miércoles, 25 de febrero de 2026

Lucien Febvre, legado historiográfico.

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Combates por la historia by Lucien Febvre | Goodreads

 

Lucien Febvre:

un inmenso legado historiográfico.

Luis Eduardo Cortés Riera. cronistadecarora@gmail.com

 

Hace 70 años, el 25 de septiembre de 1956, falleció uno de los historiadores más prominentes y originales del siglo XX. Había nacido el 20 de julio de 1878. Tuvo un brillante discípulo, cosa que pocas veces se dice, en Marc Bloch, un joven judío francés con el que renueva las ciencias humanas y la historia. Una sólida amistad que no tuvo exenta de algunas discordias.

El historiador británico Peter Burke en su La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales (1929-1989), nos dice que:

 Una parte extraordinaria de los escritos históricos más innovadores y más significativos del siglo XX fue producida en Francia. Buena parte de esta historia es la obra de un determinado grupo de estudiosos vinculados con la revista fundada en 1929 y conocida como Annales. (Burke, 1990, p.11)

Esta revolución historiográfica tiene sus inicios en 1900 cuando el filósofo Henry Berr, fundador de Revue de Synthese Historique, publicación en donde propone la ampliación del objeto de la historia a la sociedad, la economía y la cultura. En América se inició una discusión parecida entre historiadores. Dos prominentes historiadores alemanes intervinieron en esta discusión teórica Heinrich Rickert y Karl Lamprecht, lo cual convirtió a la Revue en un foro internacional de discusión crítica (Georg Iggers, La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales.1998, p. 36)

Ese nuevo espíritu se observa en una obra temprana de Febvre que fue su tesis: Felipe II y el Franco-Condado, defendida en la Sorbona en 1911. Una perspectiva original logra al analizar todos los elementos de la región: ríos, molinos de trigo, minas, hornos, ingresos de los señoríos, la relación entre nobles y burgueses. Un enfoque detallado y meticuloso que echó las bases de un nuevo método histórico. Las magnitudes fijas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y la historia económica medieval del país del Mosela de Karl Lamprecht (Iggers, 1998, p. 48, 49 y 50)

 Después de este inmenso logro epistémico, Febvre obtuvo varias cátedras universitarias: Dijon y Estrasburgo. En esta última ciudad, un nudo cultural franco alemán, entra en contacto con grandes pensadores de la época: el psicólogo Charles Blondel; el historiador pionero de la sociología histórica de la religión Gabriel Le Bras, el medievalista Charles Edmon Perrin, y, sobre todo el medievalista Marc Bloch, su amigo cercano y compañero en la revolución historiográfica que rompe con una tradición dominante desde Ranke.

Poco antes de fundar Annales, publica Febvre una biografía: Martín Lutero. Un destino. (1928) Un religioso dominico que nace en una Alemania despreciada por Europa, que sufre en su interior conflictos personales y persistentes miedos a la condenación eterna, lo que muchos historiadores daban por entendido. Febvre se atreve a traspasar los límites del idioma y de la nacionalidad. Lutero es presentado más como una personalidad religiosa sino una personalidad política, nos dice Leopoldo Cervantes Ortiz. (Lutero según Lucien Febvre: un destino reformador alemán según una mirada francesa).

En 1924 vio la luz un magnífico trabajo del joven Marc Bloch y que sería base fundacional de la historia de las mentalidades: Los reyes taumaturgos. Se trata de un estudio sobre el tacto real que curaba las escrófulas, influenciado por los antropólogos Lévi Bruhl y Marcel Mauss, el psicólogo social Charles Blondel y las ideas de Maurice Halbwachs sobre la estructura social de la memoria, publicado en 1925, que produjo profunda impresión en Bloch. Afirma Burke (1990, p.24) que “No parece fantástico sugerir que la idea de George Lefebvre del “gran temor de 1789” contenida en su famoso estudio debe algo al anterior estudio sobre los rumores compuesto por Marc Bloch.

 

 Sacar la historia de la rutina, abrir ir nuevas perspectivas, experiencias, métodos, derribar las barreras que separaban la historia de la antropología, sociología, lingüística, geografía. Su propósito era superar la historia centrada en los grandes personajes políticos, enfoque muy afín al positivismo decimonónico, y crear la historia de las mentalidades colectivas para superar la historia “historizante”, la que se basaba en unas aspiraciones de certeza absoluta que campeaban en las ciencias naturales y sociales del siglo XIX, un mundo conceptual que se estaba derrumbando apresuradamente entonces.

Annales, dice Iggers, (1998, p. 49) modifica el concepto de tiempo, que ya no es considerado un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Marx y Weber. Persiguen una historia cultural. Encarnan un sprit (espíritu) que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, pero que no es ninguna doctrina.

La Revista Annales, (Burke, 1990, p. 28) estuvo a punto de ser fundada poco después de terminada la Primera Guerra y se le ofreció Henry Pirenne dirigirla, quien no aceptó. En 1928 el joven Bloch retoma la idea, pero como una revista francesa. Pirenne volvió a declinar la idea de que asumiera la dirección.  De esta manera Febvre y Bloch se convierten en directores asociados.

