viernes, 23 de febrero de 2018

Ignacio Burk, un sabio germano-venezolano

Sucedió mi encuentro con este extraordinario pensador y docente de manera fortuita. Ocurrió en el Liceo Egidio Montesinos de Carora cuando se me acerca su director, el profesor Simón Villegas, a ofrecerme 40 horas de psicología y filosofía de cuarto y quinto año respectivamente. No dudé ni un instante y acepte el ofrecimiento. Aquello fue una revelación y un magnifico apoyo para mi formación intelectual. Tenía yo un marcado interés por conocer estas dos magnificas y complejas aéreas del conocimiento, y que no había podido cursar durante mis estudios de pregrado en Historia en la Universidad de Los Andes.
Tomé entonces en mis manos aquellos voluminosos y densos libros del  Maestro Martín Ignacio Burk Wagner. Sentí una fuerte emoción mientras entraba en conocimiento de la filosofía griega de los presocráticos, la psicología de la gestalt, las mónadas de Leibniz, las cinco vías de Santo Tomás de Aquino, el nacimiento del psicoanálisis freudiano o el estructuralismo francés de Lévi-Strauss, entre otros muchos y variadísimos tópicos. Era todo un mundo de cosas que debí asimilar con cierta premura para atender a quince secciones de ciencias y humanidades de aquel centenario instituto de educación media. Me sentí abrumado y un vértigo me atacaba por momentos como cuando preparaba clases sobre el mito de la caverna platónico o sobre la famosa cuchilla de Occam.

Ese encuentro sucedió en 1980 y el balance de esta circunstancia inesperada cambia el rumbo, o mejor dicho, amplía y ensancha de manera desmesurada mi visión del mundo. Me hizo un historiador mejor dotado de herramientas conceptuales y de análisis.  Y cuando comencé mis estudios de posgrado en 1989 con los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas, me topé con la Escuela de Anales fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Fevbre, y una cuestión llamada historia de las mentalidades. En el Pedagógico de Barquisimeto entré en contacto con el pensamiento  histórico y sociológico  francés de Durkheim, Mauss, Halbswachs, Vilar y Fernand Braudel cuando venía de formarme de la mano con el Maestro Burk en las complejas cuestiones de la filosofía germana: Hegel, Nietzsche, Marx, Dilthey, Husserl y Heidegger. Me convertí en un germanófilo intelectualmente hablando que debió desde allí asimilar y comprender las ciencias del hombre, según la concepción francesa. Pero fue la fenomenología alemana de Husserl la que me vincula de manera exitosa con la historia de las mentalidades de la escuela analista a través de aquella fértil idea de que no es lo mismo explicar que comprender. El explicar es propio de las ciencias naturales, en tanto que el comprender se aplica a las ciencias del espíritu. Al decir ello en clases fue de sumo agrado para el doctor Brito Figueroa, quien me felicita con un fuerte abrazo.  
FEDERICO BRITO FIGUEROA
Como es sabido, Anales hizo de las mentalidades su fortaleza desde un principio con las obras Los reyes taumaturgos de Bloch y Lutero, un destino de Fevbre.  Desde allí comencé a pensar que podía hacer también historia de las mentalidades colectivas en los temas-problemas por mí escogidos: La mentalidad religiosa en Carora,  el sentido de casta de los godos de Carora, y una exploración de la psicología individual del doctor Ramón Pompilio Oropeza, fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890. Otro tanto hice con el libro Viajeros de Indias del médico psiquiatra doctor Francisco Herrera Luque, quien aplica la fenomenología histórica a nuestra enorme carga psicopática y criminal.
Y más recientemente penetro en el pensamiento crítico-literario del larense Rafael Domingo Silva Uzcátegui, quien basado en las inaceptables ideas del criminólogo italiano Césare Lombroso y del médico judío y sionista Max Nordau,  califica muy destempladamente de degenerados, viciosos, afeminados y dipsómanos a los grandes creadores de la literatura Fin de Siglo: Poe,  Baudelaire, Withman,  y a los latinoamericanos, poetas   modernistas Rubén Darío y Leopoldo Lugones.
En los días que corren tengo la inmensa satisfacción de asesorar en su tesis doctoral sobre el Maestro Ignacio Burk al licenciado Mitchel Camacho, un inteligente docente caroreño de educación media y a quien años atrás le sugerí que tomara al Maestro germano-venezolano Ignacio Burk para sus investigaciones, y quien llega a las playas de Venezuela con los hermanos salesianos para internarse en la Guayana, luego dicta cátedra en Valera, estado Trujillo, para luego hacer brillante carrera docente en el Instituto Pedagógico Caracas en dos áreas del conocimiento en apariencia irreconciliables, esto es, la Química y la Psicología. Con ello el Maestro Ignacio Burk se ha convertido en un adelantado de lo que hogaño se llama la teoría de la complejidad, la que trata de reconciliar las humanidades con las ciencias de la naturaleza. Es el momento de recordar a este noble e inteligente educador que hizo de nuestro país su patria querida.

