lunes, 5 de agosto de 2019

Réquiem para Héctor Ávila Pérez


de izquierda a derecha: Víctor Hugo Rodríguez Burgos, 
Luis Cortés Riera Godofredo Arroyo y Héctor Ávila Pérez


Si alguna vez escribo una crónica con tristeza, es ahora cuando me entero de la muerte de Héctor, mi querido amigo por más de medio siglo. Lo conocí en la casa del Partido Comunista, cercana al Liceo Egidio Montesinos, por allá, a fines de la década de los 60, junto a algunos guerrilleros que se habían acogido a la política de pacificación del doctor Rafael Caldera. Sufría de un mal que no lo abandonó jamás: la dromomanía, es decir que caminaba sin cesar y sin pausas por las calles de Carora, la ciudad que lo ve nacer hace 74 años.
Era un buen lector y siempre cargaba un libro entre sus manos. Era asiduo de los diarios Panorama de Maracaibo y El Caroreño. Amaba el llamado Séptimo Arte, y me decía que sus películas favoritas eran El Chacal y también Las fresas de la amargura. Conversador y amigo de muchos, odiaba las injusticias y por ello abraza la causa del socialismo democrático, hasta que la niveladora le sorprende en casa de Victoria, su hermana, quien le prodiga solícitos cuidados.
Cuando me fui a estudiar a la UCV en Caracas en 1970, mi sorpresa fue mayúscula al encontrarlo allí, junto a otro personaje popular caroreño: Pedrito Chávez, El Drácula.  A las puertas de esa casa de estudios pedíamos dinero con unos potes diciendo que era para las guerrillas, lo que cual era una falacia. Sin embargo el presidente Caldera habló por la televisión condenando esta conducta nuestra diciendo que para entrar o salir de la Universidad había que pagar una suerte de peaje.
En 1971 abandona  Héctor el partido de los hermanos Ricardo y Aníbal Arroyo y se va tras las ideas de Teodoro Petkoff, con las afiebradas lecturas de su polémico libro Checoeslovaquia, el socialismo como problema. En enero de tal año, y en compañía de Juan Hildemar Querales, conocido como el Míster Solo, Nelson Martínez y mi difunto hermano Arnoldo Cortés, fundan el partido Movimiento Al Socialismo (MAS) en el Distrito Torres. Recientemente me dijo que quería volver al viejo Partido Comunista, pues el MAS se había convertido en un partido de derecha.
Cuando el presidente Caldera cerró la UCV debimos marcharnos a la cordillerana ciudad de Mérida y su flamante Universidad de Los Andes. Otra mayúscula sorpresa me llevé, pues allí estaban instalados ya, Héctor Ávila y Pedro Chávez, con sendas tiqueras del comedor universitario. Con apenas la primaria aprobada, Héctor pasaba como estudiante universitario que luce suéteres Chemises importados de Francia y costosos blujeans Levi norteamericanos, que habla con cierta soltura y donaire. Se ganaba la vida rotulando letreros para la compañía cervecera Polar de Mérida, cuyo gerente era un caroreño,  Adelis Álvarez.
En cierta ocasión lo llevé al Centro Experimental de Arte de la ULA, dirigido por el famoso pintor Carlos Contramaestre. Nos inscribimos y yo asistí con él a varias e interesantes sesiones,  hasta que las clases en la Escuela de Historia arrancaron en abril de 1972. Héctor se sintió solo y abandona rápidamente la escuela de pintura al ver que yo proseguía mis estudios universitarios. Pero esa breve experiencia artística lo marcó para siempre, pues repetía muchos años después “yo estudié en el CEA con Luis Cortés”.
Era hermano de una familia de veteranos educadores: Ligia, Victoria, Cruz Mario e Iván. Pero a quien siempre tenía en su memoria fue a su desaparecido hermano, ido de manera trágica en mala hora: El Negro Ávila. En cualquier ocasión rememoraba la incomprensible  y absurda muerte de El Negro en la plazoleta de El Néctar. Era un galán, muy apuesto y por quien las muchachas suspiraban cuando trabajaba como docente interino en el Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza, dirigido entonces por mi padre, Expedito Cortés.
Cuando nace mi tercer hijo, la niña María Fernanda en 2015, recibí en la Policlínica Carora la atenta y cordial visita de dos de mis inseparables amigos: Pedrito y Héctor.  Es que estos personajes populares y a quien la ciudad recordará por mucho tiempo, que ahora son tributarios de la Tierra, no me podían fallar. Es más, me atrevo a confesar que mi éxito como estudiante se lo debo en parte a estos dos caballeros solterones, bohemios y amantes de la risa y los chistes, quienes en  más de una vez me brindaron una arepa rellena con carne “esmechada” en el mercado de Mérida o unas cervecitas bien gélidas en el serrano bar de Luiggi.
Se fue Héctor Ávila, un “pana” del cual guardaré un afecto muy especial por haber sido mi inseparable durante muchos años. Me quedaré esperándolo por siempre en mi Oficina del Cronista Municipal.  Dios te reciba en su regazo.