Dice Burke, (1990 p. 28) que Annales d” histoire économique et sociale, como se llamó primero según el modelo de Annales de géographie de Vidal de la Blanche, fue planeada desde un principio para ser algo más que otra publicación histórica. Aspiraba a ser la guía intelectual de los campos de historia económica y de la historia social. La revista fue un verdadero vocero de las aspiraciones de los editores que abogaban por un nuevo enfoque interdisciplinario de la historia. El comité de redacción incluía no sólo historiadores de historia antigua y moderna sino también a un geógrafo (Albert Demangeon), a un sociólogo de la memoria ((Maurice Halbwachs), a un economista (Charles Rits), y a un especialista en ciencia política (André Siegfried, un exalumno de Paul Vidal de la Blanche)  

Burke nos dice que en el centro del grupo de Annales están Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie. Cerca del borde se encuentran Ernest Labrousse, Pierre Vilar, Maurice Alguhon, y Michel Vovelle, cuatro distinguidos historiadores cuyo compromiso con un enfoque marxista de la historia-particularmente fuerte en el caso de Pierre Vilar- los coloca fuera de su círculo interior. En el borde o más allá del borde, están Roland Mousnier y Michel Foucault. (Burke, 1990, p. 11)  

Los primeros colaboradores del primer número de la que iba a ser célebre revista, aparece en 15 de enero de 1929, son verdaderamente excepcionales: el medievalista belga Henry Pirenne (1862-1935), un intermediario importante entre la historiografía social alemana y la francesa, escribe sobre la instrucción de los mercaderes medievales; el historiador sueco Eli Heckscher, autor de un famoso estudio sobre el mercantilismo; y el estadounidense Earl Hamilton (1899-1989) , más conocido por su obra sobre el tesoro americano y la revolución de los precios producida en España, la primera gran inflación conocida en la historia.  

Febvre es autor de uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en este siglo XX: El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais (1942) Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Marc Bloch inspiran la historia de las mentalidades, perspectiva de análisis que hará eclosión en la década de 1960.

 Febvre, que era muy irritable, se molesta mucho al escuchar decir al historiador Abel Lefran que Francoise Rabelais, autor de Pantagruel y Gargantúa (1532) era un confeso ateo que quería con sus escritos socavar el cristianismo. Febvre responde que era una interpretación equivocada y anacrónica. La incredulidad era un pensamiento que no estaba al alcance de los hombres del siglo XVI, pues estos seres humanos no tenían las herramientas conceptuales ni científicas para negar la existencia de Dios. Era un siglo que quería creer.  

El libro es una gran lección de método, una lección de prudencia: “jamás tenemos convicciones absolutas cuando se trata de hechos históricos…El historiador no es el que sabe. Es el que investiga.”  También advierte sobre el mayor de los pecados, el más imperdonable que puede cometer un historiador: el anacronismo. El libro es, dice Iggers, (1998, p. 101) un ejemplo de cómo es posible aproximarse a los razonamientos de una época mediante el análisis de su lenguaje, el cual constituye su “herramienta mental” (outil mental).

Debemos penetrar, escribe Iggers, (1998, p. 56, 57) hasta las estructuras de pensamiento ocultas en el subconsciente colectivo. Esta corriente de investigación vio allanado su camino por la obra de Febvre publicada en 1942. Para responder, por ejemplo, a la pregunta de si Rabelais fue ateo o no, no son decisivas las ideas explicitas, sino el instrumental lingüístico con el que pensaban los hombres de la época. La prioridad de la lengua ya fue formulada en la obra de Ferdinand de Saussure, Fundamentos de lingüística general, publicada póstumamente en 1916.

La segunda guerra mundial distanció a Febvre y Bloch, pues Alemania nazi había invadido a Francia. Febvre quería seguir publicando Annales bajo la ocupación, a lo que se niega rotundamente Bloch, quien se alista en el ejército. Tras la derrota se une a la resistencia hasta que la Gestapo lo detiene y asesina en 1944. En esos terribles años escribe dos trabajos señeros: Extraña derrota, una relación de un testigo ocular del colapso francés, y cada vez más aislado y ansioso por las futuras perspectivas de su familia, de sus amigos y de su país, escribe un ensayo sobre el oficio del historiador, una introducción lúcida y moderada y sensata a ese tema -y continúa siendo la mejor contribución que tenemos- afirma Peter Burke, (1998, p. 33). La primera edición venezolana en 1986, con el título Apología de la historia o el oficio del historiador, se la debemos a la Fundación Buría, por feliz iniciativa de los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas.

Luego de la guerra Annales se institucionaliza. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución de la sexta sección de la École Practique des Hautes Études, institución dedicada exclusivamente a la investigación ya la formación de investigadores, que incorpora no sólo las ciencias sociales que habían sido importantes para los Annales en los primeros años, a saber, la economía, la sociología y la antropología, sino también la lingüística, la semiótica, las ciencias de la literatura y del arte y el psicoanálisis. (Iggers, 1998, p. 52)

Mientras antes de 1939 los miembros del circulo de Annales eran unos marginados, con la creación d esta nueva institución, la École des Hautes Études en Sciences Sociales, apoyada con fondos del consejo nacional francés de investigaciones científicas (CNRS), llegaron a ejercer una gran influencia en la investigación y en la asignación de plazas. (Iggers, ibíd.)

