, institución que nos otorga el título de Licenciado en Historia, mención Historia Universal en 1976. Durante nuestras labores docentes de secundaria en el Liceo Egidio Montesinos de Carora nos desempeñamos en dos áreas del conocimiento, que no cursé en pregrado, que nos acercaron al pensamiento de la Escuela de Anales y a la “historia de las mentalidades” cultivada por esa escuela historiográfica francesa, las cátedras de psicología y filosofía. En esas áreas del pensamiento fui conducido por el extraordinario magisterio del sabio germano-venezolano Ignacio Burk (1905-1984). Tenía de esa manera entre nuestras manos dos herramientas nuevas del saber que no nos brindó pregrado, el fecundo pensamiento de Freud, Jung, Watson, Pavlov, Lévi-strauss, por un lado, y los extraordinarios aportes al saber humano de Aristóteles, Vico, Kant, Nietzsche, Sartre, por el otro. Debemos decir sin ambages que el profesor Ignacio Burk y los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas nos evitan ser simples y aburridos docentes de historia de Venezuela en la educación media de nuestro país.

Nuestros primeros encuentros con el Maestro Federico Brito Figueroa se produjeron de dos maneras. La primera cuando a una inquisición suya le dije que mis investigaciones iban a estar centradas en la historia de una añeja institución de educación secundaria caroreña, el Colegio La Esperanza o Colegio Federal Carora, fundado por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza (1860-1937) al calor del “patriciado caroreño”. Puso el Maestro cierta y circunspecta cara de asombro, luego nos pregunta por la edad de esa vieja institución educativa larense, y al responderle que estaba por cumplir 100 años nos deseó mucho éxito, poniéndome su calurosa y paternal mano en el hombro. Fue un momento inolvidable, cargado de una cierta magia que grabamos para siempre en la memoria. No podíamos imaginar entonces que en ese momento se estaban echando las bases de una exitosa línea de investigación histórica, de las más sólidas en el área de historia de la educación en Venezuela y que lleva por nombre Historia social e institucional de la educación en la Región Centroccidental de Venezuela. Unas 80 Trabajos de Grado de Maestría y unas 10 Tesis Doctorales se derivan de esta exitosa y fértil Línea de Investigación que nace por aquellos días.

El segundo encuentro con el Maestro Brito Figueroa tiene que ver con una asignación que nos hicieron él y Reinaldo Rojas durante el Segundo Curso de Nivelación en Historia, Maestría en Enseñanza de la Historia, en la UPEL Barquisimeto, sobre un reconocido historiador venezolano ya fallecido. Otra vez puso cara de asombro el Maestro cuando le expresamos nuestro deseo de realizar lo que llamamos un análisis crítico sobre una muy polémica obra de juventud del médico psiquiatra caraqueño Francisco Herrera Luque (1927-1991) titulada Los viajeros de Indias (1961). Después de revisar nuestro ensayo crítico con mucha atención coloca con su característica letra la siguiente inscripción: “Magnífico trabajo inicial. Lo felicito por su modestia.” Confieso que tal juicio sobre nuestra persona nos produjo largas cavilaciones. Llegué a pensar que Federico Brito Figueroa en su  ya largo magisterio en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Santa María se había encontrado con muchos discípulos extrovertidos y conversadores, que daban rienda suelta a largas intervenciones retóricas cargadas de teoría. Retórica, pues, viejo vicio de la cultura hispánica. Quien escribe se mostraba, por el contrario, más bien silencioso, reposado, sin hacer mucha gala de conocimientos y lecturas. Quizás le llamó la atención nuestra actitud circunspecta, callada, lo que lo motiva escribir aquella palabreja -modestia- que no olvidaremos jamás.

 Y es que el Dr. Francisco Herrera Luque significa una cosa nueva, un enfoque diferente y casi desconocido en nuestra historiografía tradicional, anclada como sabemos, o bien  en el positivismo o bien en el marxismo; se trata, ¡oh, sorpresa para Brito Figueroa!, de una investigación y una arriesgada hipótesis sobre la historia de la América hispana y de los monstruosos índices de violencia, asesinatos y crímenes que nos alcanzan hasta el presente, que vienen, según Herrera Luque, desde los genes del conquistador español del siglo XVI, cruel, horroroso fenómeno “comprendido” más no explicado desde la perspectiva de análisis de la llamada “filosofía de la vida”, enfoque  de análisis  iniciado y cultivado por el eminente filósofo germano Wilhelm Dilthey (1833-1911) y continuado por Edmund Husserl (1859-1938). “Caramba, profesor Cortés Riera, nos dice el Maestro, esto da para una tesis doctoral”. Debo confesar que sin el auxilio del profesor Ignacio Burk mi ensayo crítico sobre la carga criminal psicopática del venezolano hubiera resultado poco menos que imposible, y que las palabras de Federico Brito Figueroa fueron un acicate inmenso en nuestra formación. Solo me hizo una observación: “Profesor Cortés, busque un equilibrio entre filosofía e historia, porque a veces usted se va muy de lado con la filosofía.” Tenía razón el Maestro.

Nace una exitosa Línea de Investigación

Como ya dijimos, fue de nuestra autoría el primer Trabajo de Grado de Maestría en Historia Social e Institucional de la Educación en Centroccidente de Venezuela, que presentamos en la Universidad José María Vargas, en Caracas, 1995, ante un jurado notabilísimo: los doctores Rafael Fernández Heres, exministro de Educación, Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas como magnífico tutor. Su título: Historia social e institucional de la Educación en Centroccidente de Venezuela: Los Colegios La Esperanza y Federal Carora, 1890-1937. Habían transcurrido seis años desde que la Línea de Investigación comenzaba a perfilarse. Quien escribe había “descubierto”, como dijo Reinaldo Rojas, al viejo Colegio La Esperanza o Federal Carora y nos incita a continuar por esa vía investigativa. No fue fácil. No existían antecedentes de una historia social a la manera de la Escuela de Anales en Venezuela. Recuerdo que fue Brito Figueroa quien agrega con su grave voz la palabra “institucional” al nombre de la Línea de Investigación en aquellas memorables reuniones que dieron parto a aquella novedad historiográfica. Desde ese momento se disipan las comprensibles dudas que albergaba el Maestro Brito Figueroa ante la novedad epistémica que estaba naciendo.