La Escuela de Los Anales en sus 90 años

A la memoria del Dr. Federico Brito Figueroa 
Cuando quien escribe hacía sus estudios de Historia en la Universidad de Los Andes, Venezuela, conoció  por vez primera de la existencia del gran historiador judío-francés Marc Bloch, quien acompañado de Lucien Fevbre fundaría la afamada Revista de la Escuela historiográfica de  Anales,  el 15 de enero de 1929, mientras enseñaban en la Universidad de Estrasburgo. Europa está destruida tras la primera Guerra Mundial. La vieja rivalidad franco-germana determina que el Estado francés envíe a esta ciudad fronteriza lo mejor de su intelectualidad para hacer contrapeso a la enorme influencia tudesca. La guerra había terminado, sí, pero una nueva conflagración más terrible y destructiva  se atisbaba en el horizonte y volvería a destruir al viejo continente, ella se llevaría la preciosa vida de Bloch, combatiente entonces de la resistencia contra los nazis.
Pero no se crea que la Escuela de Anales irrumpa de súbito y repentinamente en 1929. No, pues  ya Bloch y Febvre habían comenzado a escribir una historia nueva y revolucionaria desde antes de tal año. El primero de ellos se especializó en historia de la Edad Media, y el segundo en el crucial siglo XVI europeo. En 1924 Bloch publica Los reyes taumaturgos, obra que da inicio a la llamada historia de las mentalidades colectivas, una de las fortalezas de esta corriente historiográfica. Martín Lutero, Un destino, escrito por Febvre, verá la luz en 1928, cuando antes, en 1911, edita su Felipe II y el Franco Condado, una región de Francia analizada con criterio de totalidad u holísticamente, otra de las novedades que incorpora Anales.


 En el primitivo directorio de la Revista de Anales figuran  hombres extraordinarios: el sociólogo de la memoria Maurice Halbwachs, los historiadores Henry Hauser y el medievalista belga Henry Pirenne, entre otros. Estos hombres se propusieron hacer una historia distinta a la del historiador alemán, padre de la historia científica, Leopold Von Ranke (1795-1886), es decir una historia no sólo política y afincada en los grandes hombres, batallas y tratados internacionales, sino una historia de todos los grupos humanos. En este sentido es una clara superación del historicismo alemán de Ranke, y del positivismo historiográfico francés por excelencia de Charles Seignobos y Charles Langlois.
Con Anales se produce una profunda imbricación de la historia con otras ciencias sociales: la geografía de Vidal de la Blanche, la sociología durkheniana, la antropología de Marcel Mauss y Levi Bruhl, la lingüística de Ferdinand de Saussure, y eventualmente el psicoanálisis freudiano. Antes de Anales los historiadores ignoraban los avances de tales ciencias y se concretaban al manejo erudito de los documentos de archivo. Esto explica la carga documental tan pesada de los trabajos investigativos del positivismo, en donde el historiador casi desaparece del escenario.
La Escuela de Anales ha pasado por varios períodos. El primero con Bloch y Fevbre, el segundo con Ferdinand Braudel, Charles Morazé, Roger Mandrou, el tercero con Pierre Vilar, Jacques Le Goff, Pierre Chaunu, Nathan Wachtel, Marc Ferro, Georges Duby, Francoise Furet, Michel Vovelle, entre otros. Las obras más importantes escritas por estos notables investigadores son La sociedad feudal de Bloch, El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, escrita por Febvre, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, de Braudel, a los que debemos agregar El nacimiento del purgatorio, de Le Goff, La muerte en Occidente desde 1300 hasta nuestros días, de Vovelle. Y no podríamos olvidar Cataluña en la España moderna, del hispanista Pierre Vilar.
 Las posibilidades de conocimiento y de método de la Escuela de Anales fueron introducidas desde México a Venezuela por el Dr. Federico Brito Figueroa, como docente de la Universidad Central de Venezuela y Universidad Santa María,   labor que ha continuado en el Estado Lara el Dr. Reinaldo Rojas, quien ha creado con el concurso de un sólido equipo, la Maestría en Enseñanza de la Historia en el Pedagógico Luis Beltrán Prieto Figueroa, la Maestría en Historia, convenio UCLA-UPEL y la Fundación Buría, y desde su reciente creación, nos hemos incorporado con gran entusiasmo y entrega al Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, también de la UPEL-Barquisimeto.  