Annales, dice Burke (p. 37) había comenzado siendo la publicación de una secta herética.” Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en su conferencia inaugural Oportet haereses ese. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica de Francia. El heredero de este poder será Fernand Braudel, autor de la ciclópea obra de 600 mil palabras: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, publicada por primera vez en francés en 1949. La primera edición en castellano se la debemos al Fondo de Cultura Económica, México, 1953. La dedicatoria de Braudel dice así:

A Lucien Febvre,

siempre presente,

en prueba

de reconocimiento

y afecto filial.

 

En 1953 publica Febvre uno de sus últimos trabajos: Combates por la historia. Allí nos habla de un examen de conciencia de una historia y de un historiador. La historia no debe limitarse a estudiar el pasado, sino que tiene como objetivo comprender el presente y proyectarse hacia el futuro.

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Carora,

 Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

24 de febrero de 2026.

 

 

 

 

 

 

   

Edecio Riera, geografía sentimental semiárido larense venezolano

 

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Edecio Riera y la geografía sentimental del semiárido larense venezolano. (*)

 

Tengo entre mis manos un libro de relatos del curtido docente y animador de la cultura Edecio Riera, quien me los hace llegar para que lo prologue, un reto que asumo con inmenso gozo y placer. Tiene un título admirable: La metamorfosis y sus travesuras, una novela corta dividida en varias partes.

Se trata de un maravilloso viaje por la memoria individual y colectiva de los seres humanos que habitan el semiárido larense venezolano que tiene varios hilos conductores que van de la realidad a la ficción.

El primero es la geografía del semiárido larense, un lugar de la memoria llamado La Otra Banda, de donde es originario Edecio Riera, docente de educación `primaria. Tierra semiárida, hosca y difícil, que ha hecho a sus moradores ingeniosos en el trabajo de la supervivencia con escasas humedades y aguas. Es una particular geografía que ha propiciado lo que he llamado “genio de los pueblos del semiárido.”

Le sigue como conexión el vuelo de las mariposas, que son unos hermosos insectos migratorios que nos llevan a recorrer esa tierra mágica otrabandina, posándonos con ellas y despegando a la búsqueda de nuevos asentamientos humanos con curiosos nombres indígenas. Creo que es la más original propuesta literaria de mi amigo y colega.

Estos coloridos lepidópteros encarnan la imaginación creativa del escritor y nos conducen a parajes con nombres que rayan en lo insólito: El Collón, El Cardonalito, El Papayo, Jebe Tuerto, La Majada, El Alemán, La Candelaria. El polen y la música del inmortal Ludwig Van Beethoven alzan su vuelo en las patas de estos magníficos insectos, que son responsables en gran medida de la resurrección del semiárido, un ciclo eterno en clave de Sol anterior a los seres humanos y que nos sobrevivirá. En alas de ellas hacemos un fantástico recorrido por el “vasto erial caroreño”, tal como lo nombra Chío Zubillaga, y sus inmensidades de estío que han alumbrado a Venezuela y el mundo con su genésica y profunda genialidad.

Esta migración de los gráciles lepidópteros la traslada ingeniosamente Edecio a una migración humana poco estudiada, la que se produjo en Venezuela a principios de la centuria pasada cuando del vientre de la tierra emergió una descomunal riqueza petrolera que despobló a caseríos y pueblos agrícolas del país.

 La pedagogía de aula y de sus entornos conduce la narración. No podía ser de otra forma, pues su autor es un curtido docente de escuelas primarias en el medio rural del Municipio Torres. Tuvo la increíble audacia de inventar un método para enseñar a leer de manera lúdica y entretenida a los infantes hace unas décadas. La narración sale y entra del estrecho recinto escolar para desplazarse y recorrer una geografía difícil y calenturienta salpicada de héroes mitológicos y leyendas ficcionales y mágicas. Todo cabe en esa interesante propuesta pedagógica y literaria, desde la sequía, Simón Rodríguez, el folklore, Alirio Díaz, hasta la Escuela Artesanal Raimundo Pernalete y sus docentes, el Libertador Simón Bolívar. Es la fecunda metamorfosis, una migración del recuerdo y la memoria del escritor y docente que habitan en un mismo pecho.

El maravilloso proceso natural de la metamorfosis continua en el relato de Edecio y va a parar a las aulas de clases de la Escuela Artesanal Raimundo Pernalete de Carora. Allí nos enseña “Decho” que la metamorfosis es palabra polisémica y de usos múltiples: todo cambia, todo se transforma, un proceso sin fin que envuelve a la naturaleza y el pensamiento humano. Ya en la Antigüedad Heráclito la ve como ley fundamental del Universo, y hace un siglo, Franz Kafka le da dimensión literaria a su cuento más famoso cuando Gregorio Samsa despierta convertido en un insecto.