martes, 23 de enero de 2018

Al Doctor Otto Mosquera Suárez


Tuve el agrado de recibir en mi Oficina de Cronista a este distinguido y cordial caballero dedicado a la ciencia de Hipócrates desde hace mucho tiempo. Muchísimos son los caroreños que han depositado en sus manos la responsabilidad de su salud. No los ha defraudado. Le conozco desde mi niñez y siempre he admirado su sobriedad y buenas maneras. Aun recuerdo su grado universitario cuando en la línea dejada por el Doctor Ezequiel Contreras se hizo de médico cirujano con dedicación y sacrificio en la ilustre Universidad de Los Andes, una carrera reservada a cierta y determinado estrato social.
Diariamente nos da una lección de frugalidad y moderación este personaje al mantener su añoso automóvil desde hace casi medio siglo, un carro de finas líneas marca Dodge Dart de la década de 1960 que mantiene en impecable condición. Con este gesto de sobriedad y mesura el Doctor Mosquera nos da una lección de civilidad y honradez, condición de su espíritu que mostró como presidente del Concejo Municipal como militante socialcristiano.
Esta vez me visita para mostrarme una creación literaria suya en el género creado por el estadounidense Edgard Allan Poe y el uruguayo Horacio Quiroga, esto es, el cuento. Un relato que se distingue por su brevedad alrededor de un suceso único, aderezado con tensión y con pocos personajes, un argumento no tan complejo, y al cual le da nuestro galeno el titulo de Salustriano.
Después de leer este interesante ensayo literario salido de sus manos de cirujano, le hago las siguientes sugerencias al Doctor Mosquera: céntrese en la figura de la heteróclita y singular figura del pintor caroreño del siglo pasado Julio Teodoro Arze Álvarez. Estúdielo en su curiosa y rara existencia. Tal personaje es en sí mismo  una criatura salida de la ficción por sus anécdotas, las que son puro realismo mágico, como aquello al pintar en las desoladas  y áridas calles de Carora al mismísimo Rey de Bélgica,  monarca y propietario único de un país africano: el Congo Belga. Haga, Doctor Mosquera, salir a este soberano de la pared donde Arze lo pinta  y póngalo a caminar con su amante adolescente, Blanche Delacroix, por las calles del barrio Torrellas, de madrugada y en compañía de la amante de ella, Antoine Dirieux. Termine el relato con un final inesperado.
Pero hay más de este pintor nuestro ya olvidado. Fue él quien pinta un cuadro sobre ese tercer lugar de la geografía del más allá, el purgatorio, óleo que se exhibía en la iglesia de San Juan de Carora y donde el artista retrata a unos odiados y maldecidos familiares suyos quemándose lastimeramente allí. Esta valiosa pintura terminó en el basurero después que un levita lo creyó irreparable en su deterioro. Puro realismo mágico.
Y nada tiene que envidiarle a la ficción el hecho de que a su muerte por paludismo, su cadáver fuese enrollado, cual capullo con sus lienzos y telas como envoltura, como recomendaba la autoridad sanitaria de entonces. Puro realismo mágico el que protagoniza este estrafalario y pintoresco caroreño de paleta y pincel, sucesor legítimo del gran Arturo Michelena.
Escriba y escriba mucho más, y recuerde que en tal sentido puede crear usted un pequeño universo cuentístico con la figura de Julio Teodoro Arze, nuestro incomprendido pintor de entre siglos que afinó su arte pictórico en Europa.
Esas son algunas de mis humildes recomendaciones que le hago al Doctor Mosquera, recordándole que la imaginación es el más acabado y firme aliado del escritor de ficciones. Éxito en su carrera de escritor que inicia, Doctor Mosquera.

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lunes, 15 de enero de 2018

Werner Heisenberg: Las conexiones entre la educación humanística, la ciencia de la naturaleza y la cultura occidental


Introducción.
Werner Karl Heisenberg (1901-1976) físico y filósofo  alemán, fue uno de los científicos más audaces y extraordinarios del siglo XX. Creador del asombroso Principio de Incertidumbre o de Indeterminación en 1925, cuando apenas contaba con 24 años de edad, lo hace uno de los físicos más creativos e imaginativos de nuestro tiempo. Este paradójico principio afirma que no podemos medir exactamente la posición y la velocidad de una partícula en el mismo instante. Las consecuencias científicas y filosóficas de tal Principio nos sorprenden aun en la actualidad. Con este avance científico queda definitivamente enterrado el determinismo científico positivista del siglo XIX, al tiempo que se establece que el observador modifica y cambia la realidad que estudia, y lo que es más desconcertante aún: la realidad objetiva quedó evaporada, como el mismo Heisenberg sentenció.
En el presente trabajo examinaremos la manera en que este brillante físico atómico y pensador germano rememora su invalorable formación de estudiante de secundaria en un bachillerato humanístico y su conexión con la actual ciencia de la Naturaleza, en el contexto de la cultura de Occidente.
Realizo el presente ensayo motivado por mi condición de docente de Educación Media durante varias décadas en el Liceo Egidio Montesinos, Carora, estado Lara, Venezuela, y observar con profunda tristeza como han sido eliminadas de sus programas las asignaturas Griego, Latín y Filosofía de cuarto y quinto año de humanidades, al tiempo que el número de los estudiantes de esta especialidad se ve reducido con el pasar de los años. Pareciera que nuestros planificadores de la educación ignoraran que humanidades y ciencias van en camino a la unificación, tal como nacieron en la Antigüedad, proceso que se realizará a la vuelta de pocos años. Sea el presente ensayo un acicate para replantearnos y superemos la absurda y aparente división entre humanidades y ciencias naturales, y en consecuencia avancemos hacia su unidad definitiva.     