El Presbítero Doctor Carlos Zubillaga Perera y la Encíclica Rerum Novarum


Fue una vida bastante efímera  la de este extraordinario levita caroreño, pero su legado espiritual y de acción social en  favor de los humildes y más necesitados permanece en el tiempo venciendo el olvido y la indiferencia. Murió a los 31 años en Duaca, Estado Lara, en 1911, al caer accidentalmente desde el techo de la iglesia de San Juan Bautista, lugar donde subió para huir de un imaginario felino que le perseguía.  
Carlos era el hermano mayor de otro ser humano excepcional: don Cecilio “Chío” Zubillaga Perera, quien en aquella Carora de tiempos del gomecismo se enfrentó  al latifundismo, convirtiéndose en “la voz de los sin voz” y que hizo de su casa una verdadera universidad popular. Desafió ardorosamente con su praxis, fundamentalmente a través del periodismo, a su propia clase social, los “godos de Carora”, hasta su deceso ocurrido en 1948. Es la figura capital del siglo XX en el Distrito Torres.
Lo que poco se conoce es que existe una continuidad y secuencia entre el hacer social de Carlos y de Chío. A la muerte de su hermano, Chío recoge las banderas de lucha de su hermano sacerdote y doctor en teología, que no eran otras que la búsqueda de Dios entre los pobres, tal como lo estableció la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, documento fundamental de la Iglesia Católica aparecido en 1891. 
Después de estudiar en la Universidad de Caracas y alcanzar brillantemente el título de doctor, con una tesis que se inscribe en la atmósfera del documento papal de León XIII, con el nombre de La Iglesia y la civilización, regresa Carlos con entusiasmo juvenil a Carora a ejecutar en los hechos y en la dura realidad social lo que aparece escrito en la primera encíclica social de la Iglesia.
 El padre Carlos, al llegar a Carora encuentra a un cura, Lisímaco  Gutiérrez, ya de 50 años casi, solo, que ya había dado pasos: funda en 1902 el Hospital San Antonio, una congregación religiosa femenina dedicada a la atención de dicho Hospital, dos periódicos El pan de San Antonio y El amigo de los pobres, y un proyecto cultural en la zona de la capilla de El Calvario y en los caseríos de la Otra Banda. El padre Carlos se incorpora de inmediato a la obra comenzada por el Pbro. Gutiérrez y dota al Hospital del edificio, reconstruye la iglesia de San Dionisio, abre una escuela nocturna para obreros entre 1905 y 1906. Todo esto nos lleva a pensar que por esto el humanista Luis Beltrán Guerrero dijo que quienes por primera vez y de manera concreta se acercaron a lo que iba a ser la Teología de la Liberación latinoamericana en estos pueblos del interior, fueron estos dos curas, quienes se identificaron con una Iglesia no tradicional, una Iglesia que se abría a descubrir a Dios en medio de un durísima realidad social.