Estos magníficos insectos que son las mariposas inspirarán una película española extraordinariamente sensible: La lengua de las mariposas (1999). Un anciano docente enseña a su discípulo infantil los cambios de la madre naturaleza, film que me vino a la memoria mientras leo las páginas del relato del músico y docente que es Edecio que hace de los lepidópteros la trama argumental del desarrollo de su narrativa, la que no deja de producirnos evocaciones macondianas, y que nos conectan con el folklore venezolano plagado de evocaciones de tan hermosos insectos tropicales.  

Las mariposas, y otro insecto igual de matamorfoseador, las cigarras cantarinas, le dan nombre a la antigua ciudad del semiárido venezolano llamada desde el genésico siglo XVI Carora. Este insecto permanece dormido durante años en una suerte de hibernación tropical a la espera de una oportunidad para rencontrarse con la vida del vasto erial, una intensa metáfora que nos domina.

Edecio nos muestra excelentemente en su relato pedagógico y mariposil, un encuentro feliz con lo que recientemente se ha dado en llamar una geografía del sentimiento, una geografía cálida y sentimental donde el paisaje es una referencia emocional de primer orden, nos dicen Yi Fu Tuam y Pedro Cunill Grau. Esa calenturienta porción del territorio de Venezuela es colocada a vuelo de mariposas en el corazón de sus discípulos y alumnos del semiárido, un aprendizaje indeleble y permanente.

La “dormancia” de los seres vivos, vegetales y animales, en un eterno renacimiento que tiene lugar en ese fantástico “lugar de la memoria” que es La Otra Banda caroreña, sitio de escasas vegetaciones, aguas y nubes, pero que ha poblado desde sus tunales, aljibes y casas de torta a la nación venezolana de inmensos referentes culturales que van de la primordial alfarería de Camay prehispánico hasta los versos de Alí Lameda, la prosa de Juan Páez Ávila y las estrofas rítmicas de Alirio Díaz.     

Mi amigo y colega educador Edecio Riera ha dicho de forma magistral de otra manera la misma idea que me corroe desde hace algunos años: el genio de los pueblos del semiárido larense venezolano. Establecer la manera cómo una geografía difícil, de una tierra agria y sin jugo, ha impulsado y ha creado a una comunidad humana que ha sabido domar la naturaleza y producir un prodigioso talento literario y musical sin parangón en nuestro país.

Mis felicitaciones al docente de aula, músico y animador cultural que es Edecio Riera, al ver impresas sus meditaciones sobre la “intrahistoria” de un mundo colocado al borde de la insolación y la sed, pero que ha sabido renacer incesantemente desde los albores de la historia, una renovación que no tendrá término jamás, un Absoluto en la cual entró en contacto el sacerdote croata Carlos Dovocik Pascko en esas yermas, desoladas y silentes tierras semiáridas occidentales venezolanas.  

 

 

(*) Luis Eduardo Cortés Riera. Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña, UPEL, Barquisimeto, Venezuela. Cronista de Carora. Miembro de la Fundación Buría.

 

Carora,

Estado Lara,

República Bolivariana de Venezuela,

2 de febrero de 2026.

 

  


Annales, un sprit, una actitud

 

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Annales, una actitud, un sprit.

 

Luis Eduardo Cortés Riera.

cronistadecarora@gmail.com

 

No somos una escuela, dicen los annalistas, somos una actitud, un sprit, un espíritu. Fundada en 1929 la revista Annales en Estrasburgo, Francia, por Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929, con ellos se modifica el hacer histórico que dominaba desde Leopold Von Ranke. Su origen debe buscarse, dice Georges Iggers, en una obra escrita 17 años antes que la fundación de la revista Annales: El Franco Condado bajo Felipe II, que sale de la pluma de Febvre en 1912. Se trata de una historia exhaustiva de una región basándose en el análisis cuidadoso de fuentes no solo políticas, sino también económicas, religiosas, literarias y artísticas. Fue influido por Vidal de la Blanche e introduce el peso de las representaciones mentales, un matiz innovador que conducirá a Annales a perseguir una historia cultural, con lo cual se colocan más allá de la historia social moderna.

Los antecedentes de Annales pueden rastrearse al año 1900 cuando hubo una intensa discusión sobre el método en la Revista de Ciencia Histórica, liderada por el filósofo Henry Beer. Las magnitudes físicas que hasta entonces habían desempeñado un papel tan importante, el estado, la economía, la religión, la literatura y las artes, pierden sus límites y autonomía y se convierten en áreas parciales dentro de una cultura que lo abarca todo, un enfoque antropológico que incluye toda la población, no como estilo ideológico y estético de una alta capa social.

 

Ellos modifican radicalmente el concepto de tiempo, el que ya no es considerado como un movimiento unidimensional del pasado al futuro, tal como lo consideraban no sólo Ranke, sino también Karl Marx y Max Weber. Esta modificación radical de la temporalidad se la debemos a la influencia de los físicos Max Plank y Albert Einstein, quienes volvieron añicos y para siempre la temporalidad newtoniana a comienzos del siglo XX.

“No somos escuela, sino un sprit que invita a buscar nuevos métodos y enfoques de investigación, sin conformar una doctrina”. La praxis prevalece claramente sobre la teoría, pero la praxis incluye importantes presupuestos teóricos: la historia social, historia de las mentalidades, la larga duración braudeliana, estructura y coyuntura.