Werner Heisenberg, estudiante de secundaria.
En el año 1955, siendo una persona madura y consagrada, escribió Heisenberg un hermoso libro de divulgación científica titulado  Das naturbild der heutigen Physik (La imagen de la naturaleza en la física actual), la cual hemos leído con verdadero deleite en la colección Muy Interesante, Biblioteca de Divulgación Científica. Barcelona, España, 1985, contenido en 153 placenteras y agradables páginas. La traducción es de Gabriel Ferraté. Acá escribe con gran sencillez y amenidad propia de los sabios, sobre la física atómica y la ley causal, los inicios de las modernas ciencias de la Naturaleza, la formación de la imagen del Universo mecanicista y materialista, la crisis de la concepción mecanístico-materialista del Universo.
Este pequeño libro de bolsillo contiene en su parte III un ensayo titulado Sobre las conexiones entre la educación humanística, la ciencia natural y la cultura occidental, páginas 45 al 58, el cual será el centro de nuestro interés y comentarios, además, y como se habrá observado, le da el nombre a nuestro ensayo.
Como dejamos dicho al comienzo, Heisenberg valora mucho su formación en una educación secundaria a la que llama clásica, es decir un bachillerato, diríamos en nuestra cultura de habla castellana, dominado por las humanidades grecolatinas. Así dice que: “Se oye a menudo la sugerencia de que acaso el saber que proporcionan las escuelas secundarias son demasiado teórico e irreal, y que, en nuestros tiempos presidido por la técnica y la ciencia natural, una educación más orientada hacia lo práctico pudiera preparar para la vida de modo mucho más adecuado” Como se ve, y esto parece un contrasentido, es nuestro personaje un defensor de la educación humanística, las lenguas y la historia de la Antigüedad greco-latina. Ello lo dice porque reconoce que el trasfondo espiritual de Occidente viene de un ente de espíritu que apareció en la Antigüedad, el arte, la literatura y la filosofía de los griegos, a lo que habría que agregar el cristianismo, con lo cual se logra una espléndida combinación. 
Destaca Heisenberg que los griegos tenían una característica que los distingue de los otros pueblos antiguos: la aptitud para retrotraer todo problema a una cuestión de principios teóricos. Los pueblos de entonces, fenicios, cartagineses, eran prácticos, pero ninguno eleva a la teoría los asuntos y cuestiones de la práctica como los griegos. Es el caso de Pitágoras y su descubrimiento de la Ley Musical de las Cuerdas o el Principio de Arquímedes, por ejemplo. Es esta tradición el motor central de nuestra historia, que fue capaz de producir la ciencia natural y la técnica moderna. Por esa razón, argumenta Heisenberg, puede decirse que la educación humanística proporciona un saber muy útil.
Otro elemento que enfatiza  es el que tiene que ver con la prioridad que el pueblo griego da a lo espiritual sobre lo material. Recordemos que en Grecia nace el pensamiento racional, nace la soledad humana radical, el hombre en soledad sin dios ni dioses. Pero advierte que en el siglo XX sería anacrónico comunicar a los niños una estima excesiva de los valores espirituales y el desdén de los materiales.
Primer contacto auténtico con la ciencia natural.
Son días de extrema inestabilidad económica y política en la República de Weimar alemana.  Pese a todo, el joven Heisenberg muestra una gran pasión indeclinable por el conocimiento. En el Maximilian-Gymnasium de Múnich se entera de que es posible una descripción matemática de la naturaleza, tal como en la Antigüedad lo postula el genial Pitágoras.
Sucedió que los jóvenes se interesaban por la ciencia y la técnica manipulando aparatos, pero aquello se hubiera quedado en un simple juego y no haberse convertido en autentica ciencia de no haberse sobrepuesto una experiencia distinta: el magnífico profesor Wolf y sus clases de Matemática y Geometría. Allí les dijo que las figuras geométricas podían enunciar proposiciones de validez general y universal, y que ciertos resultados pueden ser no sólo comprobados e intuidos sobre un dibujo, sino también demostrados matemáticamente.
Esta experiencia le resultó extraordinariamente notable y sugestiva, y sucedió algo que pocas veces acontece con las ideas que la enseñanza escolar propone con prodigalidad: “la escuela hace desfilar ante nosotros -dice Heisenberg- los más diversos paisajes del universo espiritual, sin que alcancemos a sentirnos a gusto en ninguno de ellos. Pero se dan algunos raros casos en que un objeto que se ha introducido en el campo de visión comienza súbitamente a iluminarse con luz propia, una luz penumbrosa e incierta al principio, luego cada vez más clara, hasta que la luminosidad irradiada por aquel objeto colma una región siempre mayor de nuestro pensamiento, se propaga hasta otros objetos y se convierte finalmente  una importante parte de nuestra vida”. Este parece ser un rasgo idiosincrático de su genialidad, la rareza de las situaciones que hacen posible el pensamiento de veras creativo, el genio que lo condujo a elaborar uno de los principios más sorprendentes de la física cuántica: el principio de incertidumbre. Como lo dice él mismo: “el juego del vaivén entre la Matemática y la intuición de los sentidos”.
Átomos y educación humanística.
Y le sucede al joven estudiante de secundaria un hecho fortuito que lo conducirá  a un sector de la Física moderna. Un texto o manual de Física francamente bueno, cae en sus manos, pero “donde la física reciente ocupaba allí un lugar como de hijastro indeseado”. Los dibujos de los átomos de un gas se apiñaban en grupos, e incluso se veía en ellos, juntándolos unos ganchos y unas asas que probablemente representaban los enlaces químicos. El manual hace referencia a los atomistas griegos, pero “aquellos dibujos suscitaron en mí una protesta declarada, y me irritó fuertemente hallar en ese libro una tontería de tal magnitud”. Este confuso estado de cosas dejó el deseo en el joven de conocer los fundamentos auténticos de la Física teórica.
Fue allí cuando otra circunstancia fortuita vino en mi ayuda, dice Heisenberg. En clases iniciamos el estudio de los diálogos platónicos. Fue en 1919, cuando el joven que acostumbraba a refugiarse en el techo de Seminario se lleva para leer un tomo de Platón en su lengua original: el Timeo, un texto de profundas resonancias pitagóricas. “De este modo entré por vez primera en contacto directo con la filosofía atómica de los griegos”.
 Ese dialogo platónico sostiene que los átomos son cuerpos regulares, lo cual no le pareció  a Heisenberg en verdad demasiado luminoso, pero lo que sí le gustó fue que los despojara de los ganchos y asas. Es allí cuando se convence el joven estudiante de que “apenas es posible cultivar la Física atómica moderna sin conocer la Filosofía natural  de los griegos y pensé que el dibujante de aquella figura de los átomos habría ganado dedicando a Platón un atento estudio antes de ponerse a dibujar sus figuras.”
Quiere decir que los atomistas antiguos del siglo V a.C., Leucipo y Demócrito, tenían en ese sentido una mejor comprensión del atomismo que los contemporáneos nuestros de comienzos del siglo XX. Esto nos deja bien claro que la ciencia de la Naturaleza puede obtener también beneficios de la educación humanística, asienta Heisenberg. Hasta la Medicina, la Química, la Astronomía y la Biología  tendrán que dar más tarde o temprano con aquellas fuentes antiguas, pues el pensamiento griego refiere a los principios, los métodos derivados de los principios.
Pero el físico alemán no se siente solo en estas reflexiones, pues dice que “Max Planck, fundador de la física cuántica en 1900, por ejemplo, creo se trasparenta claramente el influjo  y la fecundación que su pensamiento ha recibido de la enseñanza humanística.” “Son muchos los terrenos, agrega, en que se rastrean  las señales del común origen y este origen común no es en ultimo termino otro que el pensamiento griego.”
La luz espiritual de Occidente.
Ya al final de su ensayo reflexiona nuestro autor sobre la cultura occidental. Allí dice que en el principio del pensamiento occidental se encuentra el íntimo enlace de las cuestiones teoréticas y de la acción practica, y dicho enlace es obra de los griegos. Que un principio la dirige: “creo pera obrar, obro para comprender”, principio que sirve para describir el entero proceso de las ciencia natural en Occidente, y posiblemente la misión de Occidente en el mundo, en él se encierran las razones tanto de la educación humanística como de la ciencia natural.
         Como hemos podido observar, es  Heisenberg un iniciador en el siglo pasado de lo que más tarde habrá de llamarse la Teoría o Paradigma de la Complejidad, portentoso pensamiento que cree necesario volver a la unidad perdida entre las ciencias naturales y las humanidades, y que ha tenido entre sus representantes más destacados a C P Snow, el premio Nobel de Química Ilya Prigogine, Edgar Morin. Ya no se hablará de las Dos Culturas, un divorcio inútil y estéril, sino de una sola, única e integradora cultura de las ciencias naturales y de la filosofía. Y cuando ello suceda habrá que reconocer a Heisenberg como uno de los más legítimos precursores.
Fuentes consultadas.
Burk, Ignacio. Filosofía, Una introducción actualizada. Ediciones Insula. Caracas, 1998. 550 págs.
Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1037. Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres, Fundación Buría, Barquisimeto, Carora, 1997. 163 págs.
Davies, Paul. Súper-fuerza. Biblioteca Científica Salvat. Navarra, España, 1985. 258 págs.
Hawking, Stephen. Agujeros negros y pequeños universos y otros ensayos. Editorial Planeta. Colombia, 1994. 177 págs.
Heisenberg, Werner. Das naturbild der heutigen Physik (La imagen de la naturaleza en la física actual), Colección Muy Interesante, Biblioteca de Divulgación Científica. Barcelona, España, 1985,  153 págs.
Hoffman, Banesh. Einstein. Biblioteca Salvat de Grandes Biografías. Barcelona, 1985. 232 págs.
Martínez Miguélez, Miguel. La nueva ciencia. Su desafío, lógica y método. Editorial Trillas. México, 1999. 270 págs.
---------------El paradigma emergente. Hacia una nueva teoría de la racionalidad científica. Editorial Trillas. México, 2005. 263 págs.
Ordoñez, Javier, Víctor Navarro, José Manuel Sánchez Ron. Historia de la ciencia. Editorial Espasa Calpe S A. Madrid, España, 2005. 639 págs.
Ortega y Gasset, José. El sentido histórico de la teoría de Einstein. En: El tema de nuestro tiempo. Espasa Calpe S A. Madrid, España, 1964. 156 págs.
Penrose, Roger. El camino a la realidad. Una guía completa de las leyes del universo. Debate, Barcelona España, 2007. 1471 págs.   