 El padre Gutiérrez recibe influencia del Concilio Vaticano I, convocado en 1870 por el papa Pío IX. Habría que averiguar por qué  Gutiérrez se interesa por lo social. Yo justifico más al padre Zubillaga, pues se formó en el Seminario de Caracas con la Rerum Novarum y encontró algo de esa Iglesia social en Carora en 1905. Con su muerte trágica, se puede decir que tal obra social se había venido abajo al quedar el padre Gutiérrez en soledad y anciano en Carora. El Pbro. Dr. Carlos Zubillaga fue un talento y de un temple tal, que yo no dudo nunca que quien influye en Chío es Carlos, y que la obra de aquél tiene su raíz en la del malogrado sacerdote Zubillaga, muerto en mala hora a pocas semanas de haber sido sacado de la ciudad por cuestiones de chismes.
El sábado 29 de diciembre de 2018 fui invitado como Cronista Oficial de Carora por el padre Alberto Álvarez y el abogado Gerardo Pérez González a decir unas palabras en ocasión del traslado de los restos mortales  del padre Carlos desde la  derruida iglesia de San Dionisio  hasta la iglesia de San Antonio, su creación. Allí destaqué la necesidad de dar a conocer a las nuevas generaciones el ejemplo de entrega y de sacrificio por los más humildes y necesitados del padre Carlos. Este excepcional religioso debe pasar a ser parte constitutiva del imaginario colectivo venezolano. Y tiene sobradas  condiciones para merecerlo.   







La extraña y fascinante lengua de los indios piraha


Dedicado a la antropóloga Jacqueline Clarac de Briceño
Quizás el más grande sorprendido de las investigaciones realizadas por el misionero Daniel Everett en 1986 sobre la lengua de los aborígenes piraha del Brasil, ha debido ser el famoso lingüista estadounidense, nacido en 1928, Noam Chomsky. En efecto, los recientes descubrimientos de este religioso han revelado que la lengua de tales indios amazónicos no emplea oraciones subordinadas, es decir que desconoce la recursividad, o sea incluir una cláusula dentro de otra, que es una condición necesaria y presente en todas las lenguas del orbe, y que dio pábulo para que este eminente y reconocido lingüista judío-americano del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) presentara su radical y extraordinaria idea de la existencia de una gramática universal. Es un axioma de la lingüística desde que Chomsky publicó en 1957 su libro Estructuras sintácticas.
 El piraha es fonológicamente la lengua más simple conocida, pues apenas posee diez fonemas, uno menos que la lengua de los rotokas de Papua-Nueva Guinea, mientras el castellano tiene 22, de los cuales17 son consonánticos y cinco vocálicos. La lengua piraha usa cinco canales para su discurso: la información puede ser hablada (forma habitual), silbada, tarareada, gritada o codificada en música. Las lenguas silbadas son escasas, lo que hace del pirahã un objeto de estudio muy interesante para delimitar la importancia del tono y de la cantidad/intensidad en la comunicación oral. Es una lengua  aglutinante que usa muchos afijos para expresar diferentes significados También usa sufijos que comunican evidencialidad, una categoría gramatical que no poseen las lenguas europeas. El sufijo /-xáagahá/ significa que el hablante está completamente seguro de su información. 
Además de no poseer número gramatical, es una de las pocas lenguas donde no existen ni los numerales ni el concepto de contar (existen otros casos entre las lenguas aborígenes de Australia, como el warlpiri). Los piraha no conocen el concepto de contar. Sólo usan medidas aproximadas y en pruebas son incapaces de distinguir con exactitud entre un grupo de cuatro objetos y otro colocado de manera similar de cinco objetos. Cuando se les pide que dupliquen un grupo de objetos, duplican el número correcto de objetos en media, pero casi nunca aciertan el número exacto a la primera. Viven en un mundo no pitagórico, muy lejos de Occidente.
Es, además, la única lengua conocida sin palabras para expresar los colores; aunque este punto todavía es discutido. A mi manera de ver solo distinguen las diversas tonalidades del verde, que es su entorno amazónico dominante.