Lucien Febvre y Marc Bloch, agrega Iggers, han seguido atentamente la historiografía social y económica alemana. Bloch estudió en 1908 y 1909 en ese país. Existen paralelismos entre el libro de Febvre sobre el Franco Condado y el país de Mosela de Lamprecht: a ambos interesaban los modos de pensar y de comportarse dentro de una determinada región, evitando el determinismo geográfico, siguiendo a Vidal de la Blanche.    

          Annales debe mucho a la sociología de Durkheim, quien quería transformar a la sociología en una ciencia rigurosa, lo que significaba matematización.  La conciencia colectiva es el objeto central de una ciencia de la sociedad: normas, costumbres, religión. Bloch y febvre conceden gran importancia a las estructuras anónimas, la vida sentimental, la mentalidad colectiva, con lo cual construyen una antropología histórica. Este novedoso enfoque se observa en El Franco Condado (1912) de Febvre y en Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch, referido a las artes curativas de los reyes ingleses y franceses durante un largo periodo temporal.

Este par de magníficos historiadores, protagonistas de la Revolución historiográfica francesa, nunca pusieron en duda de que la historia es la ciencia central del hombre. Para ello anularon los límites entre las disciplinas parciales, esto es antropología, lingüística, sociología, psicología, semiótica, psicoanálisis, ciencias de la literatura y el arte, economía, “los pequeños jardines.”.

Ellos, desde sus cátedras de Estrasburgo se enfrentaron a la Sorbona en París y su modo tradicional de hacer la historia que representaban Charles Seignobos y Charles Langlois, autores de una obra de marcado carácter positivista: Introducción a los estudios históricos, una historia lineal y política de los grandes hombres. Annales nace enfrentando a este tipo de historia que silencia las mayorías, el pueblo.

Más tarde las cosas cambiaron por completo con las grandes obras de Bloch, Febvre, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie, Robert Mandru, Michel Vovelle, Francoise Furet. Estos autores lograron, escribe Iggers, lo que otros autores alemanes y franceses no conseguían, a saber, el unir la cientificidad rigurosa con la buena literatura y ganarse la aceptación de un amplio público. 

 

 Después de ser unos rebeldes, Annales se institucionaliza al finalizar la segunda guerra mundial. En 1946 fueron integrados a una poderosa institución francesa: la Escuela Práctica de Altos Estudios, institución fundada en 1868 que no ofrecía carreras normales, sino que estaba dedicada exclusivamente a la investigación y a la formación de investigadores, algo parecido al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Estados Unidos.

 

Esta institucionalización tuvo resultados contradictorios, dice Iggers. Favoreció la investigación interdisciplinar y, con ello, una nueva receptividad. Hizo posible el trabajo en equipo y proyectos coordinados con la ayuda de medios electrónicos en el tratamiento de los datos, que le conferían un matiz de cientificidad.

Annales había comenzado, escribe Peter Burke, siendo una publicación de una secta herética. “Es necesario ser herético”, declaraba Febvre en sus conferencias. Sin embargo, después de la guerra la revista se trasformó en el órgano oficial de una “iglesia ortodoxa”. Con la dirección de Febvre los revolucionarios intelectuales lograron hacerse cargo de la posición histórica oficial en Francia.

El problema de la incredulidad en el siglo XVI. La religión de Rabelais, escrito en 1948 por Febvre, es, afirma Burke, uno de los trabajos de historia más fructíferos publicados en el siglo XX. Junto con Los reyes taumaturgos (1924) de Bloch y el artículo de Lefebvre sobre las multitudes: El gran miedo de 1789, (1932), este trabajo inspiró la historia de las mentalidades colectivas a la que tantos historiadores franceses se entregaron a partir de la década de 1960.

 

          Después de la guerra, Febvre tuvo su oportunidad. Fue invitado a organizar una de las principales instituciones del sistema francés de educación superior: la Escula Practica de Altos Estudios, también fue delegado de su país en UNESCO, encargado de la organización de un multivolumen: Historia Científica y Cultural de la Humanidad. Todas estas actividades le impidieron realizar uno de sus más ambiciosos proyectos: Pensamiento y creencias occidentales desde 1400 hasta 1800, la Historia del libro impreso y sus efectos en la cultura del Renacimiento y la Reforma, El Ensayo de psicología histórica, Introducción a la Francia moderna, que fueron terminados por sus discípulos. El heredero de este poder será el “hijo” de Febvre, el joven Fernand Braudel.

Fue en un campo de concentración nazi donde a Braudel se le ocurre la idea de la larga duración, uno de sus conceptos clave. Una vez terminada la guerra escribe su obra fundamental en dos gruesos volúmenes:  El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, fue editada en francés en 1949. En el prólogo a la primera edición francesa nos dice Braudel:

“El Mediterráneo no es siquiera un mar; es un complejo de mares; y de mares salpicados de islas, cortados por penínsulas, rodeado de costas ramificadas. Su vida se haya mesclada a la tierra, su poesía tiene mucho de rústica, sus marinos son, cuando llega la hora, campesinos como hombres de mar.” 