Y si hay una Línea de Investigación en Historia de la Educación venezolana consistente, sólida y exitosa, esa es la que fundamos en Barquisimeto en aquellos años al calor de la UPEL y la Fundación Buría, en momentos cuando se remecía el cuadro político venezolano con los sucesos de el Caracazo de 1989 y los dos fallidos golpes de estado de 1992. A nuestro trabajo inicial, editado por la Alcaldía del Municipio Torres y la Fundación Buría en 1997, siguieron casi un centenar de Trabajos de Grado de Maestría y unas diez Tesis Doctorales. Este singular esfuerzo, que venciendo grandes dificultades se haya realizado en la provincia, llama la atención de destacados investigadores venezolanos, quienes tuvieron palabras de encomio por esta “comunidad de discurso” liderada por el Maestro Brito Figueroa y Reinaldo Rojas. Debo destacar los merecidos elogios que recibimos del académico Dr. Guillermo Morón, Dr. Orlando Albornoz, Dr. Pedro Cunill Grau, Dr. Rafael Fernández Heres, Dr. Kaldone Nweihed, Dr. Pascual Mora García, entre otros.

UN HUMANO MAESTRO: FEDERICO BRITO FIGUEROA.

Contrariamente a lo que se podrá creer, era el Maestro Brito Figueroa un hombre que amaba la vida y a los seres humanos. Se jactaba de tener vivos a su madre y a su padre en la ciudad de La Victoria del Estado Aragua que lo vio nacer en 1921. Con su característico y permanente cigarrillo en la boca preguntaba sobre nuestras vidas, trabajos, esposas e hijos. Era en ese sentido un educador integral. Siempre destacaba su incursión magisterial en los cinco niveles de la educación venezolana, desde primaria hasta doctorado. Debajo de su carácter controvertido y polémico había una tierna sensibilidad. Nos recordaba siempre su magisterio en el Estado Yaracuy, lugar donde lo envía por castigo la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez.

 Tenía una gran predilección afectiva por nuestro paisano caroreño, profesor y Magíster en Historia Taylor Rodríguez García, se alarmaba por sus notorias ausencias al posgrado en el Pedagógico barquisimetano. A cada momento nos preguntaba por la resentida salud de este paisano nuestro nacido en el pueblo colonial de Río Tocuyo, vecino a Carora. ¿“Qué le pasará al profesor Taylor Rodríguez?, usted ¿qué sabe de él?”, me increpaba. “Vaya usted a la casa de Taylor y tráigamelo acá”, nos urgía a cada momento. Taylor Rodríguez corona sus estudios de Maestría en Historia en la Universidad Santa María de Caracas bajo la mirada atenta del Maestro Brito Figueroa, y posteriormente gana por concurso el cargo de Cronista Oficial del Municipio Palavecino, Cabudare, Estado Lara.

Era muy sentimental y una cosa que lo entristecía en extremo fue el derrumbe y extinción de la Unión Soviética en los días de la glasnost y la perestroika, la República Democrática Alemana y los demás países del Este europeo entre 1989 y 1991. “No siga, no siga, le agradezco profesor Cortés”, me decía bajando la mirada al comentarle aquellos sucesos que cerraron el llamado por Eric Hobsbawm “corto siglo XX”, en aquellos estremecedores días en que nos reuníamos a conversar de todo, de lo humano y lo sagrado, en su cálida habitación del Gran Hotel Barquisimeto. Un siglo corto, de apenas 77 años, que se inicia en 1914 con la primera Guerra Mundial y termina en 1991 al disolverse la Unión Soviética y cuyo eco llegaba hasta nosotros, el Maestro Brito Figueroa y sus discípulos, congregados bajo su cálido e inigualable magisterio.

Se cerraba entonces un ciclo histórico de alcance planetario, cuando en Venezuela en esos mismos días se producían sucesos trascendentales: el llamado “Caracazo” de 1989 y los dos fallidos intentos de golpes de estado de 1992, sucesos coincidentes en tiempos cuando tratábamos nosotros de edificar una “comunidad de discurso” en el interior de Venezuela, en Barquisimeto. Fue ella una extraordinaria coincidencia que nos marca de manera indeleble, que nos anima en nuestra constitucional pasión por comprender. Todo parecía en aquellos días indicar que habíamos llegado al “fin de la historia”, pero que los hechos, siempre rebeldes, desmintieron rápidamente.

 

 Durante sus estudios de posgrado en México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, nos dijo el Maestro Brito Figueroa, que conoció al desgraciado filósofo y traductor español del exilio Eugenio Ímaz (1900-1951), quien vertió al castellano de manera magistral las obras de Wilhelm Dilthey, Emmanuel Kant, Johan Huizinga, Ernst Cassirer y Jacobo Burckhardt. “Pobrecito, no aguantó el exilio y se quitó la vida en Veracruz en 1951. Que cosa tan triste su suicidio”, decía acongojado nuestro Maestro de este pensador que fue colaborador destacado de la Revista de Occidente de José Ortega y Gasset y que imparte docencia en el recién creado Instituto Pedagógico Nacional de Venezuela. “Siempre he lamentado mucho ese suicidio”, decía acongojado nuestro Maestro.

Lo oíamos sorprendidos cuando nos dijo que fue discípulo de Erich Fromm (1900-1980), el célebre psicoanalista, autor de todos unos clásicos: El miedo a la libertad, El arte de amar. En sus clases decía este psicólogo judío-alemán marxista que la alienación estaba lejos de ser erradicada en la Unión Soviética. “A viejito reaccionario”, pensaba Brito Figueroa para sus adentros. “Pero a la postre la historia le da la razón, pues fue también duro crítico de la sociedad de consumo” asentía nuestro Maestro. Como el malogrado Eugenio Ímaz, Fromm realiza importantes labores en publicaciones para el Fondo de Cultura Económica y funda la Asociación Psicoanalítica de México. Creo que la fuerte adherencia de Brito Figueroa al marxismo soviético le impidió comprender las enormes potencialidades que brinda el psicoanálisis freudiano para la comprensión de nuestras sociedades.