Pero hay más. Los piraha van a contrapelo de Occidente, pues desconocen el pasado y también el futuro. Viven un eterno presente, cuando nuestra cultura sobrevalora el futuro. Por ello son felices y relajados como los animales. Toda una lección para nosotros que vivimos abrumados por el reloj. Su memoria histórica es endeble y poco se ocupan de genealogías y linajes. No conocen de bisabuelos y bisabuelas. Su sistema de parentesco es el más sencillo que se conoce.
 Carecen de mitos fundacionales y por ello de cosmogonías, lo cual asombraría al mismo Claude Lévi-Strauss, padre del estructuralismo. No tienen literatura escrita u oral. Un pueblo que piense de tal modo será refractario entonces a cualquier religión que les presente la idea de un Dios trascendente colocado más allá del tiempo. Respecto a Dios, tampoco les entra en su cabeza. "¿Quién creó las cosas?", les preguntó Everett. "Todo es lo mismo", respondieron, queriendo decir que nada cambia y por lo tanto nada fue creado. La eternidad de los cristianos, por consiguiente, les carece de sentido.  Cielo e infierno son meras entelequias. Lo que importa es que el río Maici, que es tributario del gran Amazonas, les provea de peces ya, en este momento. Son empiristas radicales.

Everett, quien estudió lingüística en la Universidad Estatal de Campinas y es profesor de la Universidad de Pittsburg, llega donde este pueblo feliz de unos 400 miembros como misionero religioso. Pero al conocerlos íntimamente después de convivir con ellos durante siete años se le ha creado una verdadera crisis de conciencia religiosa. Dios solo existe en el lenguaje y no tiene existencia real, es mera palabrería, le enseña este aislado pueblo del trópico. Hogaño Everett se declara no confesional, o lo que es lo mismo, ateo. Sin embargo otros investigadores, Bonilla y Calavia, niegan que estén frente a un pueblo ateo.
A principios del siglo XX habló el sociólogo alemán Max Weber del “desencantamiento del mundo”, como una pérdida de los valores y certezas que da la religión, es decir la secularización de la sociedad moderna. ¿Será posible que desde unas remotas aldeas de Brasil y con el descubrimiento de Everett de este mundo roussoniano del buen salvaje, se esté dando comienzo al  verdadero y definitivo desencantamiento del mundo?

jueves, 1 de agosto de 2019

Sancho Panza es el Carnaval, El Quijote la Cuaresma


El más grande monumento literario en habla castellana es obra de Miguel de Cervantes Saavedra: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, publicada por primera vez en 1604. Es la gran novela del Siglo de Oro español. Es el clásico por excelencia de nuestra literatura de todos los tiempos. Un crítico literario soviético, Mijail Bajtin (1895-1975), ha examinado con gran inteligencia y penetración los personajes centrales de esta novela: don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza. Lo hace en una obra, también clásica, llamada La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Alianza Editorial. 1987. 431 páginas.

