miércoles, 1 de julio de 2015

El Cantón Carora en 1830

A comienzos de nuestra vida en república y después de 20 años del muy desastroso conflicto armado, la Guerra de Independencia, el estado de Venezuela era de total postración y de ruina. Los sobrevivientes de aquella hecatombe trataban de darle a aquel naciente Estado cierta fisonomía y articulación. La capital del antiguo Cantón, Carora, contaba en esos días con una población de unas 4.500 almas y su jefe político era Manuel A. Silva, quien sus gastos cubría con 25 pesos mensuales que se pagaban de las rentas municipales. El Alcalde Primero Municipal era Agustín Zubillaga quien también ejercía el prominente cargo de Mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento, fundada en 1585; en tanto que el Alcalde Segundo Municipal era Diego Herrera. Tres ciudadanos, como se habrá notado, pertenecientes a la incipiente “godarria caroreña” de hace dos siglos. Incipiente, decimos, pues el proceso de uniones matrimoniales entre miembros cercanos de las familias godas se va a producir de forma muy intensa durante el siglo XIX, como he mostrado en mi Tesis Doctoral: Iglesia Católica, cofradías y mentalidad religiosa en Carora, siglos XVI a XIX, y que puede consultarse en internet.
Los munícipes de aquella ocasión también se extraían del “patriciado local”: José Francisco Álvarez, Ramón Montes de Oca, Ceferino Maldonado. Las funciones de Síndico Procurador General las ejercía el General José Félix Álvarez. El Secretario Municipal ganaba 12 pesos mensuales, era la única escribanía pública del Cantón, y estaba a cargo del señor Juan José María Montes de Oca. El señor Francisco Meléndez tenía el cargo de Juez Primero de Paz, en tanto que el cargo de Segundo Juez de Paz lo ejercía el señor Juan Cristóbal Carrasco. Los Comisarios de Policía eran 4 personas, a saber, Juan Bracho, Román Verde, Miguel Segovia y Demetrio Goyo , en tanto que Lorenzo Meléndez era el Administrador de Correos en aquella remota ciudad del occidente de Venezuela que fue hasta hace muy poco nuestra ciudad de Carora.
Un sueldo de 6 pesos mensuales ganaba el Alguacil Juan Luis Rodríguez, y 9  pesos mensuales  la remuneración del Alcaide de Cárcel, señor José Rafael González. Tales sueldos se extraían de nuestras muy pobres rentas municipales. En las parroquias del Cantón, como la de Aregue, el Juez Primero de Paz era José María Vásquez, en Río Tocuyo Juan José Santelíz, el de Moroturo (actual Municipio Urdaneta)  Tomás Polanco, el de Siquisique  Gerónimo Torres, en Arenales lo ejercía José Hernández, en Burere  Norberto Piñango y el Síndico Parroquial Paulino Guerrero, quien además llegaría a ser administrador de las famosas cofradías “del Montón” de Carora que tenían a Burere como centro administrativo. Este Paulino Guerrero, último mayordomo de estas haciendas de la Iglesia fue el responsable, entre otras causas, de la debacle y extinción de estas ricas propiedades esclavistas de la Iglesia Católica de Carora, pues puso a nombre de sus herederos muchas posesiones de valor y los censos de tales haciendas de cofradías.
Estas estructuras de solidaridad de base religiosa, tal como las conceptualiza el francés Michel Vovelle a las hermandades y cofradías de la Iglesia Católica, eligieron en Carora en el año 1832 como Mayordomo al Alcalde Segundo Manuel Antonio Álvarez, cargo por el que fue electo por Joaquín Oropeza, Lázaro Perera, Francisco Morillo, Manuel Oviedo, Julián Delgado, Juan T. Espinoza, el Vicario interino José María Luna, Juan Bautista Aguinagalde, J. Evangelista Álvarez y Manuel Morales. Como notario público  firma Vicente Cabrales. Estas cofradías fueron unas de las pocas instituciones que quedaron en funcionamiento luego de la muy sangrienta Guerra de Independencia, auxiliando a los pobres, enfermos y viudas. También actuaban como primitivas entidades bancarias al prestar dinero a interés, y poseían  las extensas explotaciones agropecuarias con mano de obra esclava, unos 160 negros de la etnia tare, que tenía la Iglesia de Carora en las extensas y fértiles llanuras que van al oeste de la ciudad en la actual carreta Lara-Zulia, posesiones que perdió para siempre la Iglesia a mediados del siglo XIX y que son el antecedente de las grandes explotaciones agroindustriales del presente. Es de destacar que la Iglesia Católica tuvo el mérito de haber introducido desde comienzos del siglo XVII el ganado amarillo traído por los españoles de la conquista, el cual se adaptó muy bien al clima de estas regiones y que en el siglo pasado fueron cruzadas con razas bovinas  europeas y norteamericanas por el señor Teodoro Herrera Zubillaga, para dar nacimiento al Ganado Raza Carora, de fama universal.

martes, 16 de junio de 2015

Escaneo al semiárido larense venezolano. “La historia social del semiárido está por hacerse.”