Pero no menos sorprendidos quedamos cuando nos revela en su cálida habitación del Gran Hotel Barquisimeto, que fue ayudante del antropólogo judío-estadounidense Oscar Lewis (1914-1970), quien acuña en México el concepto de la “cultura de la pobreza”. Su famosa investigación novelada Los hijos de Sánchez” contó con los aportes del joven venezolano, quien aplica junto a otros compañeros de estudios unas encuestas elaboradas por el sabio estadounidense y su equipo en los barrios más miserables de Ciudad de México. “Es un estudio social de la pobreza- dice Brito Figueroa- que me motiva mucho para comprender la marginalidad en nuestro país.” ¡Tamaños y descomunales maestros tuvo el Maestro Brito Figueroa! Y no podíamos olvidar que fue de igual manera alumno del traductor de Marx, Wenceslao Roces y del maestro Francois Chevalier (1914-2012), discípulo directo de Marc Bloch, y quien lo introduce en el pensamiento de la Escuela francesa de Anales.

Hemos llegado a pensar que nuestro Maestro fue mejor docente fuera del aula que dentro de ellas. Así lo palpamos en su Hotel de la ciudad crepuscular y en las calles de Barquisimeto, Cabudare y El Eneal, poblado éste último donde reside el Dr. Reinaldo Rojas. Preguntaba sobre muchas cosas de estas singulares tierras del semiárido del occidente de Venezuela:  el origen de nuestra locución “guaro”, la gastronomía del chivo (su restaurant predilecto en la ciudad era El Portal del Chivo de la calle 50), el consumo de la bebida del cocuy extraída de las ágaves, los valses larenses de la Pequeña Mavare, la danza sincrética del tamunangue. “Recuerde que soy antropólogo, ese es mi título que obtuve en México”, repetía a cada momento cuando era copiloto en nuestro flamante Toyota, vehículo rústico que lamentó sinceramente, vía telefónica, cuando fue sustraído delincuencialmente de nuestro centro de trabajo educativo caroreño en 1995.

 

Cierta vez estuvo el Maestro en nuestra casa paterna de Pueblo Nuevo, Barquisimeto, y tuve el gran placer de cederle nuestro lecho. Recostado cómodamente allí y con una taza de café negro en sus nerviosas manos, nos dio una interesante clase sobre los sembradíos de cacao durante la Colonia a los profesores, cursantes de Maestría en Historia, Santos González, Víctor Raúl Castillo, César Parra y mi persona. Inolvidable y excepcional experiencia. Coincidió su visita cuando en nuestro hogar se escenificaba la elección de la reina del folklore larense, evento organizado por el maestro normalista jubilado Expedito Cortés, mi padre. Disfrutó Brito Figueroa mucho aquel espectáculo del folklore larense, el baile negroide del tamunangue, la alegría de las muchachas que pugnaban por adherirse el cetro. No se perdió ninguna parte del concurso. Y al final degusta una deliciosa y larense sopa de rabo que nos prepara nuestra madre, Claver Riera de Cortés. Para nuestra persona fue una inmensa satisfacción el que un historiador consagrado como él estuviera en nuestra casa paterna. Y hasta pensó en alquilarle a nuestra madre una habitación con sala de baño. Lo esperamos con gran anhelo durante varios meses, pero no se apareció.

 

EL LEGADO DEL MAESTRO BRITO FIGUEROA.

El Dr. Federico Brito Figueroa deja un legado inmenso, unos 70 libros y opúsculos salidos de una pasión escritural que no le abandona sino hasta su fallecimiento en el año 2000. Como escribe Robert Darnton: “Un forcejeo incesante con el lenguaje, pues sólo podía ser él mismo al encontrar las palabras que liberaran su voz interna. Un pacto del yo con el lenguaje”, a la manera del filósofo ginebrino Juan Jacobo Rousseau. Se hizo Brito Figueroa entonces “historiador de oficio” a la manera blocheana, un artesano de su oficio que se pregunta por la legitimidad de la Historia. Practicando, construyendo con pasión una historia rigurosa, contextualizada, comprensiva y científica, teniendo como constante denominador común la crítica, para edificar de tal modo una, como dijo Marc Bloch, Ciencia de los hombres en el tiempo.

Fue Brito Figueroa un historiador que a lo largo de su vida trata de construir una historia conceptual basada en unas teorías: el marxismo y la Escuela de Anales de Francia. En esta incesante y apasionada búsqueda le sigue con gran acierto y originalidad Reinaldo Rojas, hogaño flamante Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia venezolana, tradición conceptual y de métodos que nosotros hemos tratado de continuar en lo posible. Es una lucha constante para vencer el pecado del mero y simple empirismo historiográfico, una falla intelectual que campea entre nosotros. Fue en este sentido militante de la Historia Científica y cultor de la capacidad de abstracción que debe acompañar al historiador. Por ello sentía una gran admiración por don Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), a quien llamaba “iniciador de la historia científica en Venezuela.”, sin importarle el que fuera Don Laureano historiador positivista o adulador del régimen brutal y opresivo de Juan Vicente Gómez. Fue por ello que edita sus obras Cesarismo Democrático y Disgregación e Integración en el sello editorial de la Universidad Santa María. “Fue un pensador sumamente original, que conocía muy bien a Taine y a Le Bon. Lo leyeron en Europa, sobre todo en Italia”, asentaba nuestro Maestro.

Nos enseñó el Maestro Federico a tomar consciencia por el esencial problema de la Nación-Venezuela, cuando nos hablaba con vehemencia de la “colonización total” de nuestro país por la potencia anglosajona, blanca y protestante. “Caramba, profesor Cortés Riera, esto (el país) va a desaparecer en breve”, decía apesadumbrado, por allá a comienzos de la década de 1990. Abominaba con el alma a aquellos a los que con desprecio calificaba de “apátridas”. Una y otra vez repetía en clases la genial conceptualización que hizo el georgiano José Stalin de la Nación y del problema nacional en Rusia imperial y la extinta Unión Soviética. En esos días consideraba el Maestro Brito Figueroa una prioridad darle fuerza al sentido de Nación frente a lo que consideraba el efecto disolvente del neoliberalismo, “una etapa del capitalismo que cada vez se parece más al capitalismo que estudió Marx en el siglo XIX”, asentaba con su grave voz. Con ello nos anima a leer y estudiar a Benedict Anderson, autor del célebre ensayo Comunidades imaginadas (1983), la nación como producto de la imaginación de las personas.