Weinberg, Steven. El sueño de una teoría final. La búsqueda de las leyes fundamentales de la naturaleza. Editorial Crítica. Barcelona. 2003. 254 págs.  

sábado, 16 de diciembre de 2017

La Congregación de Hermanas Dominicas de Mérida

Colegios Santa Catalina de Sena y Nuestra Señora del Rosario de Carora, Estado Lara,  Venezuela,1944-1990
Cuando despuntaba el siglo pasado, en 1900, una joven religiosa de apenas 29 años, funda la Congregación de Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima en la aristocrática ciudad de Mérida, Venezuela. Su nombre: Georgina Josefa del Carmen, hija del Dr. Foción Febres Cordero y de Georgina Troconis. Vino al mundo el 16 de noviembre de 1861, cuando el país se desangraba, lleno de odio y de miserias durante la fratricida Guerra Federal.

Su padre fue un eminente hombre de letras, abogado, y quien ejerció la rectoría de la Universidad de Los Andes en 1872. De entre sus hermanos más conocidos figuran el historiador y tradicionalista Don Tulio Febres Cordero, Rector Honorario de la Universidad emeritense en 1936. Dos presidentes de la República de Ecuador son sus allegados: León Febres Cordero y Oberto (+1872), y León Febres Cordero Ribadeneyra (+2008).
Su vocación religiosa se manifestó en uno de los tiempos más difíciles para la Iglesia venezolana, los gobiernos del Ilustre Americano, el Presidente Antonio Guzmán Blanco, enemigo declarado de todo lo clerical, posición que estaba en correspondencia con su ideario filosófico positivista y su grado de venerable masón. Durante el llamado Septenio (1870-1877) confiscó los bienes eclesiásticos, decretó el cierre de los conventos religiosos femeninos e intentó crear una Iglesia separada de la Santa Sede romana. Nada de esto logró desanimar a nuestra jovencita merideña firme en sus convicciones y creencias.
La situación familiar no era menos incierta, pues su padre, ya viudo desde 1873, creyó inconveniente que su hija entrara como novicia a las Hermanas Clarisas en Mérida, pues ello significaba dejar de lado los cuidados del hogar y de sus numerosos hermanos menores. La “ciudadela entre las nieblas”, como llamó Mariano Picón Salas, era una localidad de afincadas y antiguas tradiciones religiosas, un catolicismo de masas que aun se mantiene con vigor y aliento y que se manifiesta en buena parte del año. Por ello  y por su temple vocacional Georgina resistió con denuedo y  su recio temperamento el furioso y encrespado anticlericalismo del gobierno guzmancista. Mérida podía resistir tal ataque por su afincado catolicismo, pues fue desde 1778 Sede Episcopal. Fue el Obispo Ramos de Lora quien crea el Seminario de San Buenaventura en 1785 para educar al clero masculino, tal institución es la raíz de la eminente y esclarecida Universidad de Los Andes de nuestros días.
Una vez que el general Guzmán Blanco desaparece de la escena política, comienza a decrecer paulatinamente el enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado venezolano. El presidente Rojas Paúl (1888-1890) permite el regreso de las Órdenes religiosas femeninas, tales como las Hermanas de San José de Tarbes, ayudó a la conformación de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía, congregación creada por el Padre Machado y la Hermana Madre Emilia (1888). La  ruptura de Rojas Paúl con su antiguo protector, Guzmán Blanco, fue total y consumada.
 Georgina se incorpora a la congregación de Santa Ana y atiende con afecto solícito a los enfermos en el hospital San Juan de Dios, Mérida. Algunas de estas religiosas regresan a España por estos días, no así algunas religiosas venezolanas que deciden quedarse en su lar de nacimiento, de entre los cuales destacan la hermana Georgina Febres Cordero, Julia Picón Febres, Herminia Viloria e Isabel Uzcátegui, quienes solicitan a la Diócesis emeritense una autorización para separarse  de la Congregación de Santa Ana. Fue el 19 de agosto de 1898. Este acontecimiento se constituye en el antecedente de la Orden que decide tomar por nombre Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Rosa de Lima, quienes el 15 de octubre de 1900 reciben el Reglamento Institucional. La primera Superiora General es nuestra Hermana Georgina Febres Cordero.
Este acontecimiento memorable en nuestros anales religiosos y educativos tuvo lugar en momentos en que le Iglesia Católica universal se abría al problema social, que era un ardiente asunto de suma urgencia en la europa de fines del siglo XIX. Por un lado la cuestión obrera y la dramática explotación a la que eran sometidos los trabajadores por los capitalistas; por el otro la rápida difusión de las ideas del socialismo científico en los ambientes industriales. Era, como se podrá observar, unas amenazas que había que resolver cuanto antes.
Le tocará al papa León XIII asumir tan grande reto, recogiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano I, cuando da a conocer al mundo su famosa Encíclica Rerum Novarum en 1891, el cual se constituye en el primer documento social de la Iglesia. La Encíclica llamaba a los obreros a organizarse, apoya la propiedad privada, abogaba por el diálogo Estado, empresarios, trabajadores y la Iglesia. Y, por supuesto, alerta los peligros de la pérdida de la fe en un siglo materialista, animado de forma dogmática  por la idea de progreso e inclinado de forma peligrosa a la ciencia natural: las ideas de la evolución de las especies de Charles Darwin, la negación de toda metafísica por la filosofía de Comte, Spencer, Renan, entre otros. El siglo que moría creyó haber puesto término a todas las creencias e irracionalidades que venían del pasado y anunciaba una era de libertad al desprenderse las mentes de los hombres de toda autoridad, que no era otra que la de la Iglesia.
En nuestro país, tales ideas fueron comenzadas a discutirse en los ambientes universitarios, tales como la Universidad de Caracas, donde el alemán Adolfo Ernst y el venezolano Rafael Villavicencio abogan por la enseñanza de las ciencias naturales y desde ellas, siguiendo sus métodos, aplicarlos al mundo social. La reacción de los círculos eclesiales no se hizo esperar. Se  abre un debate entre las posiciones creacionistas y materialistas-darwinistas que tuvo por escenario la prensa y los periódicos. Desde las páginas del diario La Religión las enfrenta de forma tenaz y decidida el Arzobispo de Caracas, Monseñor Castro, el padre Crispín Pérez, entre otros.
En la ciudad natal de la Congregación de las Dominicas el positivismo será difundido  por una vasta obra de sociología, antropología, historia y literatura por dos eminentes hombres del saber: Julio César Salas (+1933), y el hermano de nuestra religiosa Madre Georgina Tulio Febres Cordero (+1938) en las aulas de la Universidad emeritense de comienzos del siglo pasado.
Bajo la amorosa y decidida dirección de tan excepcional mujer la Congregación comienza un proceso rápido de expansión por el país. En 1900 ya atienden con fervor y apasionamiento el Asilo San Juan de Dios, en 1904 el Asilo San Antonio en San Cristóbal, el Hospital Padre Justo de Rubio (1904), el Asilo Reverend de Trujillo (1917), la Casa San José de la Sierra, Mérida, 1918, el Hospital San Antonio, La Grita, 1930,el Hospital San José, Tovar, 1931, el Colegio Nuestra Señora del Rosario, Rubio, 1931, el Colegio Santa Rosa de Lima, La Grita, el Hospital Los Andes, Mérida, 1936, el Colegio Nuestra Señora del Rosario, Boconó, 1938, el Instituto Coromoto, San Cristóbal, 1941, Colegio Santa Catalina de Siena, Carora,1944,  en Carora, 1944, la Betania de la Virgen de Coromoto, San Juan, 1944.
La madre Georgina muere en su Mérida natal el 28 de junio de 1925, tras larga y dolorosa enfermedad iniciada en 1908. Al año siguiente, en 1909, debido a la fragilidad de su salud, debió pasar a su prima y cofundadora de la Congregación, la Madre Julia Picón, el mando de la novel Orden religiosa.
La madre Georgina comenzó 80 años después de su tránsito a la otra vida su proceso de su beatificación en el año 2005 en la ciudad emeritense. La madre Georgina se despidió del mundo terrenal dejando un halito de santidad y amor en el corazón de los venezolanos, en especial en los estados andinos, lugares de la inicial expansión y consolidación de la muy prestigiosa Congregación dedicada a la atención de los enfermos, la caridad y a la educación.