Reinaldo Rojas.
Luis Eduardo Cortés Riera.
Doctor en Historia.
El semiárido venezolano representa una proporción minúscula del territorio de Venezuela, pero ha tenido un enorme significado histórico, social y cultural para el país desde tiempos muy remotos. Digamos que desde esa partícula del nuestra geografía nacional, un 4,5 % del territorio venezolano, se han creado particulares formas de vida para enfrentar la escasez de los recursos naturales desde tiempos precolombinos hasta la actualidad, se generó desde el siglo XVI una política expansiva de conquista y coloniaje para el occidente de Venezuela que llegó incluso a Bogotá, fue el asiento de tres ciudades de enorme irradiación de la cultura de habla castellana y de un catolicismo más de naturaleza canaria que peninsular: el triángulo colonial barroco constituido por la Ciudad Madre de El Tocuyo, Barquisimeto y Carora, en donde se conformó un tipo humano de sensibilidades y expresiones particulares. Esta realidad geo-histórica se proyecta al presente, dándole a esta parte del país unas características idiosincráticas que la definen. Empleando una expresión de Mariano Picón Salas, es una zona o área cultural de acento específico y  tono particular, sobre lo cual es el  propósito aportar ideas en  este ensayo.
Darle contornos a este espacio geo-histórico ha sido el propósito de nuestros investigadores desde Francisco Tamayo en el pasado  hasta Reinaldo Rojas en el presente. Pedro Perales dice que el Estado Lara es la cuna de la economía  nacional, pues de aquí partieron rebaños a poblar  Los Llanos de ganado; la industria que fabricaba papelón, cueros, tejidos, que se exportaban a lejanas provincias como Perú y Quito.
Rafael Domingo Silva Uzcátegui en su Enciclopedia Larense, editada en  1941, hace derivar el componente cultural del Estado Lara casi exclusivamente de un reducido núcleo español, que es, a su parecer, el núcleo básico de la sociedad, sin tomar en cuenta los otros dos elementos constitutivos de nuestra cultura: lo aborigen y lo africano.
El sabio larense Francisco Tamayo, en 1952, se atreve a afirmar que en Lara se reúnen y confunden todos los medios físicos y biológicos del país, y que por ello se ha estado engendrando un tipo humano que es una síntesis humana de todo lo nacional, que es el tipo venezolano por antonomasia. En Lara nace, pues, lo nacional, lo venezolano, sentencia el sabio sanareño.
Reinaldo Rojas ha creado en el presente, 1995, la categoría de comprensión histórica Región Barquisimeto en el tiempo histórico colonial, un enfoque desde la historia social de signo Annalista aplicado a un espacio geohistórico  concreto: la Región Barquisimeto. Acá Rojas hace suyas las palabras de Acosta Saignes quien dice que “La historia del proceso de la formación de la cultura venezolana es, en parte, la historia de la indigenización y de la africanización del español en nuestra tierra.” Es decir que Rojas nos indica que nuestra cultura no es solo imposición de lo hispano sobre lo aborigen y africano, y que necesariamente  nuestra cultura del presente hunde sus raíces en la Venezuela colonial, como en su momento lo indicaron Mariano Picón Salas y Mario Briceño Iragorry.
Fue Mariano Picón Salas quien habló de la civilización del calor, de la emoción roussoniana  que ofrece la zona tórrida. La colonia venezolana en  el siglo XVIII—afirma el merideño--puede llamarse una civilización del calor. Calor seco y calor húmedo son dos connotaciones fundamentales de nuestra geografía biológica. Las tierras de calor seco—desde las islas perleras de Margarita y Cubagua hasta Coro, Carora, El Tocuyo en el Occidente, fueron tempranos centros de colonización española. Caroreños y corianos, hijos de un paisaje semidesértico, tienen fama de ser los soldados venezolanos de más aguante físico y los borricos y yeguas que llevaron allí los conquistadores proliferaban y se reproducían con mayor talla y resistencia que en sus nativas dehesas andaluzas. Al fuerte asno coriano y la mula caroreña les debe mucho nuestra vieja economía rural. Casualmente en una de esas mulas de seca tierra caliente iba montado Bolívar el día en que salió a encontrar a Morillo para el armisticio de Santa Ana, en 1820. Y durante la Colonia altos prelados y oidores del Virreinato de Nueva granada se disputaban esas mulas caroreñas, pagadas en peluconas de oro.
Al referirse a Carora y a otras zonas de calor seco, dice Picón Salas: Esas familias vascas de una ciudad de firme estirpe española como Carora --Riera, Zubillagas, Pereras, Oropesas, Aguinagalde—pueden decir si el calor hace mal a la salud y si no se daban en aquellos caserones de tres patios, familias prolíficas, gentes a quienes sólo vencía la más añosa longevidad. Otras regiones de calor seco, como la isla de Margarita, tienen la más alta densidad demográfica de Venezuela, y el margariteño—buzo, marinero, hombre de muy cambiantes profesiones—ha cumplido por todo el país (…) una ingente obra colonizadora. Ese mundo de calor seco reivindica las calumnias que se esgrimieron contra el Trópico y es, por lo menos, tan habitable como el de nuestras altiplanicies andinas.
Con tales ideas arremete Picón Salas contra el determinismo de clima y raza del positivismo decimonónico impregnado de una fuerte impronta darwiniana, quien argüía que el calor tropical era un factor de atraso y de barbarie. Fatalismo de los hechos físicos y de los fenómenos de la naturaleza. Y si hay una parte de la geografía patria que desmiente tales afirmaciones, ella es el semiárido larense, tal como veremos de seguido.

II. Un poco de geohistoria.
Ahora bien, con las herramientas de las ciencias naturales  y las experiencias en las ciencias sociales del siglo XXI, tratemos de establecer una conexión del medio físico seco y árido con su correspondiente expresión social y cultural.
Es el historiador de la Escuela de Annales, el francés Fernand Braudel quien nos habla de geohistoria, y nos convoca a plantear los problemas humanos tal como los vemos desplegados en el espacio y a ser posible, cartografiados. Propone el concepto de estructura, es decir una realidad que el tiempo tarda enormemente  en desgastar y en transportar. Piénsese, dice, en la dificultad de romper ciertos marcos geográficos, ciertas realidades biológicas, ciertos límites de la productividad, y hasta determinadas coacciones espirituales, también los encuadramientos mentales representan prisiones de larga duración. En tal sentido plantea Braudel que los historiadores debemos ocuparnos del clima, el suelo, las plantas y los animales, los géneros de vida y las actividades obreras, si se quiere una verdadera geografía humana retrospectiva.
De esa manera nos proponemos establecer un vínculo entre las condiciones geográficas del semiárido larense en Venezuela (una estructura de larga duración) y las manifestaciones sociales y culturales que en ella se han manifestado desde la noche de los tiempos.
Recordemos que las tierras áridas y semiáridas del planeta representan un 46 % de la superficie terrestre y que han sido asiento de grandes civilizaciones: Egipto, Mesopotamia, Imperio Azteca. Las tres religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo e Islam, nacieron precisamente acá.  Nosotros avanzaremos en la comprensión de las determinaciones del medio seco, vegetación rala y escasas precipitaciones que obran sobre los modos de vida y la cultura del semiárido larense y venezolano.
El semiárido larense ocupa el 45 % del territorio de esta entidad federal y está ubicado fundamentalmente en la Depresión Barquisimeto- Carora a unos 400 y 700 metros sobre el nivel del mar, se caracteriza por ser un ecosistema frágil con  escasas precipitaciones (650 mm. anuales) y altas evaporaciones altas (entre 1.600 y 1.800 mm. anuales), altas temperaturas (fluctúan entre 19 y 29 ºC), suelos areno-pedregosos y vegetación xerófita.