En lo más cercano a nosotros, el Maestro Brito Figueroa ayuda de manera decisiva con su enorme presencia intelectual y de ánimo a consolidar los estudios históricos en la Región Centroccidental de Venezuela, al crear con Reinaldo Rojas y otras personas, la Fundación Buría, institución que ha servido de esencial apoyo para  establecer estudios de posgrado en la Ciencia de Clío en universidades y otras instituciones del Estado Lara, editar una cuantiosa cantidad de interesantes y variados libros, realizar Congresos Internacionales en la Ciencia de la Historia, fundar la Sociedad Venezolana de Historia de la Educación en la ciudad de Barquisimeto, establecer vínculos con notables historiadores y pensadores del país y otras latitudes. En fin, edificar una verdadera “comunidad discursiva” de signo Analista en el Estado Lara, Venezuela. Todo ello bajo su imperecedero y característico lema: “Trabajando en pequeño, pero pensando en grande.”, consigna que nos recuerda la “microexcelencia” de Kumar Mehta.

En lo estrictamente personal, debemos confesar sin ambages que el Dr. Federico Brito Figueroa, conjuntamente con el Dr. Reinaldo Rojas, nos hicieron “descubrir” la historia de Venezuela, pues, como ya dijimos, era tendencia marcada en nosotros estudiar historia e historiografía de otros países, en especial los europeos occidentales, un eurocentrismo epistémico. A lo que se agrega que nuestra docencia en educación secundaria venezolana gravitaba entonces en los ámbitos de la filosofía, situación a la cual el sano empirismo de la ciencia de la historia nos hizo aplicar conceptos y categorías filosóficas muy abstractas a situaciones históricas concretas. Es que la filosofía, desde Tales de Mileto a Martín Heidegger termina en callejones ciegos.

En lo que tiene que ver con nuestro ejercicio profesional en educación media en Psicología, ciencia recién creada de forma experimental, pero antigua desde que la crearon los griegos, se dio ella felizmente la mano con la llamada “historia de las mentalidades” de la Escuela Analista francesa, estimulante enfoque de la historia que nos enseñaron a comprender y cultivar los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas, bajo el bello y sereno cielo crepuscular del semiárido venezolano de la ciudad de Barquisimeto. Gracias al Maestro Brito Figueroa continúo en la idea de comprender nuestra tierra natal, por lo cual seguimos en la idea de construir una categoría de análisis a la cual hemos llamado tentativamente “Genio de los pueblos del semiárido larense venezolano”. Ilumíneme, Maestro Federico Brito Figueroa.

 

 

Referencias.

Bloch, Marc. Apología de la historia o el oficio del historiador. Fondo Editorial Lola de Fuenmayor, Fondo Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, 1986. Primera edición venezolana, es necesario destacar.

Brito Figueroa, Federico. Historia económica y social de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, 2008.

Brito Figueroa, Federico. La estructura económica de Venezuela colonial. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela, 1987.

Burk, Ignacio, Pedro Luis Díaz García, Luis Felipe Quintanilla Ponce. Filosofía. Una introducción actualizada. Ediciones Insula. Caracas, Venezuela, 1998.

Burk, Ignacio y Pedro Luis Díaz García. Psicología. Un enfoque actual. Editorial Buchivacoa, Caracas, República Bolivariana de Venezuela, 2002.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937. Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fundación Buría. Carora, 1997.

Cortés Riera, Luis Eduardo. Ocho pecados capitales del historiador. Revista de Ciencias Sociales de la Región Centroccidental. Fundación Buría. Barquisimeto, Venezuela, 2008.

Darnton, Robert. El beso de Lamourette. Reflexiones sobre historia cultural. Fondo de Cultura Económica. México, 2010.

Febvre, Lucien. Combates por la historia. Editorial Ariel. Barcelona, España, 2008.

Rojas, Reinaldo. Federico Brito Figueroa, Maestro historiador. Fundación Buría y el Centro de Investigaciones Históricas Federico Brito Figueroa, UPEL-IPB. Barquisimeto, Venezuela, 2007.

 

                                                                                                       Carora,

 Municipio G. D. Pedro León Torres,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

abril de 2021.

        Luis Eduardo Cortés Riera.

Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña.

Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

 Fundación Buría.

Barquisimeto,

 República Bolivariana de Venezuela.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

 

miércoles, 14 de abril de 2021

La Casa de Fils y Emile Deyrolle de París y el Colegio Federal Carora en 1922


Dedicado a la Dra. Yajaira Freites (IVIC).

El 22 de julio de 1922 parte con rumbo a Puerto Cabello el bachiller y agrimensor público Rafael Lozada, docente del Colegio La Esperanza o Federal Carora que procedía de Siquisique, Estado Lara. Lleva el encargo de los padres de familia de este Colegio de educación secundaria exclusivo para varones que dirigen el abogado Dr. Ramón Pompilio Oropeza y el médico Dr. Lucio Antonio Zubillaga, de tramitar en esta ciudad portuaria venezolana lo relativo a la adquisición de los gabinetes de Física, Química e Historia Natural a la Casa Fils y Emile Deyrolle, de París, Francia. Ahora bien, ¿por qué este país europeo fue el escogido en ese entonces por los caroreños?

Francia era por aquellos años faro indiscutible de la ciencia en el mundo, una tradición que hereda del positivismo de Auguste Comte, Littre, Renan, Luis Pasteur. La ciencia médica brilla en París y atrae al médico venezolano y caroreño Dr. José María Riera, asesinado en 1900, y al Dr. José Gregorio Hernández, la Física de la radioactividad está con los esposos Pierre y Marie Curie a la vanguardia mundial, el cubismo de Picasso y Braque tiene allí su nido, la extraordinaria novela En busca del tiempo perdido acaba de ser publicada por Proust. La moda en el vestir tiene por aquellos años meridiano francés. El país celebra su victoria sobre Alemania en la primera Guerra Mundial, conflicto armado que se creyó el último que sufriría la humanidad. Este culto país nos envía en 1913 los magníficos padres de la Congregación de La Salle que se instalan en Barquisimeto, pero que también comete los peores horrores colonialistas en Indochina y Argelia.