Esta gigantesca obra braudeliana tiene una estructura tripartita: «cada una de las partes es un intento de explicación de conjunto»: la primera parte es una historia casi inmóvil, la historia del hombre en sus relaciones con el medio que le rodea, historia lenta en fluir y transformarse, una historia casi situada fuera del tiempo. No es una de las tradicionales introducciones geográficas de los estudios de historia.

Por encima de esta historia inmóvil se alza una historia de ritmo lento, parte segunda: la historia estructural, una historia social, la historia de los grupos y las agrupaciones humanas, un estudio de las economías, los Estados, las sociedades y civilizaciones, fuerzas profundas que entran en acción en los complejos dominios de la guerra.

Finalmente, una tercera parte, la de la historia tradicional, cortada a la medida del individuo, la historia de los acontecimientos, la agitación de la superficie, una historia de las oscilaciones breves, rápidas y nerviosas, la más apasionante y rica en humanidad, y también la más peligrosa.

Así, es una obra estructurada en la dialéctica espacio-tiempo (historia-geografía), una historia a cámara lenta que permite descubrir rasgos permanentes, que es la justificación original del libro, toda una novedad, con escasísimos antecedentes dignos de hacer mención.

Es una labor de síntesis que provoca una nueva ola de investigaciones especializadas, tales como Jean Delumeau, Pierre Vilar, Emmanuel Le Roy Ladurie, Vicens Vives, Alphonse Dupront, Pierre Chaunu, Julio Caro Baroja, Jacques Heers, Ruggiero Romano, Iorjo Tadic, Carlo Cipolla, Frank Spooner, entre otros.

Braudel es sin duda, escribe el mexicano Carlos Aguirre Rojas, una referencia obligada cuando se abordan temas relativos al desarrollo de la ciencia histórica de los tiempos actuales. Su copiosa y profunda huella en el quehacer profesional de los historiadores, hacen de su nombre un paradigma que desde hace medio siglo está impactando a las ciencias sociales, antropólogos y desde luego, para los historiadores.

Dice Georg Iggers que “pese a la atención que han recibido en el ámbito internacional, los Annales no ha dejado nunca de ser un fenómeno específicamente francés, profundamente arraigado en las tradiciones científicas francesas. Pero como modelo a seguir para hallar nuevos caminos en la investigación histórica de la cultura y de la sociedad han ejercido una gran influencia internacional.”

En Venezuela, mi país, han sido mis mentores, Dr. Federico Brito Figueroa y Dr. Reinaldo Rojas, quienes, en el interior del país, en Barquisimeto, han creado una comunidad de discurso en torno a la Escuela de Annales, única en su tipo, que ha dado muestras palmarias de un impulso investigativo formidable. Me precio gratamente de pertenecer a esta fértil comunidad de pensamiento nucleada alrededor de la Fundación Buría.  

 

Referencias:

Aguirre Rojas, Carlos. (1997) Braudel a debate. Fondo Editorial Tropikos, Fondo Editorial Buría. Caracas, Barquisimeto, Venezuela.

Braudel, Fernand (1987) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. México. Dos tomos.

Burke, Peter. (1990) La revolución historiográfica francesa. La Escuela de los Annales: 1929-1989. Gedisa, Editorial. Barcelona.

Iggers, Georg. (1997) La ciencia histórica en el siglo XX. Las tendencias actuales. Idea Books, S. A. Barcelona.

 

Carora,

Estado Lara,

 República bolivariana de Venezuela,

domingo 25 de enero de 2026.

 

 

 


Gloria Andalzúa, la prieta

 

Gloria Evangelina Anzaldúa: La Prieta.

Lo que me faltaba de blancura,

tenía de inteligencia.

Luis Eduardo Cortés Riera

 cronistadecarora@gmail.com

 

Gloria Evangelina Anzaldúa nació en Texas en 1942 y tenía claros antecedentes étnicos indígenas mexicanos. Cuando viene a la vida su abuela Locha la revisa bien buscando la “mancha negra” que delata el origen aborigen mesoamericano, un estigma biológico social que la condena en aquel mundo anglo patriarcal, blanco y supremacista.

Valle del Río Grande, cerca del Golfo de México que hoy le quieren cambiar de nombre, justo en el borde, extremo sur de Texas, fue el cruel escenario de su infancia y adolescencia que eventualmente la impulsaría a ser académica, activista, poeta, feminista y filósofa de la chicanidad o cultura mexicoestadounidense, el 9% de la población de Estados Unidos, es decir unos 37 millones de personas.  

 Logró realizar con gran éxito una educación universitaria, a pesar del racismo, sexismo y otras formas de opresión que experimentó en su vida como tejana de séptima generación y guadalupana hasta la raíz. Recibió su grado en la Universidad de Texas-Panamericana y su maestría de la Universidad de Texas en Austin. Pero se había formado en la praxis definitiva del aula como maestra de educación primaria. Tejana de séptima generación que debió vencer múltiples obstáculos para lograr reconocimiento.