Este bolsón xerófilo está incrustado en la geografía del Estado Lara y es para nosotros tan identificatorio como lo es el Lago de Maracaibo para los zulianos, o los Andes para los merideños. Si bien es cierto en nuestro Estado convergen casi todos los medios físicos y tipos ecológicos: los Andes, la Cordillera de la Costa, el Sistema Coriano, los Llanos, los valles del Yaracuy y el Lago de Maracaibo, no es menos cierto que la central tierra árida le da como una cierta unidad a tan diversas geografías, las cuales hicieron hablar a Francisco Tamayo de la concurrencia larense.
En este bolsón xerófilo se ha propiciado el uso forrajero de especies nativas, se ha creado una economía campesina de forma específica basada en la captación de mano de obra familiar, unidad doméstica productiva, todo ello bajo la forma de una racionalidad ecológica de la producción campesina que refleja una particular relación naturaleza/cultura.
La ganadería caprina, como fuente principal de ingresos, se ha organizado tradicionalmente como empresa familiar. La familia de criadores es la estructura organizativa y productiva básica de la comunidad. La forma adaptativa de la comunidad es el “acoplamiento natural”, es decir el aprovechamiento de los recursos naturales por temporadas: largos veranos y temporadas breves de lluvias en abril/mayo y octubre.
Son sociedades insertas en la naturaleza, dicen Manuela B. Erazo y Rosa Garay- Flühmann ,que desarrollan un sentido integrado y no fragmentado del ecosistema De esta manera la población del semiárido larense maneja un concepto "casi sacralizado" de los fenómenos naturales. Todas estas ideas llevan a un sitio de convergencia, donde emerge la idea de que la naturaleza se encuentra por sobre la vida social, por sobre la acción humana. Las fiestas religiosas, por ejemplo, casi siempre coinciden con las estaciones lluviosas, como claramente se observa en las fiestas a la virgen de la Chiquinquirá de Aregue, Municipio Torres, en la primera semana de octubre de cada año.
Seres humanos han vivido en el semiárido larense desde hace unos 9.000 años, tal como muestran las excavaciones de La Hundición y Las Mesas. La agricultura se desarrolla durante la llamada fase Tocuyanide: 300 a.C. La vida cacical arranca en el siglo III d.C. En 1530 los alemanes observan la agricultura de riego excedentaria entre los caquetíos de Variquecemeto. Otros grupos indígenas son los ayamanes, jiraharas, gayones, ajaguas, quienes en un larguísimo proceso biológico e histórico se adaptaron de manera notable al ambiente seco.
 Cuando comienza la occidentalización del territorio venezolano con la fundacion de Coro en 1527 y que continuará con la fundación de El Tocuyo en 1545, se convierte el semiárido en el laboratorio, la despensa y el vivero humano donde se planificó la conquista de Venezuela, nos dice Tamayo.
La Iglesia Católica contrarreformista comienza a crear las encomiendas de indios en el valle de Quíbor, Humocaros, Yacambú, Sanare, Cubiro en la jurisdiccion de la Ciudad Madre; en la de Carora se fundan las de San Miguel Arcángel, Siquisique, Río Tocuyo, Curarigua, Atarigua, Los Arangues, San Francisco; en la jurisdiccion de Barquisimeto las del Valle de Ababacoa, Curato de los Ajaguas en los Valles de los ríos Claro y Turbio.
En los siglos XVII y XVIII hacen entrada las ordenes religiosas de los capuchinos con la mision de evangelizar a los aborigenes. Estos religiosos fundaran a Río Tocuyo y Duaca en 1620, Bobare en 1733.
La economía de Barquisimeto se basó en la caña de azúcar, cacao, algodón, maíz, frijoles, apio, batatas, cría de vacas y chivos. Se establecen los primeros trapiches papeloneros. En El Tocuyo se produjo harina de trigo, tejidos elaborados en los pioneros telares de algodón de América; Carora fue cuna de la artesanía del cuero y tejidos vegetales, ganadería bovina,  caprina y mular, se fabricaban hamacas, botas sillas de montar. La prosperidad de la economia se basaba en la explotación de la mano de obra esclava traida del Golfo de Guinea y de Angola.
Un crisol de razas se escenifica prontamente acá, un mestizaje bien acabado y que tuvo sus inicios en la tierra seca. Exhibe de manera predominante un color de la piel bastante particular y que los dermatólogos identifican como Tipo 3. Es una piel morena muy  resistente a los rayos ultravioleta, resistencia de la que no gozan los Tipos 1 y 2 de extracción europea, pero en el otro extremo de la tipología es de un  aguante a las inclemencias de clima que en exceso muestran los Tipos 4 y 5 de los afrodescendientes. A mi modo de ver este Tipo 3 se ha venido produciendo de forma ininterrumpida desde hace miles de años y ha tenido su magnifica resolución en el semiárido venezolano y larense en particular.

Elemento escaso, el agua ha sido factor de primer orden en la conformacion económico, social y cultural de los pueblos. Digamos que propició un sentido de cooperación humana en la obtencion, almacenamiento y uso del vital liquido con la construcción de lagunas, diques, acueductos y acequias, a los cuales debemos agregar los primitivos jagüeyes. La construccion de tales dipositivos hídricos requiere necesariamente el concurso de las comunidades cooperantes. Ese sentido de reciprocidad y correspondencia se vio reforzado por la vivencia de un catolicismo llano y elemental, igualitarista y de marcado signo mariano, que desembocó en una democrática unción religiosa, que le ha dado  compactacion social a grupos humanos dispersos en tan amplia geografia del secano. Seria impensable comprender el semiárido sin sus festividades patronales, el Velorio de la Cruz en el mes de mayo, su folklore del tamunangue asociado a la devocion de San Antonio de Padua, que es producto mestizo nacido en la actividad cañera de secas tierras situadas entre Curarigua y El Tocuyo del siglo XVIII.