En Venezuela el Ministro de Instrucción del régimen del Benemérito General Juan Vicente Gómez era en ese entonces el Dr. Raúl González Rincones, quien aplaude la iniciativa de los padres de familia caroreños en el sentido de adquirir lo que hogaño llamamos laboratorios de experimentación para el Colegio que recién había sido reabierto, tras un cierre de 11 años, desde que lo clausura el Presidente General Cipriano Castro en 1900. Sorprende esta disposición de los particulares en brindarle ayuda a un plantel educacionista gubernamental. En la Venezuela del siglo XXI no se acostumbra tal cosa. Debemos entender que era una época anterior al aparecimiento de la súbita  riqueza petrolera y el Estado no era entonces lo que Octavio Paz llama el “ogro filantrópico” de hoy. Adicional a ello debemos recordar que en la actualidad tales instrumentos educativos proceden de otras latitudes, no de la vieja Francia, esto es, Estados Unidos, Japón y más recientemente la República Popular China o de Taiwán.

Los laboratorios experimentales de marras llegaron en el barco a vapor francés La Navane y esperaban ser retirados en los galpones de la Aduana porteña. El bachiller Rafael Lozada, quien hizo el encargo “dio orden al Banco Mercantil de Caracas en Puerto Cabello, al cual vienen consignados los gabinetes, de remitir directamente a ese Ministerio de Instrucción los documentos requeridos para la obtención de la exclusión de los derechos aduaneros”.

 

La Casa Fils y Emile Deyrolle, que aún existe, fue fundada en 1831 por el abuelo de Emile, el naturalista Jean Bautiste Deyrolle en la Rue de la Monnaie de París, quien se la entrega a su hijo Achille hasta 1866, año cuando se la entrega a su vez a Emile, su hijo. Emile había fallecido en 1917 y era naturalista con especialidad en entomología (estudio de los insectos), un hábil vendedor de artículos para la enseñanza de la ciencia natural. Dominaba taxidermia, mineralogía, y amansó una gran colección de fósiles, especies vegetales, rocas. Era distribuidor exclusivo de microscopios y otros artefactos ópticos.

Esta prestigiosa Casa francesa edita, en la tradición de La Enciclopedia de Denis Diderot y D´Alembert, un hermoso libro ilustrado titulado Lección de cosas, que muchos hogares galos atesoran con esmero. Recoge grabados y láminas ilustradas de botánica, anatomía, industria, zoología, vida doméstica. Desde el siglo XIX tales dibujos han sido eficaz herramienta pedagógica, pero que siglos atrás, en el XVII, había creado el moravo Amos Comenius.

 

 

La Casa Emile Deyrolle nace con vocación pedagógica, pues proporcionaba a los amantes de la ciencia insectos y material de caza, animales disecados, creando planchas y cajones que son antecedentes de las láminas educativas de hoy. En el siglo XIX la Historia Natural está de moda gracias al positivismo y a Charles Darwin y Spencer, las sociedades de estudios naturales brotan por toda Europa, hacen pedidos a la Casa Deyrolle. Se ha convertido ella en un verdadero museo de historia natural y ha ido creando una verdadera Arca de Noé moderna: pájaros, cebras, osos, jirafas, leones, ciervos, y hasta elefantes. El Estado francés se hace cliente de esta prestigiosa Casa, que con su fama mundial llega a los oídos de los docentes y padres de familia de un Colegio para varones, ubicado en una pequeña ciudad del semiárido del occidente venezolano llamada Carora.

Pero veamos quiénes eran esos padres de familia que se reunieron para dotar de laboratorios de experimentación al Colegio Federal Carora en aquel ya lejano año de 1922, para la educación de un reducido número de alumnos varones y que excluía a la mujer:

 

 Francisco de Asís Gil y Luisa Yépez, padres de Carlos; Dr. Francisco Seijas y  Amalia Veracoechea, padres de Rafael, Dr. Rafael Alcalá y Angelina Yáñez, padres de Antonio; Francisco Gil y Luisa Yépez, padres de Carlos, Ramón Fidel Montesdeoca y Dolores Castillo, padres de Miguel Ángel; Rafael Montesdeoca y Felicita Rodríguez, padres de Rafael Tobías; Dr. José Luis Andrade y Sacramento Meléndez, padres de José Luis, Pedro Manuel Oviedo y Josefa López, padres de Humberto; Juan Mujica y Guadalupe Torres, padres de Juan Bautista y Servando; Flavio Herrera Oropeza y Leonor Gutiérrez, padres de Antonio, Isidoro Cordero y Bárbara Vásquez, padres de Juan Antonio; Eliseo Perera y Carmen Herrera, padres de Guillermo; Isidro Elíes y Eusebia Riera, padres de Miguel María; Pablo Querales y Angélica Mendoza, padres de Pedro Ramón; José Antonio Rojas y Rosario Rodríguez, padres de José Antonio; Elena Rojas, madre de Jesús Silvestre; Ramón Horacio Álvarez y Clemencia Perera, padres de Agustín Ramón; Jacobo Mármol Herrera y Leonor Curiel, padres de Jacobo; Manuel José Perera y Sara Meléndez, padres de Leopoldo; Rafael Herrera Oropeza y Luisa Gutiérrez , padres de Germán.

 

Estos alumnos estaban en segundo y tercer año del Curso General y las asignaturas que cursaban eran: Literatura Española y Composición, Elementos de Latín y Griego, Inglés, Geometría Elemental, Historia y Geografía Universales, Elementos de Mineralogía y Geología, Elementos de Física, Filosofía Elemental, Dibujo Lineal y a mano suelta, Botánica, Elementos de Zoología, Alemán, Dibujo Natural, Ciencias Físicas y Naturales, Química, Francés, Geografía de América, Álgebra Elemental Nociones de Trigonometría, Elementos de Cosmografía y Cronología, Elementos de Topografía y de Dibujo Topográfico.