Superioras Generales de la Congregación:
1900-1909 Madre Georgina Febres Cordero. Fundadora.
1909-1923    Madre Julia Picón. Co-fundadora.
1923-1931 Madre Luisa Lares.
1931-1937 Madre Isabel Uzcátegui.
1937-1940 Madre Gertrudis Bustamante.
1940-1946 Madre Catalina Arria.
1946-1958 Madre Emilia Baptista.
1958-1964 Madre Fides González.
1964-1976 Madre Emilia Baptista.
1976-1988 Madre Sofía González.
1988-1994 Sor Bienvenida Orozco.
1994-2000 Sor Sofía González.

 Carora que recibe a las Hermanas Dominicas.
Carora de mediados del siglo XX tenía una población cercana a los 8.000 almas, heredera de una tradición en las prácticas y el culto del catolicismo que venía desde la Colonia. En 1918 el padre Carlos Borges la llamó “Ciudad levítica de Venezuela”, ello por la extraordinaria cantidad de sacerdotes nacidos en estas cálidas tierras del semiárido larense. Es por esa razón que su iglesia parroquial de San Juan Bautista jamás ha quedado acéfala por falta de cura, lo cual es verdaderamente excepcional. Es de hacer notar que ya en el genésico siglo XVI había ya sacerdotes nacidos acá. Podríamos afirmar que más de 160 curas han nacido en Carora, de entre los cuales destacan cinco obispos, uno de ellos candidato a subir a los altares, Monseñor Salvador Montes de Oca, asesinado por los nazis en 1944.
Pero lo que contribuyó de manera decisiva a crear una atmósfera religiosa en la ciudad del Portillo fue el preponderante papel que jugaron las hermandades y cofradías, unas estructuras de solidaridad de base religiosa, de entre las cuales destaca la del Santísimo Sacramento, fundada en 1585 por los fundadores de la ciudad. Fue un fenómeno masivo, verdaderamente popular el de las “entradas” a las distintas cofradías caroreñas. Con tal adscripción el hermano recién inscrito tenía asegurada su emergencia rauda del Purgatorio, ese tercer lugar distinto al Cielo y al infierno que no tiene base bíblica. Además, los hermanos socorrían a los cófrades enfermos, atendían a las viudas y huérfanos, lo que se constituía de tal forma en una suerte de primitivo seguro social auspiciado por la Iglesia.
Estas hermandades también poseían sus activos, unas posesiones territoriales llamadas “Haciendas de las Cofradías del Montón”, extensos parajes ubicados al oeste de la ciudad en la vía al Lago de Maracaibo. Allí laboraban unos 160 esclavos en la cría y la ganadería. En 1776 en visita pastoral a Carora el Obispo Mariano Martí, obtuvo de tales haciendas los recursos para crear las dos primeras escuelas para niños y pagar los docentes.