Poco antes de morir en Santa Cruz, California, en 2004, recibe su título de Doctora en literatura comparada, esta nieta de una curandera indígena, lesbiana de condición que escribió excelentes libros de cuentos para niños desde la herida de la frontera. Fototipo tres, tejana de séptima generación exhibía Gloria Evangelina, ni tan blanca ni tan oscura de piel, rasgo muy mestizo, mejor adaptado al clima de los trópicos.

Atraída por la libertad de pensamiento se muda a California, sigue escribiendo, consigue empleo en la Universidad Estatal de San Francisco, Universidad de California, y la Universidad Atlántica de Florida. Se le considera una de las teóricas de la Chicanidad, empleando el termino mestizaje. Una auténtica teoría chicana, su gran aporte a las ciencias sociales. Los chicanos no deben separarse del resto de la sociedad, sino integrarse a ella sin complejos, ideas que expresa magistralmente en La conciencia de la mestiza.

Hizo gran amistad con la escritora Cherríe Moraga, nacida en 1952, lesbiana como ella, y que escribió hermosos poemas lesbianos cargados de politización. Ambas aportaron ideas al feminismo poscolonial, un feminismo que va más allá de la mujer blanca de origen europeo y que alcanza a las mujeres negras, indígenas y chicanas. Un feminismo del tercer mundo. El separatismo de los chicanos debe ser combatido, argumentaban ellas con pasión.

Gloria fue capaz de retar el pensamiento binario de occidente. Creó nuevos ángulos de visión en medio de conflictos de identidad. Retó el pensamiento binario al crear un feminismo postcolonial: la New Mestiza. La trasformación del feminismo debe asumir la contradicción, la alteridad y la diferencia como fundamento del feminismo.  La forma que adopta el pensamiento occidental es binaria, es decir que se encuentra constituida por dos categorías exclusivas y excluyentes, por pares antagónicos, por polos opuestos. Binaria asimismo es la construcción de las identidades en Occidente, sean éstas identidades de género, de clase, étnicas o políticas. O los opuestos.

Gloria se coloca entre los autores que aportaron elementos para la deconstrucción del binarismo occidental, dice Eugenia Fraga. El teórico poscolonial indio Homi K. Bhabha, la antropóloga feminista argentina Rita Laura Segato, el feminismo paritario indígena andino de Rosalía Paiva, que delinearon, a nuestro entender, posibles salidas a esta cosmovisión identitaria, muy especialmente a través de sus conceptos clave de 'hibridez', pluricultura', 'paridad' y 'mestizaje'.

Gloria Evangelina Andalzúa invoca lo que llama la New Mestiza, una persona que conoce sus conflictos de identidad y usa nuevos ángulos de visión retando admirablemente el pensamiento binario de Occidente. Asumir la alteridad y la diferencia es el fundamento del feminismo: un feminismo postcolonial. Ella insistió hasta su deceso que el separatismo invocado por los chicanos no los ayudaba a mejorar, más bien ayudaba a mantener una odiosa división racial estancada en un mismo lugar.

 

Era una mujer muy espiritual en medio de un mundo materialista y blanco. Su abuela era curandera, siempre invocaba a la virgen mestiza, la virgen de Guadalupe. La espiritualidad debe acompañar a la política para lograr un cambio revolucionario, decía esta mujer que se ha convertido en referente del lesbianismo chicano.

“A todos los mexicanos a ambos lados de la frontera”, era su lema de trabajo intelectual. Gloria tuvo a deidades mesoamericanas como inspiración: Coatlicue, Chiualtlyotl y Malitzin como inspiradores de sus trabajos. Su concepto de autohistoria nace fuera de las aulas universitarias. Quiso hablar, como Carlos Fuentes, de la herida abierta que es el Río Bravo. Para ello se valió de la música de Los Tigres del Norte, y el cine de Ismael Rodríguez.

 

Fue ella una de las pocas lesbianas y escritoras que gana los premios Before Columbus Foundation American Book Award, The Lambda Lesbian Small Book Press Awaed, National Arts Fiction Award y National Endowment of the Arts Fiction Award. Es una de las escritoras olvidadas dentro de la Teoría Queer: la heterosexualidad no debe ser obligatoria.

En su Tesis Doctoral, presentada días antes de su muerte en 2004, nos dice que existen ocho variedades diferentes de lenguas habladas por los chicanos/os, incluyendo:

1.  Inglés estándar

2.  Inglés obrero y de jerga

3.  Español estándar

4.  Español mexicano estándar

5.  Dialecto del español del norte de México

6.  Chicano español (Texas, Nuevo México, Arizona y California tienen variaciones regionales)

7.  Tex-Mex

8.  Pachuco (llamado caló)

 

Y fue la lectura ocasional de una novelita de vaqueros del autor español Marcial Lafuente Estefanía, como descubre una otredad esencial:

“Un día cuando tenía siete u ocho años, mi papá dejó caer en mi regazo una novelita de vaqueros del oeste de 25 centavos, el único tipo de libro que él podía conseguir en la botica. El acto de leer me cambió para siempre. En las novelas de vaqueros que leía, todos los empleados, los villanos y las cantineras eran mexicanos. Pero yo sabía que los primeros vaqueros fueron mexicanos, que en Tejas éramos más numerosos que los anglos, que las estancias de mi abuela fueron robadas por el anglo voraz. Sin embargo, entre las páginas de estos libros, tanto el mexicano como el indio eran bichos. El racismo que después reconocí en mis maestros y jamás podría ignorar, lo encontré en la primera novela de vaqueros que leí.”