En una breve mirada que hagamos de este plan de estudios, observaremos que a pesar de la introducción de las ciencias físicas y naturales en él todavía tenían un gran peso las llamadas humanidades y las lenguas muertas, Griego y Latín. Era una rémora de nuestro bachillerato de signo hispánico y que fue sustituido por el modelo francés, bajo los cuales se graduaban bachilleres en “ciencias filosóficas”. Todavía hace medio siglo, cuando quien escribe obtuvo el bachillerato en ciencias, se podían cursar en la especialidad de humanidades  Griego y Latín. Hogaño han desaparecido estas lenguas de nuestros planes de estudio, y lo que es mucho más grave: la eliminación de Filosofía. La ciencia natural campea invicta en nuestros institutos de educación media del siglo XXI y mira con desdén y menosprecio a la filosofía.

 

Santa Rita de Carora,

República Bolivariana de Venezuela,

 12 de abril de 2021.

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

Luis Eduardo Cortés Riera.

 cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

lunes, 5 de abril de 2021

Mozart


Hace muchos años disfruté en el Cine Salamanca de Carora, en compañía de Claver Riera, mi madre, de una extraordinaria y hermosa película llamada Amadeus, dirigida por el cineasta checoeslovaco-estadounidense Milos Forman y que la hizo merecedora de ocho Oscares de la Academia hollywoodense en 1984. Es el colmo de la cultura católica y barroca en la corte del Imperio Austro-Húngaro de fines del siglo XVIII y de su capital Viena, una de las ciudades de más tradición y gusto musical en el mundo. Esa cinta, a pesar de lo bien concebida y a la escrupulosidad con que fue realizada, no guarda fidelidad histórica en muchos aspectos con la vida de Mozart, este extraordinario músico austriaco, como mal podría creerse. La rivalidad y envidia del músico italiano Antonio Salieri (1750-1825) por el genio portentoso de Wolfgang Amadeus Mozart no fue de tan abarcantes proporciones, como se muestra en esta aclamada cinta de culto, una superproducción, joya de la cinematografía de todos los tiempos.

Ese film me ha motivado revisar una celebrada obra del sociólogo judío-polaco Norbert Elias (1897-1990) que lleva por título Mozart: Sociología de un genio (Península, Barcelona, 2002). Se trata de una investigación realizada como una sociología histórica, que va tras la búsqueda y la comprensión de la breve y desgraciada vida de este genio musical que nace en Salzburgo en 1756 y fallece en Viena en 1791, a la corta edad de 35 años, 10 meses y ocho días. Fue un hombre del siglo XVIII racionalista, que empero ve nacer el romanticismo como su contrapartida vital y emotiva.

Es el libro de Norbert Elias un ensayo de restitución de Mozart a toda su riqueza humana y creativa, en una sociedad cortesana, aristocrática, en período de transición durante el Siglo de las Luces, que ve la irrupción de la Gran Revolución francesa de 1789, sociedad que le es adversa y que no le comprende. Chocó Mozart con las estructuras sociales de la época, entre ellas, las del gusto y las del arte. La aristocracia cortesana era dueña y señora de los gustos musicales y ella decidía qué es arte y qué no lo es. Por ello una animosidad hacia la corte imperial de José II del decadente Imperio Austro-Húngaro y todas las cortes europeas le acompañó siempre.

Mozart quiso ser siempre un “agente libre”, empleando la terminología beisbolística de hoy. Quería ser independiente de los dos poderes de la época: la Corte imperial y la poderosa Iglesia Católica. Convertirse en “Artista libre” fue una batalla que perdió el genio de Salzburgo. En ese entonces en las Cortes el músico era un simple artesano como lo era también un cocinero. Se le negaba dignidad de la que se creía merecedor. Eran tiempos en que no existía un público musical masivo y el consumo musical no se realizaba de manera individual, pues los cánones musicales eran impuestos por las aristocracias de las Cortes europeas.

El proceso de “individuación musical” será obra del siglo XIX, una vez muerto Mozart, proceso que sí alcanzó a Beethoven, que era 15 años menor que Amadeus. Los clientes privados de obras musicales casi no existían y el “buen gusto musical” bajaba desde la Corte. A lo que debemos agregar el carácter controvertido y polémico del joven genio musical que le impide adaptarse a las maneras cortesanas. En una ocasión rompe con el mecenazgo de la corte de su ciudad natal de Salzburgo y decide marcharse a Viena, capital imperial.

 En lo personal, Mozart tenía una difícil relación con su progenitor, Leopold Mozart. Era una relación amor-odio que nos recuerda la a la de Kafka con su papá. Con su padre, que era buen violinista, hizo giras por buena parte de Europa donde impresiona su calidad musical de niño prodigio. A los cinco años empezó a componer. Escribió su primera ópera cuando apenas tenía 12 años. Sin embargo era un niño enfermizo y delicado de salud. Las giras con su padre y su hermana llegarían a su fin cuando las cortes alemanas y francesas no les dan contratos, los ven como unos pedigüeños. Ese estrecho vínculo con su padre termina rompiéndose definitivamente cuando Wolfgang contrae matrimonio con una joven llamada Constanze.

Su vida, breve, amarga y pródiga, llegará a su dramático fin, dice Norbert Elias, por la concurrencia de dos factores terribles: el menoscabo  de la estimación de su público y el debilitamiento del afecto de su esposa. El desastre profesional y la miseria familiar lo conducen, desmoralizado, al sepulcro. En la soledad más abyecta sucumbe ante la muerte. Buscaba el éxito en vida y poco le atraía la posteridad. Era un hombre con una gran necesidad de afecto y era de una constitución emocional muy endeble, lejos de las graníticas figuras de Goethe o Beethoven, como los retrata magistralmente el biógrafo judío-alemán Emil Ludwig.