Allí sostiene este investigador que se interesó en la cultura popular y no la académica, que los personajes de la novela don Quijote son parte de la cultura popular cómica, un realismo grotesco que tiende a degradar y corporizar. La degradación transfiere al plano material y corporal lo elevado, espiritual, elevado y abstracto.  De tal manera la panza de Sancho Panza, su apetito voraz y su sed insaciable, son aún esencial y profundamente carnavalescas; su inclinación por la abundancia y la plenitud no tiene aún carácter egoísta y personal, es una propensión a la abundancia en general. Sancho es descendiente directo de los antiguos demonios barrigones de la fecundidad que vemos en los vasos corintios griegos.
El materialismo de Sancho, su ombligo, su apetito, sus abundantes necesidades naturales, como defecar y orinar, sus flatulencias sonoras constituyen “lo inferior absoluto” del realismo grotesco, la alegre tumba corporal (la barriga, el vientre y la tierra) abierta para acoger el idealismo de Don Quijote, un idealismo aislado, abstracto e insensible; el “caballero de la triste figura” necesita morir para renacer más fuerte y grande; Sancho es el correctivo natural, corporal y universal de las pretensiones individuales, abstractas y espirituales; además Sancho representa también a la risa como correctivo popular de la gravedad unilateral de las pretensiones espirituales. Sancho frente al Quijote podría ser comparado con el rol del bufón frente al ceremonial serio; el de las Carnestolendas con relación a la Cuaresma.
Esta pareja es en efecto una pareja cómica típicamente carnavalesca basada en los contrastes: gordo y flaco, viejo y joven, grande y pequeño. Gozan de un poderoso atractivo visual. Las parejas cómicas de este tipo existen aun hoy en las ferias y en los circos. Don quijote y Sancho Panza forman una pareja carnavalesca. La unión de un personaje alto y delgado y uno bajo y gordo forman el verdadero prototipo de pareja de un buen número de relaciones en la ficción literaria y en las variedades y las películas cómicas, aunque la idea es más antigua que Cervantes como ilustran las figuras de Carnaval y Cuaresma, y la cómica pareja de Ganassa y Bottarga. Hay variaciones modernas del tema que seguimos considerando cervantinas, dice el británico Edward C. Riley (Introducción al “Quijote” Critica, 1986. 262 páginas), incluso cuando varían las características de los papeles: Joseph Andrews y Parsons Adams, Míster Pickwick  y Sam Weller, el detective Sherlock Holmes y el doctor Watson en la literatura; los estadounidenses Laurel y Hardy y Abbott y Costello en las películas cómicas. Las últimas representaciones de los dos arquetipos los reflejan de modo extraordinario, tanto visualmente como en otros aspectos. Son los estadounidenses Bud Spencer y Terence Hill, así como los robots C3PO y R2D2 de La guerra de las galaxias, y dudo que marquen el fin del camino.
En nuestra cultura latina y de habla castellana (no sé si en portugués) abundan las parejas arquetípicas del gordo y el flaco: los mexicanos de los años 1950 y 1960 que nos hicieron reír a carcajadas en nuestra adolescencia en el viejo Cine Trasandino de Carora, Viruta y Capulina, el sargento García y el cabo Reyes de la serie en blanco y negro televisiva y de gran éxito: El Zorro, ambientada en Los Ángeles colonial hispana, la dama Sthefany Gutiérrez y Raúl de Molina, los mexicanos Edgar Vivar y Chespirito en los años 1980. Parejas arquetípicas que según el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), acompañarán a la humanidad por siempre.  