     El Río Tocuyo ha sido nuestro fundamental recurso hídrico y sobre su cauce descansa la vida de El Tocuyo y su economia de la caña de azucar, Carora seria impensable sin el río Morere y sus afluentes, y la macrociudad de Barquisimeto espera ansiosa la culminación de la represa Yacambú. Otras obras hidráulicas son el Embalse Dos Cerritos, Atarigua, Los Quediches, El Zamuro, El Ermitaño, Papelón, Puricaure.
Esta racionalidad ecológica, no excenta de abusos graves, ha hecho un milagro en el semiárido: hizo posible que el Estado Lara produsca el 26% de la caña de azúcar del país en cuatro centrales azucareros, los que muelen tres millones de toneladas de caña cosechadas en 30.000 hectáreas, y que producen 183.000 toneladas de azúcar,  90% de las piñas, 31% de las uvas, cebollas en un 54%, 12% del tomate, 54% de pimentones, 100% del sisal, planta introducida desde México en 1913. A tales cultivos debemos agregar melón, lechoza, patilla, caraotas.
Un animal ha marcado honda impronta: la humilde cabra y el chivo, llamado por Chío Zubillaga “la vaca del pobre”. Ellos han generado cierto comunitarismo, pues las tierras de pastoreo son de propiedad colectiva, nos dice Luis Mora Santana. Las explotaciones caprinas son pequeñas y han creado una economia de autoconsumo que en la actualidad nos dan una excelente leccion de racionalidad economica.
      Somos una provincia gastronomica en Venezuela,  con sus contornos delimitados  que se extienden al vecino Estado Falcón. Resaltan nuestros  mondongos de chivo, res y marrano, longanizas, chorizos, lácteos con sus taparas de suero, crema, queso de tapara y de crineja, la oyeta de gallo, el lomo prensado, la tostada caroreña, las formidables ecemitas tocuyanas, nuestra bebida espirituosa emblemática extraida de una planta del semiárido: el cocuy.

III. El genio de los pueblos del semiárido.
Baluarte de la cultura, el semiárido brilla desde tiempos coloniales con los soberbios templos y conventos religiosos donde se intercambiaban ideas por medio del latín, se entonaba  música barroca. Tierra de solidas y boyantes cofradías y hermandades de la Iglesia. Cátedras latinas las hubo. Tomás Valero, tocuyano, ha sido llamado el Platón americano. Juan Agustín de la Torre, rector de la Universidad de Caracas. Dos escuelas pictóricas florecieron, una en El Tocuyo, otra en Río Tocuyo.
Los luthieres son, a no dudarlo, los mejores del país. Los Cuatros de Antonio Navarro le hicieron ganar el apelativo de El Stradivarius venezolano. En cualquier parte se puede encontrar un fabricante de banolinas, guitarras, arpas y violines de exportación.pareciera ser que el calor hace milagros sonoros con las maderas empleadas en este arte.
Tierra musical por excelencia, ha visto nacer la manifestacion folklórica más completa del país: el tamunangue. Las escuelas de música son moneda corriente con maestros destacados: Franco Medina, Rodrigo Riera, Alirio Díaz, Enma Silveira, Gustavo Dudamel. Las orquestas de renombre son la tocuyana Banda Bolívar, Orquesta Mavare. El Conservatorio de Musica Vicente Emilio Sojo es de los más destacados del país: su epitome será Gustavo Dudamel.
La imprenta llegó tempranamente a Barquisimeto en 1833, a Carora lo hace en 1875 y a El Tocuyo en 1878. Donde hay imprenta hay escritores: Idelfonso Riera Aguinagalde, José Gil Fortoul, Lisandro Alvarado, Antonio Arráiz, Julio Garmendia, Juan Oropesa, Pío Tamayo, organizador de los primeros estudios marxistas en el país, Salvador Garmendia, Guillermo Morón, Chío Zubillaga,  Luis Beltrán Guerrero, Roberto Montesinos, Pascual Venegas Filardo, Hedilio y Alcides Losada, Alí Lameda, Francisco Tamayo, Rafael Domingo Silva Uzcátegui, Pastor Oropeza, Hermano Nectario María, Carlos Felice Cardot, Lino Iribarren Celis, Héctor Mujica.
Las mujeres de la cultura han sido la animadora cultural Casta J. Riera, Taormina Guevara, Lucrecia García, Cecilia Labrador, Ana Teresa Ovalles, Milagros Gómez de Blavia, Lola y Berenice Alamo, Enma Silveira, Omaira Sequera Salas, Magdalena Seijas.
El periodismo destaca con El Eco Industrial, El Impulso, nacido en Carora en 1904, El Diario de Carora, 1919, La Quincena Literaria en El Tocuyo, 1923, Diario El Informador.
Centros educativos de primer orden: los Colegios Nacionales de Barquisimeto y El Tocuyo, Seminario Divina Pastora,  Colegio de La Concordia de Egidio Montesinos en El Tocuyo, Colegio La Esperanza de Ramón Pompilio Oropeza en Carora,  Colegio de La Salle en Barquisimeto. En el siglo XX: Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Universidad Exprimental Politécnica  Antonio José de Sucre, Universidad Politécnica Andrés Eloy Blanco. De carácter particular resuenan las Universidades Yacambú y Fermín Toro. Es muy importante el papel en la difusion de los estudios históricos y humanísticos llevado adelante por la Fundación Buría con Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas.
III. Ecumenismo del semiárido.
Escribia Francisco Tamayo en 1952 que el léxico de los larenses aparece salpicado de palabras que son verdaderos arcaismos lingüísticos. Ello revela el apego a la tradicion de la misma manera que el consumo del chimó que tiene raiz precolombina.
Pero tambien existe una vocacion universalista que se expresa ya en la Colonia. El lienzo Tocuyo se comerciaba hasta llegar al norte de Argentina, las mulas caroreñas llevaron la independencia al Alto Perú, y las cofradias de la Iglesia Católica de Carora tenían anotados hermanos del lejano Reino de Irlanda, Francia, Italia, España, Canarias, Cuba Santo Domingo y Nueva Granada. Silva Uzcátegui refiere que nuestro juego del garrote, único en Venezuela, proviene de Mauritania. La Raza Carora ha venido a fortalecer geneticamente los rebaños de bovinos de colombia y los estados venezolanos  Bolívar, Anzoátegui, Monagas, Guárico, Zulia. Es la única raza lechera del trópico en el mundo.
Parece increible que un pájaro  del semiárido cuente con más ejemplares en Europa que en el Estado Lara. Me refiero al cardenalito Carduelis cucullata , ave en cautiverio que se emplea para darle color a los canarios de Bélgica, Holanda o Francia. Llegará el día en que algunos ejemplares serán repatriados para reinsertarlos a su patio original.

En los días que corren nuestros músicos son aclamados en Sidney, Hamburgo, Aberdeen o Sao Paulo. Me refiero a los Maestros Alirio Díaz, al joven Gustavo Dudamel o a Rodrigo Riera. Somos la Raza Cósmica de la que habló en 1925 el filósofo mexicano José Vasconcelos al referirse a la enorme sensibilidad estética de los pueblos de Hispanoamérica.
Cuando los larenses nos reunimos en multitud para entonar una melodía, somos capaces de corearla de manera afinada, lo que no acontece en otras regiones de Venezuela. Es que el talento musical y melódico es parte constitutiva de nuestro ser larense que recorre el Universo entero.