Recordemos que el instrumento musical de su predilección y para el cual compuso lo mejor de su obra Mozart fue el piano. El sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) afirma que es el piano el instrumento moderno y burgués por autonomasia. Alrededor de este mueble musical complejo se echarán las bases de los fundamentos racionales de la música, una tradición que venía del lejano Pitágoras. Este elemento racional les faltó a los constructores de violines y violas. El órgano y el piano permiten la medición racional del tono en Occidente y fue invención de monjes medievales. El siglo XVIII verá la aparición de una literatura pianística, sobre todo en los países nórdicos donde se desarrollará una cultura del “home” burgués. La cultura pianística necesita para su desarrollo países de cultura musical organizada y en los territorios de habla germánica es Mozart y su virtuosismo internacional máximo exponente.

Como dato curioso y discutible, Max Weber, afirma que el piano es instrumento que no tiene cabida en los países del trópico, pues requiere de un local moderadamente grande para el despliegue de sus posibilidades. Por esa razón, digo yo, se han impuesto entre nosotros los venezolanos los instrumentos musicales de la calle y de la plaza pública: el Cuatro, la guitarra y el arpa. De ahí que los portadores de la cultura pianística sean los pueblos nórdicos, cuya vida, aunque solo sea por razones de clima, se centra alrededor del hogar, en contraste con el Sur, remata Weber (Economía y sociedad, págs. 1118-1183)

La influencia de Mozart en el desarrollo musical de Occidente es muy profunda, las primeras composiciones de Beethoven, escribe Emil Ludwig, se hicieron a su sombra. Joseph Haydn afirmó que “la posteridad no verá tal talento otra vez en cien años”. Un músico clásico que en los días que corren que se precie de serlo debe estudiar necesariamente las partituras de este genio inmortal de la música. Hogaño es Mozart un elemento fundamental de la cultura popular y de la llamada alta cultura. Aparece en la novela El lobo estepario del Nobel de Literatura Hermann Hesse, películas de suspenso como La conspiración de Mozart, literatura infantil, aventuras fantásticas, obras dramáticas, tales como Mozart y Salieri, de Pushkin, la serie de animación Los Simpson, radioteatro, bandas de música de películas y series de televisión, óperas como las de Rimski Korsakov, comedias musicales, conciertos, videos, gastronomía (el Mozartkugeln o bola de Mozart, un dulce austriaco), la francmasonería universal celebra su natalicio, se estampan sellos de correos y se acuñan monedas en su memoria.

El sociólogo que nos da esta nueva e interesante perspectiva de comprensión sobre el malogrado Mozart y su afán de independencia, el polaco y/o alemán Norbert Elias, fue un judío que hizo estudios médicos, filosóficos y literarios, debió huir de Alemania tras el ascenso de Hitler al poder, simpatizaba con el sionismo, no se conoció mucho durante su larga existencia y en ello se parece a Mozart, su biografiado genio que compuso 600 obras musicales en tan breve tiempo y que sólo la posteridad le ha reconocido.  Fue descubierto a finales de su vida este extraordinario pensador que fue Elias, discípulo del padre de la fenomenología Edmund Husserl, tuvo vínculos con la Escuela de Frankfurt y fue asistente de Karl Mannheim. Su pensamiento se mueve entre tres gigantes del pensamiento que tienen sus raíces en el siglo XIX: Karl Marx, Seguismund Freud y Max Weber. Su idea de que todos los seres humanos somos al unísono individuos y sociedad es central en su pensamiento. Se le considera uno de los primeros europeos globales. En varios de sus trabajos relativos a la represión, los tabúes y el deseo anuncian parte de los trabajos que realizará el filósofo francés Michel Foucault (Historia de la sexualidad, La microfísica del poder, Vigilar y castigar).

Gracias a Norbert Elias hemos dado cuenta del indomable espíritu de independencia que gobernó la efímera pero fructífera en extremo existencia del genio de Salzburgo. Mozart fracasa en vida, pero hogaño su triunfo es rutilantemente indiscutible.

Santa Rita de Carora, abril de 2021.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

 

 

 

 

domingo, 28 de marzo de 2021

Vida de Carora en 1914


En estos años era Carora una activa ciudad comercial y artesanal que tenía una población cercana a las 10.000 personas y un fervor religioso excepcional. Capital del Distrito Torres. El analfabetismo llegaba casi al horroroso 80 % de la población y tenía un Colegio Federal con apenas 32 alumnos, todos varones. 1914 es el fatídico año en que va a comenzar la guerra más destructiva que hasta entonces había conocido la humanidad. Muy lejos de Europa en llamas, el Semanario Labor de don José Herrera Oropeza y Miguel Ángel González Herrera, que convivía con el diario El Impulso del Br. Federico del Carmen Carmona Álvarez, nos ofrece un florilegio de casas comerciales caroreñas y de otras localidades venezolanas, así como de su apacible y rutinaria vida cotidiana.

Entre las casas comerciales más activas de esta ciudad del semiárido larense estaba la afamada Botica La Americana, propiedad del judío sefardita  y farmaceuta don Jacobo José Curiel Mármol, aventado a estas tierras caroreñas por los motines antijudíos de Coro. Estaba ubicada esta venta de medicinas y otros artículos en la calle Torres, esquina de la calle San Juan, frente al templo de San Dionisio Areopaguita (Obispo de Atenas). Se anunciaba como la botica más antigua de Carora y cuyo crédito y fama son bien conocidos, que despacha medicinas legítimas que son despachadas con escrupulosa honradez profesional.

Ofrecía el bueno de don Jacobo en su botica un Elixir Depurante, un remedio infalible para los males reumáticos, el Callicida Curiel, sin rival contra los callos, la Tinta para teñir el pelo, dándole una negrura, brillantez y firmeza que rejuvenece por completo a la persona que la use. Ofrecía también “el licor más agradable para las damas, llamado Amor Eterno, y ninguno más apropiado para obsequiarlas”, y otra rareza hogaño desconocida: el singular Amargo Aromático (Amargo de Angostura).

No solo expendía medicinas la botica de don Jacobo sino que también proporcionaba la NOVEDAD de los relojes Omega, Patria y Tabor, anteojos y lentes de todas clases y colores, contando además con un aparato para probar el número que el cliente desee. Otro: cadenas de plata para vender por metros y por medio metro. Imágenes de plata doradas. Y se despedía así La Americana: EQUIDAD EN LOS PRECIOS. Seriedad en todo.