Ha sido, pues, la ciudad centro de un antiguo espíritu devoto, que se manifiesta en las multitudinarias semanas santas y el masivo recibimiento que se les hizo a los obispos en sus visitas pastorales. Como si todo esto no bastara, se han creado varios imaginarios religiosos, tales como el de la Virgen india de la Chiquinquirá de Aregue, la Leyenda del Diablo, y la no menos célebre Maldición del fraile.
Un rasgo social muy marcado tiene la ciudad, la existencia de una clase social dominante, de origen peninsular y canario que domina la vida económica, social y cultural hasta los días de hoy. Son los llamados “patricios caroreños”, “caras colorá” o “blancos de la Plaza”, un grupo de familias que practican una endogamia familiar y religiosa notable, las que mencionaremos seguidamente:  Alvarez, González Franco, Gutiérrez, Herrera, Meléndez, Montes de Oca, Oropeza, Perera, Riera, Silva, Yépez y Zubillaga. Este pequeño y selecto grupo de personas que ocupa el vértice de la pirámide social, no solo crea escuelas primarias, institutos de secundaria, periódicos, clubes y asociaciones, haciendas ganaderas, solventes casas comerciales, hospitales y casas de caridad, sino que también ocupan los escenarios de la religión, esto es, las vocaciones sacerdotales, las cofradías y hermanades, el culto religioso.
Los “patricios caroreños”, la expresión es de Ambrosio Perera, vivían y viven en el casco viejo de la ciudad, hoy llamada Zona de valor histórico y colonial. Los jefes de familia de este sector en un 44 % tenían ingresos superiores a 1.000 bs. y más , a lo que se agrega que era el asiento de los principales establecimientos comerciales e industriales, cuyos propietarios residen con sus familias en esta zona. En el nivel educacional encontramos que el 66 % había realizado estudios primarios, 30 % de educación secundaria o especial, y un 4 % universitarios. El resto de la ciudad no gozaba de tales ingresos y de nivel educativo. Nos estamos refiriendo a Barrio Nuevo, Pueblo Aparte, Torrellas, Trasandino y Carorita.
Es a este escenario, descrito someramente, donde son recibidas con entusiasmo y fervor la Orden de las Hermanas Dominicas de Mérida en 1944, invitadas a instalarse en Carora por este reducido número de personas, pero que tiene una gran iniciativa, así como contactos e influencias en buena parte del país. Pero son dos ganaderos de apellido Herrera Zubillaga, Teodoro y Carlos los que se muestran más animosos y decididos a darle respaldo a las Hermanas Dominicas a abrir un colegio de niñas y señoritas en Carora.
En la Levítica ciudad de Venezuela, Carora, la Congregación  fundó, como hemos dicho, el Colegio Santa Catalina de Sena en 1944, gracias a las diligencias y al aporte dinerario, entre otras personas, de Don Teodoro Herrera Zubillaga y su hermano Carlos. Luego se le colocó, en 1957, el nombre de Colegio Nuestra Señora del Rosario, Patrona de la ciudad del Portillo de Carora. Comenzó su labor pedagógica en la casa que hoy ocupa Adolfo Álvarez, en la calle Lara, esquina de la calle Ramón Pompilio Oropeza, en una casona ubicada en la actual Zona de Valor Histórico y Colonial. Un rasgo distinguía al recién fundado Colegio, el de otorgar becas de estudios a niñas de los sectores deprimidos socialmente en una ciudad en donde existía y aun  pervive de forma atenuada una separación de castas total, que bien podríamos llamar territorial, según palabras de Ambrosio Perera. El otro colegio de educación religiosa, pero masculina, se estableció en la ciudad de Carora en1951 con la llegada de los Reverendos Padres Escolapios venidos de España, quienes huían de la oprobiosa dictadura del general Francisco Franco.
 Don Teodoro era miembro de una antigua familia de origen canario, Isla Gomera, llegados a Carora en 1776. Sus padres fueron Ramón Herrera y Rosa María Zubillaga. Nació en enero de 1904. Pertenecía a la añeja Cofradía del Santísimo Sacramento, fundada en 1585; hizo sus estudios secundarios en el Colegio La Esperanza o Federal Carora, instituto que dirigía un laico comprometido, diríamos hoy: el Dr. Ramón Pompilio Oropeza; fue un hombre  de rasgos filantrópicos, pues repartía entre las familias más pobres y desvalidas carne y leche y otros alimentos. Miembro del selecto Club Torres. Era, como se verá,  un acaudalado miembro de las familias patricias caroreñas, poseedor de una probada fortuna, pues poseía la Hacienda Santa Rosa, Las Antías y el Fundo Don Benito, lugares donde se experimentó con éxito el Ganado Tipo y luego Raza Carora, Patrimonio Genético de Venezuela. Contribuyó a crear la Sociedad Regional de Ganaderos de Occidente (SORGO) en 1946. El año 1954 fue de extremada alegría en su vida pues funda en tal año la procesadora y pasteurizadora Leche Carora, al tiempo que su nombre se le coloca al Parque Ferial de la ciudad, proposición que hizo el gremio ganadero mencionado. Eran, como se notará, los años de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.
 Uno de sus numerosos hijos será Eduardo Herrera Riera, el cual se ordena de sacerdote en Chile en 1951,  ocupa funciones de párroco en la iglesia de San Juan, el obispado de Guanare, y quien a la postre será el primer Obispo de la Diócesis de Carora, creada en 1993, asumiendo  su cargo en 1994 hasta su retiro en 2003.
Inicios del Colegio Santa Catalina de Sena en Carora.
Este renombrado Colegio de religiosas venidas de los Andes venezolanos dedicado con verdadera devoción y cariño a la instrucción de niñas y jovencitas, fue fundado en Carora en septiembre de 1944, a finales de la Segunda Guerra Mundial, en los años finales del gobierno del presidente Isaías Medina Angarita (1941-1945). Fue su primera Directora en el año escolar 1944-1945 Sor Francisca Bauste, la cual fue acompañada en los inicios del colegio por otras religiosas: Sor Consuelo del Amor de Dios, Sor Caridad de San Juan Luis de Gonzaga y Sor Estela del Agnus Dei.
Al año escolar siguiente continuó como Directora Sor Francisca Bauste, acompañada de la misma plantilla inicial de religiosas dominicas. Estas empeñosas y perseverantes mujeres, guiadas por el espíritu de Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), religioso español, comenzaron a dar instrucción y enseñanzas morales a las siguientes niñas de Primer grado de educación primaria de la manera que se verá de contínuo:
Gertrudis Chávez, Alba María Chacón, Hilda Margarita González, Rosario Gutiérrez, Carmen Atala Perera, Carmen Socorro Herrera, todas caroreñas y quienes presentaron sus exámenes generales el 4 de julio de 1945, en presencia de un Jurado compuesto por Evangelina de Rosas, Petra Elíes de Alvarez, Sor Consuelo del Amor Divino, Sor Francisca Bauste, la primera Directora del Colegio.
Para presentar estas mismas evaluaciones en Segundo grado el mismo día 4 de julio de 1945, presentaron sus pruebas Ermila Alvarez, María Auxiliadora Florido, natural de Jabón, Gema Herrera, Aura Marina Oropeza, Graciela Prado, oriunda de Baragua, Josefina Rodríguez, Blanca Silva, Teresita de Sisirucá. Actuaron en esta oportunidad como Jurados Sor Francisca Bauste, Belén Alvarez Yépez, Carmen Josefina Arispe.
Para rendir exámenes de Tercer grado se presentaron las niñas Omaira Bracho, natural de San Francisco, Petra María Carrasco, oriunda de Muñóz, Blanca Elena Chávez, Ogla Franco, María Josefina González, Adela Rosa González, María Josefina Herrera, Teresita Herrera, Josefina Matute, Teresita Montero, Rosario Montes de Oca, María Margarita Oropeza, Virginia Silva. El Jurado calificador estuvo compuesto por María Lourdes Curiel, Sor Caridad de San Luis Gonzaga, Olga Castañeda (docente normalista), Sor Francisca Bauste (Directora). Esta ultima religiosa, Sor Francisca, marchó luego a Mérida, donde fue la primera Directora del Colegio Santa Teresita en 1963.
Como se habrá observado, no todas las niñas asistentes al Colegio de las Hermanas Dominicas asentadas en la ciudad del Portillo eran del linaje de los “patricios caroreños”, según la expresión del Dr. Ambrosio Perera, pues como dijimos atrás, la Congregación otorgaba generosamente becas estudiantiles a niñas y jóvenes de los sectores deprimidos y necesitados, que eran el grueso de la población.
El 15 de julio de 1945, un jurado compuesto por María de Lourdes Curiel B. (de ascendencia judía sefardita), Olga Castañeda, Sor Francisca Bauste, examinaron a las chicas de Quinto grado. Ellas son María Luisa Aponte, Olga Castillo, natural de Barquisimeto, Irma Colmenárez, María González, María Chiquinquirá Herrera, Blanca Cecilia Herrera, Amalia Rosa Oropeza, Dioselina Rivero.
Para examinar a las cursantes del Sexto grado de educación primaria se conformó el 15 de julio de 1945 un Jurado calificador integrado por el Bachiller Alberto José Quintero, egresado del Colegio Federal Carora, José A. Fuentes, Sor María Estela del Agnus Dei, Sor Francisca Bauste (Directora). Las jovencitas examinadas eran Teresita Arispe, Lucía Castillo, Josefina Franco, María de Lourdes Gutiérrez, Beatriz Herrera, Gladys Herrera, Josefa Pernalete, oriunda de Curarigua de Leal, Teresita Yépez.
Los inicios auspiciosos del Colegio tuvieron lugar en uno de los momentos más dramáticos vividos por la humanidad, el fin de la Segunda Guerra Mundial, pues la Alemania nazi se había rendido sin condición alguna en mayo de 1945 tras el suicidio de Hitler, en tanto que el presidente de los Estados Unidos Harry Truman pronto ordenaría arrojar sendas bombas atómicas sobre las indefensas ciudades japonesas de Hirosima y Nagasaki en agosto de 1945.
En Venezuela la situación política era muy tensa, pues se fraguaba contra el gobierno del presidente general Isaías Medina Angarita un golpe cívico-militar, el cual y en efecto tuvo lugar el 18 de octubre de 1945, dando lugar al llamado Trienio adeco, el cual rigió los destinos del país desde 1945 hasta 1948.