III. Coda.
Si la virgen de Guadalupe es la identidad de México, como afirma Octavio Paz, bien podríamos decir que la Divina Pastora lo es la de los larenses. Una impresionante multitud de dos y más millones de almas acompañan a la virgen cada 14 de enero. No existe paralelo de tal manifestacion de fe en Venezuela. Los larenses nos vemos la cara unos a los otros ese extraordinario día. Es un sentimiento de comunidad afincado en lo visual y presencial: una multitud de la cual el individuo es parte constitutiva y que la tiene frente a sí. Es una comunidad espiritual que no está solo en la imaginación, es una presencia: un dato de los sentidos.
Barquisimeto le da sentido y direccion al Estado Lara. Es una macrociudad que de seguir su vertiginoso crecimiento demografico, pronto representará el 80 o el 90 % de la población de la entidad. Esto no es saludable ni desable, pues la urbe sufre de déficits del recurso agua muy graves. La solucion, la Represa de Yacambú espera ser terminada después de casi medio siglo de iniciada. Debemos reforzar entonces las otras ciudades y poblados del interior: Duaca, El Tocuyo, Carora, Siquisique, Quíbor.
El llamado Bolsón del Semiárido larense amplía indeteniblemente sus territorios, los cuales arrebata al resto de nuestra geografía. Esto no puede seguir sucediendo y en el futuro habrá que hechar adelante una agresiva y contundente tarea de detención de la zona árida. Ello pasa necesariamente con la conservación del Nilo de Centroccidente: el Río Tocuyo y sus afluentes. Nuestros nietos y bisnietos nos lo agradecerán.
Arnold Toynbee se refería a las virtudes de la adversidad, las que hicieron florecer magnificas civilizaciones en medios naturales desfavorables. Guardando las proporciones, es nuestro caso, pues es evidente que no hemos tenido sino escasez del recurso agua y abundantes suelos arenopedregosos. Hogaño ningún pozo petrolero se ha explotado en nuestro solar nativo. Pero somos una referencia cultural de primer orden en el país. Lara es un estado de pocas migraciones internas. Los larenses prefieren quedarse en su estado natal en donde cada 14 de enero y en torno a la virgen de la Divina Pastora nos encontramos cara a cara, un hecho sociológico insólito y original en Venezuela.


Referencias.
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Cortés Riera, Luis Eduardo. El Municipio Torres, frontera de transicion interna Falcón, Zulia, Trujillo. Disponible en internet.
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 Cunill Grau, Pedro. Geografía del poblamiento venezolano del siglo XIX. 1983. Ediciones de la Presidencia de la República, 3 vols.
 Ferrer Véliz, Edilberto y Helios de Paz y Bautista. Análisis Ambiental de la Región Centro Occidental de Venezuela. 1985. Fudeco. Barquisimeto. 257 p.
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http://www.municipiourdaneta.com/ecologiaenlazonasemiarida.php. Trabajo de Edilberto Ferrer Veliz sobre el semiárido larense.
Lafaye, Jacques. Quetzacóatl y Guadalupe. Formación de la conciencia nacional en México. 1977. Fondo de Cultura Económica. México. Pp. 350

Picón Salas, Mariano. Comprensión de Venezuela. Petroleos de Venezuela. Caracas, s/f. Pp. 352.
Querales, Ramón. (Compilador). Poesía y narraiva larense. Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto, 1991. 3 vols.
 Revista de geografía Norte Grande versión On-line ISSN 0718-3402 Rev. geogr. Norte Gd. no.50 Santiago dic. 2011 http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022011000300004 Revista de Geografía Norte Grande, 50: 45-61 (2011) TEMA CENTRAL: DESIERTO Tierras secas e identidad. Una aproximación cultural a las prácticas de subsistencia de las comunidades campesinas del semiárido. Provincia de Elqui, Chile1 Manuela B. Erazo2 y Rosa Garay-Flühmann3 3 Universidad Santo Tomás (Chile). E-mail: m.erazo@pgrad.unimelb.edu.au 2 Master of Environment, University of Melbourne (Australia). E-mail: rogaflue@yahoo.com
Rojas, Reinaldo. Historia social de la Región Barquisimeto en el tiempo historico colonial, 1530-1810. Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1995. Pp.
---------------- La economía de Lara en cinco siglos. Proinlara Ediciones-Fondo Editorial Buría. 2005. Pp. 151.
Silva Uzcátegui, Rafael Domingo. Enciclopedia Larense. Biblioteca de Autores larenses. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, 1981. 2 vols.






jueves, 7 de mayo de 2015

Andoche, una década




Visitar la morada de mi amigo Andoche en el trazado de damero del  barrio Torrellas de Carora era todo un reto a la imaginación. Para empezar no era una casa sino un conglomerado de casas. Pasillos repletos de anécdotas con retratos de gente de un tiempo inmemorial, habitaciones donde parieron decenas de mujeres con comadronas del entorno, gente de la más diversa y colorida condición se daban cita allí: orates, mercahifles y mendigos, atrás caballos y vacas en pequeños potreros urbanos, un curioso horno de barro con el piso esterado de vidrios molidos, el comedor convocaba los domingos una familia de médicos judíos sefardíes que se empujaban unos almuerzos pantaugrélicos, el sonido de las más diversas hamacas balanceándose al compas del mediodía. Pareciera el resumen de aquel barrio que nació por causa de las enfurecidas aguas del río Morere que se lanzaron sobre la parte baja de la Ciudad del Portillo en 1916.
Los viernes se impregnaba aquella mítica residencia de olores y esencias  venidos del Lejano Oriente: el agua de azahares que perfumaban aquéllos lozanas y frondosas acemitas salidas de las manos prodigiosas de la sacerdotisa del paladar de los caroreños: la  otoñal señorita Chayo Barrios. Y digo prodigiosas porque de aquellas rollizas y fortachonas extremidades salían las gallinas deshuesadas rellenas más exuberantes que podamos pensar. Sus dedos a lo Botero dejaban de ser plúmbeos dactilares para que ágiles y rápidos  horadaran la blanca carne de las plumíferas para confeccionar uno de los condumios más exquisitos que   envidiarían los emperadores del romano imperio.