Hace un siglo, en 21 de septiembre de 1919, nace en Buenos Aires, Argentina el científico y filósofo Mario Bunge, uno de los más destacados pensadores vivos del presente. Tal reputación se la ha hecho merecedor por haber  empleado de manera magistral ese elemento  fundamental de la   modernidad: la crítica. En este sentido ha sido un duro y tenaz crítico de lo que ha llamado las psudociencias, tales como el psicoanálisis de Freud, pues, según él, no emplea el médico austriaco el método científico, la  hipótesis del gen egoísta de Dawkins, la teoría de los juegos, la sociobiología como una suerte de darwinismo social. De la  misma manera ha atacado firmemente al economicismo marxista, la “brillante apariencia científica” de la economía neoclásica, la carencia de pruebas empíricas de la parapsicología, la medicina tradicional, la medicina holística, la homeopatía. De igual manera ataca a dos filósofos alemanes que resultan ser unos charlatanes a los cuales no se les entiende su discurso, que leerlos es una verdadera pérdida de tiempo: ¡Hegel y  Martin Heidegger!
Cuando escribo sobre este demoledor de mitos y pseudo verdades que es nuestro paisano latinoamericano don Mario Bunge, no puedo menos que pensar en otros célebres críticos de las pseudo ciencias y de las medio verdades: Carl Sagan (El mundo y sus demonios), Stephen Jay Gould (La falsa medida del hombre), el lingüista Noam Chomsky y el sociólogo Immanuel Wallerstein, quienes han dedicado lo mejor de sus intelectos a desenmascarar los grandes falsedades que pasan por verdades científicas.
A Bunge se le reconoce como filósofo de las ciencias, y quien a diferencia de otros epistemólogos de la ciencia, como  Karl Popper, sí tiene una sólida formación científica, pues obtuvo el título de físico nuclear en la Universidad del Plata, Argentina. Ello le ha dado un piso muy firme para criticar las falsas doctrinas científicas, tales como la actitud y práctica operacionalista, o sea reducir toda la realidad a una realidad observacional, la cual según él, daría lugar a una auténtica decapitación de la ciencia.  
Cuando era muy joven escribió un texto que ha hecho historia y hasta podíamos decir que se ha convertido en un auténtico clásico: La ciencia, su método y filosofía, el cual sale de su pluma en 1959.   Esta obra ha sido de consulta casi obligada en las carreras universitarias de Venezuela y América Latina. En esos mismos años ofrece a Albert Einstein traducir sus obras al castellano, proposición que el sabio judío y alemán rechaza con afabilidad. Existe una biografía de Banesh Hoffman del padre de la relatividad que lleva un hermoso prólogo de Bunge. Allí explica a qué se debe la enorme popularidad de este sabio de aspecto hippie.
Bunge vive actualmente en Montreal, Canadá, donde enseña en la Universidad de Mc Gill desde 1960. Allí se establece luego de sufrir persecuciones por parte de los regímenes militares derechitas argentinos por sus ideas políticas este duro crítico del socialismo totalitario soviético y entusiasta defensor del socialismo democrático. En este país ha escrito obras de extraordinario valor científico y moral, tales como Filosofía para médicos, libro que recomiendo ampliamente a los galenos nuestros interesados en saber cómo su oficio está íntimamente conectado a la filosofía. Otro será Teoría y realidad, así como La investigación científica. Hay uno de ellos que me cautiva mucho por su amenidad: 100 ideas. El libro para pensar y discutir en el café. Son muy interesantes ¿Tiene porvenir el socialismo?, Las pseudociencias. ¡Valla timo!, Las ciencias sociales en discusión, Economía y filosofía.
Sabemos que Bunge no es tan popular como otros filósofos, como Habermas, Sartre o el español Ortega y Gasset por ejemplo, es por ello que la editorial española Laetoli prepara la edición de sus obras completas en 10 tomos,  lo cual es una excelente idea para dar a conocer el riquísimo pensamiento de este genial pensador al que en cierta ocasión me atreví llamarlo el  Lucrecio Caro del siglo XXI.                                    

Una sola Universidad para Carora


La antigua ciudad de Carora es la sede de dos prestigiosas universidades: la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado”, UCLA y la Universidad Experimental Politécnica “Antonio José de Sucre”, UNEXPO. Ambas se instalaron acá tras una fuerte presión ciudadana y popular en los días del fatídico “viernes negro”, en 1983. Fue una victoria rotunda de la movilización de la gente.
 Han pasado más de tres décadas de aquel triunfo de los caroreños, y que ha dado sus frutos al preparar para la vida a tanto joven que antes debía irse de la ciudad en búsqueda de superación en otros lares, y ahora me propongo advertir que la vida por separado de ambas instituciones  universitarias las pone en peligro de muerte a ambas.
Así de dramático y catastrófico es.  La profunda crisis económica y política que vive el país nos ha hecho ver lo que no queríamos ver: que la existencia de dos universidades separadas es una duplicación innecesaria de esfuerzos y recursos: dos presupuestos y dos sedes, dos nóminas, dos direcciones académicas, asignaturas que se repiten, dos comedores, dos flotas de transporte, etc., etc., para atender un número decreciente de estudiantes y de docentes. Es un cáncer que hace metástasis.
Los beneficios de la integración de ambas casas de estudios universitarios serán inmensos: una sola dirección, un único presupuesto, una sola nómina, una sola sede y un solo proyecto de desarrollo del Municipio Torres. A todo ello me atrevo proponer la autonomía de esta casa de estudios, y la sugerencia de su nombre: Universidad Municipal Integrada de Torres, UMIT.
Es el momento de deponer particularismos y mezquindades de toda índole y poner a trabajar en este proyecto integracionista a las personas que de buena fe se interesen en él.  Será también un llamado a la concordia y a la inteligencia a un país en extremo polarizado y que lo que quiere paz y trabajo. Es un regalo extraordinario que le daremos a la Ciudad del Portillo de Carora en sus 450 años de existencia fecunda y productiva.

Fin milagro alemán

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