martes, 12 de diciembre de 2017

Cien años de soledad, cincuenta años

En mayo de 1967 fue publicada la novela más famosa de Gabriel García Márquez por la editorial Losada de Buenos Aires, Argentina. El autor revela que trabajó en su redacción durante año y medio en ciudad de México, y que tenía cinco largos años de infertilidad entonces. Pero esa novela no nace allí, pues es un proyecto de vida que lo acompaña desde su adolescencia, como bien señala Mario Vargas Llosa. En un pueblo de la costa Caribe llamado Aracataca nace la idea de la novela, a la que en un primer momento llamó La Casa. Esta aldea tropical es una prefiguración de Macondo, el pueblo de ficción que creara con ánimo totalizador el Gabo años después.
En esa casa vivió el niño con sus abuelos durante ocho años, a los que considera como los más importantes de su vida. Los recuerdos infantiles le permiten crear a dos personajes centrales: José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán. Un niño es conducido por la mano de su abuelo a conocer el hielo es la génesis de este relato mitológico latinoamericano. Es una imagen visual que está en todos sus relatos.
Seis generaciones de esta familia son el tiempo narrativo de la novela, atravesada por unas constantes, una de ellas central: el pecado del incesto. Esta prohibición, que es general es todas las culturas, sin embargo es violada en la novela, pues José Arcadio y Úrsula son primos y huyen por esa causa a fundar a Macondo, poblado donde el último de los Buendía nacerá con cola de cerdo por vía de una relación incestuosa.
La fundación de Macondo nos acerca a los relatos bíblicos del Éxodo hebreo y a la tragedia griega de Edipo, todo lo cual rodea al relato de una gigantesca universalidad y a unos arquetipos que se revelan en un mundo cíclico completo y a una cultura. La Biblia está allí presente para indicarnos que este  libro es el origen de nuestra cultura y de la civilización occidental, como afirma Georges Steiner tan brillantemente en Prefacio a la Biblia hebrea.
No se sabe dónde fue fundado este poblado, podría ser en cualquier lugar de Latinoamérica, y es el escenario único y cerrado donde se desarrolla toda la historia de los seres humanos, un lugar poblado de gran cantidad de personajes como salidos de una pintura de El Bosco, como señala Anna Houskova. Esta autora llega a decir que el hecho que en Macondo ocurra todo, nos acerca al Aleph de Jorge Luis Borges, pero en la novela del colombiano aquello ocurre en toda la novela. Macondo contiene a todos los lugares y es el centro del mundo ficcional.
La novela tiene una dualidad estructural, pues es por momentos una épica con su narrador omnisciente, y también novela. La soledad es un elemento en que se crea y se destruye todo. En la casa de los Buendía no hay tiempo para pensar en la felicidad ajena. La soledad, corroe a la comunidad y la problematiza, le da el nombre a la novela.
El narrador borra el límite de lo real y lo sobrenatural. La muerte le pide a Amaranta le ensarte un hilo en una aguja. Los hechos cotidianos se vuelven fantásticos, como cuando Remedios La Bella asciende a los cielos rodeada de sábanas que ha sacado asolear. Todo es hiperbólico y exagerado: la lluvia se convierte en diluvio bíblico, la belleza de Remedios, el sexo de José Arcadio, las parrandas se Aureliano Segundo. Lo mágico tiene el mismo valor que lo racional para nosotros los modernos. La razón, la causa de nuestra tristeza fundamental, como sostenía Schelling.
La atmósfera del relato es  candorosa e ingenua, como si fueran dibujos infantiles. Y todo es rodeado de una atmósfera cargada de humor, a excepción de los sucesos de violencia, en los que aparece un enfoque testimonial periodístico. El tiempo tiene un tratamiento mítico y también histórico.  Varios momentos se perciben: el primer Macondo como aldea feliz: José Arcadio en sus proyectos utópicos inspirados en el mago Melquiades. Una nueva etapa será la de las interminables guerras civiles protagonizadas por el coronel Aureliano Buendía, el primer tren lleva las maravillosas invenciones y también a los gringos de la compañía bananera, sucede la matanza de sus obreros, un hecho real que aconteció en 1928.
Con este acontecimiento se inicia la decadencia de Macondo, un mundo carcomido por la voracidad del olvido. Un mundo sin memoria va a ser borrado de la historia. El pasado épico se convierte en un mito atemporal. El primer Macondo vive un eterno presente como el mito de la creación. Esta  Edad de Oro se rompe al perder Macondo su aislamiento. Macondo es un pueblo arquetípico en el que todo debe ser inventado de nuevo. Todo tiene relación con el Génesis, el diluvio, el Éxodo, las plagas, el Apocalipsis.