Bajo ese techo y en medio de la algarabía humana podíamos empero redactar nuestro órgano literario: el periódico Yaguarahá. Todos querían participar en ese prodigio de las letras que iluminó la oquedad  y el eclipse de nuestra sensibilidad por aquel entonces secuestrada por los ventorrillos de Miami. La habitación de Andoche estaba atravesada por una colosal hamaca tan ancha como su descomunal pecho. Libros y anécdotas iban y venían: Un hombre que se quedó dormido durante semanas sobre un saco de sal dejando al pararse la forma exacta de su cuerpo grabada allí. Los preparativos para celebrar los 70 años de la forzada fundación del barrio con un palo encebado de 35 metros de altura y 17 cavas rebosantes de espumosas. ¡Realismo mágico torrellero!
Chila era la madre de Andoche y tenía una mirada tan llena de bondad que hacia florecer los semerucos de la parte de atrás con solo mirarlos. A lejanas geografías llegaba su cariño y ternura. Una vez los amigos de la universidad serrana encontraron en la maleta de Andoche unas conservitas en forma de corazón traídas de la fabulosa  Otra Banda allende al Morere río.  A su funeral  asistió medio barrio Torrellas y Carorita. Tras aquel suceso parecía como si el silencio y el sosiego se hubiesen instalado en su sarcófago poblado de jazmines blancos y escapularios bendecidos por el padre Carlos Zubillaga.  
Licdo, Alejandro José Barrios Piña, educador, historiador, periodista, locutor, Segundo Cronista de Carora

 Había varios caballeros que colaboraban con Chayo para amasar y meter a las brazas lo que sería luego el más exquisito condumio hornero de toda Carora. Llegaban en una bicicletas tan pequeñas que parecían prestadas a un espectáculo circense. Los sillines estirados daban la sensación de jirafas mecánicas en dos ruedas. De pocas palabras y miradas evasivas, comenzaban al alba su jornada para luego ofrecer panecillos y bollos de distintos tamaños y formas a una legión de gentes que entraban y salían sin tocar puertas o timbres.
Frente a la casa vivía un anciano caballero que había sido mayordomo en el viejo Colegio Federal Carora, recinto donde asistía de palto y corbata a su empleo. Nos miraba por el postigo de su habitación para pedirnos, violando la prescripción  médica que le alcanzáramos un poquito de mondongo quitándole la grasa de la superficie humeante aún. No quería despedirse de la existencia sin llevarse un clavo de olor en sus entrañas.
Un viejo Nissan Patrol era el carro a la disposición de los visitantes. Andoche aprendió a conducir en aquel esperpento de auto que comenzaba a temblar cuando superaba los 40 kilómetros por hora. Las primeras lecciones se la dio su tío por las riberas del río. Superando el vetusto dique que protege a la ciudad se le paró aquel viejo japonés en repetidas ocasiones.
El mentado  tío montó en cierta ocasión una flamante carnicería que en breve plazo hubo de bajar la Santamaría. Increpado por aquel dislate contestó con una sonrisa meliflua y sardónica: “acaso yo puse ese negocio para ponerme rico. La puse para saber quién comía carne en el Torrellas y quién no.
Eran cinco hermanos, dos mujeres entre ellos. Andoche se despidió temprano junto a sus cordiales hermanos, uno con progenie, Nacho, y el otro, Orlando, hacía vida de eremita sonriente siempre en una habitación espartana y frugal de la que apenas salía para darnos su mano generosa y gentil. El silencio que acompañaba a sus gestos me recordaba a Siddartha, el iluminado.
Mi amigo se licenció en el oficio de Herodoto en la emeritense casa de estudios superiores. Casó, siendo una pared de sordo, con una mujer de afinado timbre musical: Haydée Álvarez, sobrina de don Alirio Díaz. Tres retoños procreó con la profesora de la lengua de Shakespeare, el primero de los cuales, homónimo de su progenitor, lo sacamos de la maternidad y lo presentamos a Carora luego de subir al Cerro de la Cruz en el niponés cuatro propulsiones de mi propiedad.
Un busto a la memoria de Andoche, Alejandro Barrios, vigila altivo las procelosas aguas desbordadas de La Barranca, en donde su mirada atenta avisará si su Torrellas de siempre-- y al cual nos enseñó a amar entrañablemente-- sufrirá otra embestida de las turbas líquidas que suelen fundar conglomerados humanos salidos de la condición damnificada de sus gentes en estas tierras del semiárido venezolano.

domingo, 19 de abril de 2015

La Universidad de Los Andes y su Facultad de Humanidades y Educación en la década de 1970


La Facultad de Humanidades y Educación de esta casa de estudios emeritense recibió, así como toda la ULA y sus 11 facultades, una gran cantidad de estudiantes aventados hacia allí por el cierre por manu militari  de la Universidad Central de Venezuela  y la defenestración de su legítimo Rector Dr. Jesús María Bianco en 1970. Esa traumática experiencia se vio pronto disipada por la acogida favorable con la que nos recibió la casa de estudios merideña. El Rector de la ULA, Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, era percibido como un aval de mucha confianza para continuar estudios sin muchos contratiempos gracias a su excepcional capacidad de negociación en aquellos días cuando una arremetida sin par  por parte del régimen del Dr. Rafael Caldera sufrían las casas de estudios universitarias.

La llamada Renovación universitaria, como un eco del Mayo Francés de 1968, era ya un recuerdo lejano por aquellos tiempos. De ese movimiento juvenil apenas se veían algunos grafitis inspirados en el surealismo, tales como el de “la libertad comienza con una prohibición: prohibido prohibir”. Se había producido el repliegue de la izquierda insurreccional y nacía una nueva forma de ser socialista con el nacimiento del Movimiento Al Socialismo (MAS). La “ultraizquierda”, como era de esperarse combatió con ahínco y rudeza el socialismo de “arpa, cuatro y maraca” pregonado por el nuevo partido. El bipartidismo adeco-copeyano parecía entonces estar firmemente arraigado en el imaginario nacional.

La Escuela de Historia tenía tres especialidades: Venezuela, América y Universal, y estaba dominada por una única forma de pensamiento: el marxismo, el  que esta vez había sido reinterpretado por la chilena Marta Haernecker, una discípula aventajada de un prominente pensador, hoy caído en el olvido después de gozar de un enorme prestigio: Louis Althusser. Esta interpretación, alejada de la versión sovietizante de Marx, era del agrado de aquella Escuela que era percibida como radical de izquierda en términos generales. El libro en cuestión se llama Los conceptos elementales del materialismo histórico. No lo hemos vuelto a ver en librerías y kioskos.