Como la piel ha sido eternamente motivo de solícitos cuidados, como me dice mi consorte, la dermatóloga Raiza Mujica, había una medicina que garantizaba la salud dermatológica: Varita de Belleza (Marca de Fábrica Registrada). “Medicamento y artículo de tocador para curar y perfeccionar la piel. Inventado y preparado por el Doctor Guillermo Delgado Palacios” (1866-1931). Químico y Médico. Este destacado profesional estudió y fue docente en la Universidad de Caracas y fue el primer director del Laboratorio de Química del Ministerio de Sanidad. Se interesa por el mal bíblico de la lepra, para la cual realiza estudios del aceite de Ginocardia o Chaulmugra (Chaulmoogra) para su tratamiento. Se trata de unas semillas de un árbol originario de la India que fueron utilizadas para el tratamiento de la tuberculosis, úlceras, cortes y heridas, lepra y otros males de la piel hasta el siglo XX. Agrega el aviso comercial que existen tres clases de Varita de Belleza: la Blanca, la Amarilla y la Rosada. Cada una tiene un empleo especial según la imperfección o enfermedad de la piel que va a tratarse. Y recomienda: Lea cuidadosamente las instrucciones contenidas en las hojas que acompaña el envoltorio de cada Varita de Belleza. Agentes exclusivos en esta ciudad: Herrera & González, dueños de la tienda de novedades La Rosa de Oro.

En la entonces distante ciudad de Caracas existían por esos años ya lejanos la Casa de Modas El Gallo de Oro y La Tacita de Plata, que importaban directamente sus mercancías. Eran además un Gran taller de sombreros para Señoras, señoritas y niños. Confeccionaba trajes, especialidad en Trousseaux (ajuar o atalaje) para novias. Espléndido surtido de mercancías renovado constantemente por todos los (barcos) vapores. Gran surtido de artículos de fantasía. Precios sin competencia.  El Gallo de Oro, Pasaje Ramella nº 8, teléfono 182, apartado de correos 380.

La Tacita de Plata, estaba situada en la esquina de San Jacinto, teléfono 212. Su dueño era el libanés Farsen Ramia, quien creó la primera tienda por departamentos en Caracas, abuelo de la promotora cultural Carmen Ramia, esposa de Miguel Henrique Otero Silva, propietario del diario El Nacional. En la casa de los Ramia, en la avenida Libertador, nacerá el Ateneo de Caracas en 1931, será sede de Amnistía Internacional, de la Galería Los Espacios Cálidos y del celebérrimo grupo teatral Rajatabla.

La Rosa de Oro era una tienda de propiedad de Herrera y González, casa especialista en artículos para caballeros, como casimires (tejido de lana negro), calzado (sic), sombreros, almillas (ropa para dormir), camisas, cuellos, corbatas, elásticas, driles (tejido de algodón burdo), medias, etc. Extractos muy finos. Siempre constante y renovado surtido de prendas enchapadas y de oro, como sortijas, zarcillos y prendedores, pulseras, cadenas, medallas y leontinas (cadena de reloj de bolsillo). Adornos para trajes. Artículos de alta fantasía para regalos de cumpleaños y de bodas, (tarjetas) Postales finas y ordinarias. Relojes Omega (relojes suizos desde 1848), Patria y Cyma (relojería suiza desde 1862), Ideal, Roskopí (antiguo reloj de bolsillo), en distintas formas.

El 27 de septiembre de 1914 presenta brillantes exámenes en el Colegio Federal Carora el joven Juan Bautista Zubillaga Perera. Desarrolló el nuevo bachiller una tesis “El Origen de las especies”, pero el Semanario Labor no menciona al autor de semejante descubrimiento, que no es otro que el inglés Charles Robert Darwin. El jurado estuvo compuesto por el Dr. Rafael Tobías Marquís Oropeza, Dr. Ignacio Zubillaga, Presbítero Bachiller Pedro Felipe Montesdeoca, Br. Porfirio Álvarez, Br. Fortunato Franco. Habría que pensar qué diría el padre Montesdeoca de la idea de que las especies no las creó Dios en siete días, sino que es un proceso de millones de años. El nuevo bachiller aprobó sobresaliente por unanimidad.

Otro bachiller egresado del Colegio La Esperanza o Federal Carora, dirigido por el Dr. Ramón Pompilio Oropeza Álvarez, fue Miguel Bravo Riera, quien después de finalizar el tradicional y anacrónico “trienio filosófico” de nuestra educación, presenta una tesis sobre El Lenguaje Articulado. Es posible que Bravo Riera haya tratado allí las ideas de Ferdinand de Saussure (1857-1913), fundador de la lingüística moderna y de la semiótica. El Jurado Examinador estaba compuesto por el Br. Don Antonio Zubillaga Perera, Dr. Ignacio Zubillaga Herrera, Br. Fortunato Franco, Pbro. Br. Pedro Felipe Montes de Oca Silva, Br. Rafael Teodoro Zubillaga Isaac. Aprobó Sobresaliente.


 Ese mismo año hace su aparición en Carora su majestad El Automóvil Ford (seguramente se trataba del célebre Modelo T producido en serie en los Estados Unidos), de cuatro asientos. “Que se alquila para paseos por horas en la población y sus afueras. Se alquila así mismo para paseos por horas o viajes a lugares que lo permitan los caminos (no existía el macadam). El vehículo cuenta con un Chauffeur (conductor, palabra francesa) circunspecto (discreto y sobrio) y entendido. El pago es anticipado dándosele a la persona que contrate una o más horas, el recibo respectivo. La hora la dicta el reloj que va adherido al auto”. Los gerentes de esta empresa eran Herrera y González.

Y el Programa para las retretas nocturnas en la Plaza Bolívar, recién inaugurada por el general gomecista Juan de Jesús Blanco, figuran:

1° Afectos (vals), 2° Delicias (contradanza), 3° Sueños (vals), 4° primavera (danza), 5° Asunción (vals), 6° Sofía (polka).

El director de la banda era Heraclio Pérez L.

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

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Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...