Esta dimensión mítica culmina cuando Aureliano Babilonia logra descifrar los manuscritos en sánscrito de Melquiades. La historia de Macondo implica la revisión de la utopía del Nuevo Mundo, como señala Carlos Fuentes. La racionalidad malogra la utopía y lo que ha de salvar a Latinoamérica será la alternativa poética: la imaginación poética de los personajes y del autor.

Georges Steiner, imprescindible

Este genial pensador nacido en París en 1929 en el seno de un hogar judío donde se hablaban tres lenguas, se ha convertido en un pensador insustituible en la actualidad, sin lugar a dudas. Le conocí gracias a unas referencias suyas hechas por el Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa.  Su poderosa mente analítica le viene por su condición hebraica que le ha dotado de un cosmopolitismo de amplias dimensiones. Lo otro tiene que ver con su condición políglota, pues fue educado en tres lenguas maternas: alemán, francés e inglés, además domina el italiano, el griego y el latín. Ha ganado el Premio Príncipe de Asturias en 2001.
 Su especialidad es la de las literaturas comparadas, las cuales enseña en las universidades de Oxford, Ginebra y Harvard. Afirma que el lenguaje humano es imposible de definir y que la lingüística no es una ciencia como tampoco lo es el psicoanálisis. Tampoco existe un modelo único para la traducción de las lenguas, una idea en la cual choca con otro judío y lingüista genial como él: Noam Chomsky.
En 1974 publica un libro que recomiendo en mis clases de doctorado: Nostalgia del absoluto. Acá examina el declive que ha sufrido la religión en el mundo moderno, lo que llamó Weber “desencantamiento del mundo”, y el intento de reemplazarla por tres pensamientos sustitutivos: el marxismo, el psicoanálisis de Freud, la antropología estructural de Claude Lévi-Strauss.
El serio problema de las traducciones, que son siempre incompletas y parciales, la aborda en otro libro genial: Después de Babel. (1975). “En todo movimiento intelectual -afirma- va implícita la traducción, toda traducción es intralingual, interlingual e intersemiótica.” En La muerte de la tragedia (2005) examina las razones del por qué tal género literario nacido en Grecia de la Antigüedad es solo patrimonio occidental, pues en China e India no se le conoce. Perder la tragedia-advierte Steiner- es una enorme pérdida cultural que es producto del proceso de secularización que sufre el mundo moderno. “Es que no toleramos la presencia de Dios” se lamenta.
En Prefacio a la Biblia hebrea (2004) afirma con rotundidad: tal  libro Es el libro de los libros y es el fundamento central y básico de la cultura en Occidente. El Antiguo Testamento es el texto fundador de nuestra cultura, en el que el semiólogo argentino Walter Mignolo ha realizado interesantes interpretaciones sobre los descendientes de los hijos de Noé: Jafet, Sem y Cam, estos últimos condenados por Dios a la esclavitud, y por ello se fueron a vivir a África luego del diluvio universal.En 2001 se adentra nuestro autor en el serio problema de la creatividad en el pensamiento, el arte, la religión, la literatura, la historia, en Gramáticas de la creación. Allí nos dice este sabio: “La persistencia en resistirse a la nada que implica inventar lo que no es.” Y también: “Hacer surgir lo que no es, ya sea una idea, una obra de arte, una sinfonía o una pintura, es entregar una criatura en el mundo, modificarlo.”  En este extraordinario libro se hace Steiner una pregunta esencial: “¿Hay ideas originales o todo es interpretación y mimesis (remedos)  de lo ya hablado?” Este es un libro que recomiendo a mis amigos poetas, a los docentes de arte, de letras y música que acuden a nuestro Pedagógico barquisimetano a doctorarse en Cultura Latinoamericana y Caribeña.
 En un mundo cada vez más gobernado por la ciencia y por la técnica, es Steiner el representante excelente de un humanismo cada vez más raro. Y es que en las venas de la ciencia no corre verdadera sangre, nos recuerda Heidegger. Por ello Steiner es firme partidario de la unificación de las dos culturas de las que habló Snow: las ciencias y las humanidades. “Hay una profunda congruencia entre lo estético y lo matemático”, lo cual acerca su pensamiento al Nobel de química Prigogine, y en la escritura de habla castellana al físico teórico y literato argentino Ernesto Sábato, el autor de Sobre héroes y tumbas y El túnel.
Se le ha acusado de omitir la cultura en la lengua de Cervantes, lo cual no es cierto, pues le he oído decir que “La fiesta del chivo de Vargas Llosa es una de las mejores novelas que he conocido”, al tiempo que no oculta su admiración por Jorge Luis Borges.
Dejo en manos de mis lectores estas reflexiones de este gigantesco pensador vivo que sostiene con Spinoza que la creación artística y literaria necesita de la soledad, pues solo ella propicia nuestro encuentro con lo trascendente. Lo otro será la singularidad de la creación artística, reflexión en la que coincide con otro judío y critico de literatura, el estadounidense Harold Bloom, quien nos habla de “extrañeza”  de las verdaderas obras literarias

Fin milagro alemán

    Wolfgang Munchau:   Kaput. El fin del milagro alemán. Luis Eduardo Cortés Ri...