Las otras escuelas de pensamiento histórico eran olímpicamente ignoradas. No se hablaba del positivismo y de los positivistas venezolanos sino para hacer referencias breves a lo equivocados que estaban. Solo Gil Fortoul y Vallenilla Lanz eran estudiados, pero como intelectuales vendidos al  gomecismo. Eso bastaba para descalificarlos intelectualmente y no se nos indicaba sus presupuestos filosóficos y de método. Lo mismo se podía decir de la Escuela de Annales francesa. No se mencionaba a Marc Bloch y mucho menos a Lucien Fevbre, a pesar de que varios profesores de la Facultad cursaron estudios en Francia. Todavía se seguían citando autores soviéticos, lo que prontamente dejó de suceder.

Las Escuelas de la Facultad funcionaban como estancos separados a pesar de estar bajo un mismo techo. Poco se interconectaban las de Historia con la de Letras. No se entendía lo fructífero de establecer un diálogo entre Novela e Historia, por ejemplo. La escuela de Letras se aferró al estructuralismo francés de Lévi-Strauss, autor que no permeaba el pensamiento de los historiadores ni a los estudiantes de Educación. Fue por intermedio de un poeta, Ramón Palomares, gracias al cual comencé a conocer al mexicano Octavio Paz. El autor de su célebre El Laberinto de la soledad aun no sonaba para el Nobel de literatura. De modo pues que la proximidad de ambas escuelas me hizo sensible y permeable al hecho literario. Allí conocí a Pound, a Neruda, a Baudelaire. Oí mencionar a la Pandilla de Lautréamont y leí pasmado Carta a la vidente de Artaud.

En la Escuela de Educación era común oír referencias a Paulo Freire y su libro más reconocido libro: Pedagogía del oprimido. El profesor Luis Bigott era por aquellos años un icono de los estudiantes orientados hacia la izquierda, quizá por aquello de su éxito editorial con El educador neocolonizado. Una experiencia de las llamadas Escuelas Libres europeas se estudiaban a través de un texto luminoso: Summerhill, una experiencia educativa fundada en el amor, el respeto y la convivencia. Pero los estudiantes de Educación salían al mercado de trabajo sin haber estudiado una especialidad concreta, biología, historia o matemáticas. Ello le creó un problema al realizar sus prácticas docentes: no sabían qué carrizos enseñar. Fue a finales de la década que nos ocupa cuando finalmente la Escuela creó las especialidades en tales ciencias.

El recientemente fallecido filósofo José Manuel Briceño Guerrero era como una suerte de árbitro intelectual de la Facultad. Los temas más difíciles, por no decir filosóficos, se le consultaban. Todos poníamos atención a sus palabras tan suaves como sabias. Era el consenso de barba, gorra y pipa. En una de sus clases me regaló América Latina en el mundo, uno de sus libros. Su esposa era una antropóloga oriunda de las islas del Caribe de nombre Jaqueline Clarac. Gracias a esta inteligente mujer conocimos a Frantz Fanon, un médico martiniqués que hizo un relato estremecedor del colonialismo francés en Argelia en  Los condenados de la Tierra. Con esta increíble  docente hice mis primeras investigaciones de campo en el cementerio Espejo de la ciudad de Mérida en torno al ánima protectora de los estudiantes allí sepultado. Fue una revelación para mí. Es reconocida  la antropóloga Clarac por sus investigaciones sobre el mito de María Lionza en la conciencia colectiva venezolana.

El economista barinés Rafael Cartay, ahora trocado en historiador de la alimentación,  me dictó la cátedra de Economía Política. Sus clases eran muy amenas y divertidas. Luego fue a Europa donde vino convencido de la necesidad explorar nuestros hábitos alimentarios. Nos topamos en Barquisimeto hace poco, donde la pedí  me autografiara su libro El pan nuestro de cada día, al tiempo que lo invité a degustar la mejor tostada caroreña del orbe en el Club Torres de Carora, corporación fundada por los godos de esta ciudad a fines del siglo XIX.

En historia del arte recuerdo con emoción al Dr. Juan Astorga, un republicano español que nos hizo amar la pintura de Cézanne y de Juan Gris. Una referencia muy especial hizo de Las damas de Avignon de Picasso, un cuadro que le abrió camino a la corriente pictórica más resonante del siglo XX: el cubismo. Recuerdo que los estudiantes de Historian le temían a este docente que enseñaba cosas muy ajenas al materialismo histórico. El historiador del arte y la literatura Arnold Hauser era el autor que mencionaba con más regularidad y su inigualable obra titulada Historia social de la literatura y el arte. Tenía un libro de su autoría que creo no se publicó jamás y que leíamos en edición de multígrafo: Génesis del naturalismo del arte en Occidente. En la actualidad y luego de su fallecimiento un museo de arte lleva su nombre en la ciudad de Mérida. El Dr. Simón Noriega dictaba la cátedra de Arte Venezolano y era una suerte de delfín del Dr. Astorga. Murió trágicamente el año pasado.

El Dr. Ernesto Pérez Baptista acababa de regresar de Europa. Nos hizo hacer, a Juan María Morales, a mi hermano Arnoldo Cortés y a mí, una larga investigación empírica en la hemeroteca de la ULA acerca de los movimientos sindicales de los sidoristas en Guayana. Luego nos invitó a abrir una escuela granja bajo su patrocinio en Nueva Bolivia, en el Sur del Lago de Maracaibo. Por la noche ascendimos al poblado andino de Santa Apolonia, pueblo que fue fundado por personas que huyeron de la Guerra Federal en el siglo XIX. Fue una bella lección pedagógica la que recibimos con este hiperkinético y simpático docente merideño.

Martín Zsinetar es caraqueño y había hecho sus estudios en la Unión Soviética. Nos dictó la asignatura Introducción a la Historia en primer semestre, y en donde comenzamos a glosar el materialismo histórico. Nos decía cosas casi increíbles, tales como que había vivido en Chipre casado con una isleña y que hizo amistad con el poeta ruso Evtuchenko. Era muy generoso con sus libros y los daba prestados a cualquiera sin anotarlos en una lista. Gracias a ello leí El mono desnudo, un éxito editorial por aquel entonces escrito por Jacques Monod. Está jubilado y se dedica con fervor  a comerciar libros usados en Mérida.