Desde muy joven, siendo huérfana de padre y prieta de color, nos dice:

 "Machona, india ladina" me llamaba mi mamá porque no me comportaba como una buena chicanita se debe comportar: después, con el mismo aliento me alababa y me regañaba, a menudo por la misma cosa -ser marimacho y andar con botas, no tener miedo de las víboras ni de las navajas, demostrar mi desdén hacia los roles de las mujeres, partir para la universidad, no hacer hogar ni casarme, ser una política, estar del lado de los campesinos.' Aun a pesar de que ella trataba de corregir mis humores más agresivos, mi madre secretamente estaba orgullosa de mi terquedad. (Algo que nunca admitirá.) Orgullosa de que había trabajado para asistir a la universidad. Secretamente orgullosa de mis pinturas, de mi escritura, aunque mientras tanto se quejaba porque yo no ganaba dinero con eso.”

Poco a poco comienza a descubrirse muy inteligente y poseedora de una identidad sexual “rara”, diferente:

“A través de los años, los confines de la vida agraria y ranchera empezaron a enfadarme. El rol tradicional de la mujer era una silla de montar que yo no me quería poner. Los conceptos "pasividad" y "obediencia" rastreaban sobre mi piel como espuelas y "matrimonio" e "hijos" me hacían embestir más rápido que las serpientes de cascabel o los coyotes. Empecé a usar botas y pantalones de mezclilla de hombre y andar con la cabeza llena de visiones, con hambre de más palabras y más palabras. Despacio, dejé de andar cabizbaja, rechacé mi herencia y empecé a desafiar las circunstancias. Pero he pasado más de treinta años desaprendiendo la creencia inculcada en mí que ser blanco es mejor que ser moreno -algo que alguna gente de color nunca desaprenderá. Y es apenas ahora, que el odio de mí misma, el que pasé cultivando durante la mayor parte de mi adolescencia, se convierte en amor.”

 

 

Una cruel enfermedad asociada a la diabetes va minando su preciosa vida lentamente:

“Como le doy la espalda a este viaje infernal por el cual la enfermedad me ha hecho pasar, las noches alquímicas del alma. Desgarrada de pies y cabeza, apuñalada, asaltada, golpeada. Me arrancaron la lengua (español) de la boca, y me dejaron sin voz. Me robaron mi nombre. Me chingaron las entrañas con el cuchillo de cirujano, y echaron el útero y ovarios en la basura. Castrada. Me apartaron de los míos, me aislaron. Me chuparon la sangre-vida por mi papel de mujer criadora -la última forma del canibalismo.”

Y observen la manera como se define a sí misma la “Prieta” Gloria Evangelina Anzaldúa:

“¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentarán y a cada pequeño pedazo le pondrán una etiqueta. ¿Me dices que mi nombre es la ambivalencia?”

De esta manera se refiere ella a la psicología borderline, los que no son de allá ni de aquí, una psique repartida entre John Wayne y Pedro Infante:

“Somos los grupos raros, la gente que no pertenece a ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura. Todos juntos abarcamos tantas opresiones. Pero la opresión abruma dora es el hecho colectivo que no cuadramos, y porque no cuadramos somos una amenaza. No todos tenemos las mismas opresiones, pero tenemos empatía y nos identificamos con las opresiones de cada uno. No tenemos la misma ideología, ni llegamos a soluciones semejantes. Algunos de nosotros somos izquierdistas, algunos somos practicantes de la magia. Algunos de nosotros somos ambos. Pero estas afinidades distintas no se oponen. En el mundo zurdo yo con mis propias afinidades, y mi gente con las suyas, podemos vivir juntos y transformar al planeta.”

Y con estas palabras que pretenden como derribar el muro fronterizo entre México y los “anglos”, exclama:

“Esos movimientos de rebeldía que tenemos en la sangre nosotros los mexicanos surgen como ríos desbocanados en mis venas. Esos movimientos rebeldes que nosotros, los mexicanos, tenemos en la sangre, recorren mis venas como ríos desbordados.” 

Apenas es necesario decir que el fértil y muy original pensamiento de Gloria Evangelina Anzaldúa está cruzado por las ideas de dos eminentes mexicanos: el filósofo Samuel Ramos y el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz. Es continuación crítica de dos de sus obras: Perfil del hombre y la cultura en México (1934) de Ramos, y también El laberinto de la soledad (1950) de Octavio Paz. Yo agregaría que en el pecho de Gloria Evangelina anida perfectamente el “principio de compartimentación” del antropólogo francés Roger Bastide (1898-1974), pues su psique está repartida entre la Virgen de Guadalupe y Karl Marx.     

 

Carora,

Estado Lara,

 República Bolivariana de Venezuela,

 15 de febrero de 2026.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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