A la Facultad la visitaba siempre un memorable personaje de todos recordado. Me refiero al poeta y humorista caraqueño Aquiles Nazoa, quien dictaba unas charlas exquisitas y bellas en la biblioteca. Sus gestos divinamente teatrales eran de una naturalidad increíble. Nos dijo que todos los años componía un soneto a Mozart, y acto seguido nos recitó el de aquel año de 1975. Pocos meses después moriría en fatal accidente de tránsito en su viejo escarabajo el autor de Vida privada de las muñecas de trapo.

Con Luis Caraballo Vivas disfruté de la lectura en voz alta de los libros de Stephan Zweig, tales como Momentos estelares en la historia de la humanidad. El dramático final por suicidio en Brasil de este maravilloso escritor nos asombró sobremanera. Otro texto que nos devoramos literalmente hablando fue El derecho a la pereza, escrito por el yerno francocubano de Karl Marx: Paúl Lafargué.  En su apartamento nos reuníamos a discutir de todo un poco y de la manera más cordial y entusiasta varios compañeros de estudios. Hogaño es docente con casi 40 años de servicios en la Escuela de Historia de la ULA.

Había personajes verdaderamente estrafalarios y extravagantes. El escritor colombiano Hernando Track era uno de ellos. Los estudiantes se burlaban y le hacían rechiflas. Mi amigo y paisano caroreño, Cécil Álvarez, cargaba siempre entre sus manos Tiempo de callar, ensayos literarios de este curioso docente colombiano de la Escuela de Letras que pasaba las horas enteras hablando del existencialismo sartreano. Un profesor francés se quejó en el Consejo de Facultad que le había sido colocado una soga de ahorcado en la gaveta de su escritorio. Estaba muy alarmado aquel poco cartesiano docente del que no recuerdo su nombre pero sí su cara transfigurada por el miedo.

 El Doctor Miguel Marciales era un erudito en silla de ruedas. Un accidente automovilístico fue la causa. Su esposa siempre le acompañaba. Los más forzudos estudiantes lo levantaban para ascender las empinadas escaleras de aquellos galpones donde estaba la Facultad. Su especialidad era la literatura medieval castellana y sabía mucho sobre La Celestina de Fernando de Rojas. Cierta vez me pidió con suave voz que le mostrara mi lectura. Cuando le mostré Punto y raya sobre el plano del pintor ruso Kandinski me miró con asombro desde sus gruesos anteojos de hombre sabio y cordial. Una vez habló de las fonéticas del habla en Latinoamérica diciendo que las variantes las establecía el sustrato aborigen de cada región. Fueron unas clases memorables que yo disfruté en la vecina Escuela de Letras.

Un semestre completo dedicó el profesor  merideño Juvenal Santiago al fenómeno expansivo europeo de las cruzadas del siglo XII. Allí me familiaricé con términos como “argumentación bizantina” y la “querella iconoclasta”. Me enamoré desde entonces del Medievo y hoy sigo siendo un apasionado por este milenio de la historia europea que sigo con las lecturas de Marc Bloch y Jacques Le Goff. Se estaba doctorando “Santiaguito” entonces con una tesis titulada La ciencia en la Edad Media, tutorada por el Dr. Juan Astorga. Aprobó con honores.

Las asignaturas que provocaban terror eran dos: Estadística aplicada a las Ciencias Sociales y Morfosintaxis de la lengua castellana. Conocí algunos compañeros que debieron retirarse de la Escuela de Historia sin haber aprobado tales asignaturas. El profesor Andrés Márquez Carrero dictaba su asignatura con la Gramática de Andrés Bello entre sus manos. Decía para nuestro asombro que era un texto aun vigente. Citaba de seguido al lingüista judíoestadounidense Noam Chomsky y a Gili Gaya y su extraordinario libro Resumen práctico de gramática española. Las pruebas finales hacían temblar de espanto a muchos.

Los compañeros de estudios que recuerdo con deleite y emoción  son muchos. Me atrevo a mencionar solo algunos: Juan Pedro Espinoza, Otoniel Morales, Alí Linárez, Teresa Bianculli, Guillermo Matera, Juan María Morales Álvarez, Cécil Humberto Álvarez,  José Rosario González, Jorge Valero, Benigno Contreras, Rudi Querales, Gabriel Escalona, Luis Alejandro Caraballo Vivas, Darcy Gelambi, Yuyita Riera, el poeta Gelindo Callígaro Casasola, fallecido en primavera, Antonio Vale, quien me regaló una biografia de Bakunin escrita por E. H. Carr, el margariteño Luis Boada, Betsy Contreras, Walter Márquez, el poeta boconoense José Rodríguez, Eugenio Graterol Adames, el amigo que me condujo a Mérida en enero de 1972: Juan Hildemar Querales, Nelson Martínez, el fallecido Javier Álvarez, Rosángela Rodríguez Moreno, Coromoto Salas, Coromoto Guyón, el valerano Ramón Rivas, el nicaragüense Miguel Herrera Cuarezma, entre otros…

Mi tránsito por aquella Facultad fue más bien breve. Cuatro años no fue nada, pero a pesar de ello fue ese maravilloso recinto en donde eché las bases firmes de mi formación humanística. Quería trabajar allí, y hasta me preparaba para la asignatura Historia Contemporánea. Para ello fiché un trabajo monumental en seis tomos sobre la Revolución Bolchevique escrito por E. H. Carr: Historia de la Rusia Soviética, pero el Destino me trajo a Carora, Estado Lara, mi patria chica, no sin antes hacer un toque técnico en el Núcleo Rafael Rangel de la ULA-Trujillo que estaba recién abierto entonces.

Hoy en día siento una enorme satisfacción por haber abierto dos líneas de investigación en el Pedagógico de Barquisimeto, junto a los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas: Historia social e institucional de la educación en la Región Centro Occidental de Venezuela, con la cual han continuado un centenar de investigadores sus tesis de maestría y doctorado. La otra línea se afinca en mi interés por la psicología y la filosofía: las mentalidades religiosas.

 Ejerzo la docencia en el Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, UPEL-Barquisimeto, al lado de los doctores Josefina Calles y Reinaldo Rojas. Se me ha asignado la tutoría de varias tesis referidas a las advocaciones marianas en Venezuela. Desde 2008 soy el Cronista Oficial del Municipio General de División Pedro León Torres, capital Carora.

Esta reseña de mi fugaz pero perdurable pasantía por la Facultad de Humanidades de la ULA-Mérida la he escrito por petición de mi entrañable amigo y filósofo Dr. Pascual Mora, de la ULA-Táchira, con quien tuve el privilegio de fundar la Sociedad de Historia de la Educación en Venezuela en Barquisimeto, sede de la UPEL del Este.

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